¿Existe una sustancia que te convierte en zombi?

Para convertir a una persona en un zombi los sacerdotes vudú de Haití utilizan una pócima llamada coup de poudre que se aplica de manera tópica e inducía ese estado de no-muerto.

 

El 2 de mayo de 1962 Clairvius Narcise moría en el hospital Albert Schweitzer de Haití. Su muerte, causada por la desnutrición y acompañada de fiebre alta, fuertes dolores y problemas respiratorios, fue certificada por dos médicos del hospital. Una de sus hermanas, Angelina, identificó el cuerpo y la otra, Marie Claire, autentificó el certificado de muerte poniendo su huella digital. La familia enterró a Clarivius en un pequeño cementerio de l’Estere. Ahí habría acabado todo y no hubiéramos sabido de la existencia de este hombre, como de tantos otros millones de personas que mueren cada año, si no fuera porque 18 años más tarde, en la primavera de 1980, se le vio en el mercado de su pequeño pueblo semidesnudo y con la mirada perdida. Al menos eso cuenta la historia, pues es difícil establecer los hechos. Tampoco está claro si lo reconocieron sus paisanos y familiares o, como escribió entonces la revista Time, se acercó a su hermana Angelina, se presentó como su hermano muerto y ella, evidentemente, gritó horrorizada.

La mitología zombi

“La teoría en la que se basa la creencia en los zombis es que algunos hechiceros haitianos tienen el poder de devolver la vida a gente muerta y enterrada”, escribía en 1945 Louis P. Mars, profesor de psiquiatría en el Instituto de Etnología de Haití. “En las zonas remotas del país, se cree que algunos granjeros ricos son afortunados en sus cosechas porque les ayudan unos seres misteriosos que trabajan en sus granjas; que roban dinero para ellos; que viajan a velocidades fantásticas, más deprisa que los automóviles, y que vuelan por el cielo como hacen los aviones. Se supone que se trata de hombres y mujeres que murieron y fueron devueltos a la vida gracias a potentes drogas”. Y añadía: “Nunca he encontrado a nadie en Haití que pudiera asegurarme que ha visto personalmente un zombi. Sin embargo, suelo escuchar que un zombi está viviendo en un pueblo… y son, de hecho, vagabundos enfermos que ni pueden decir quienes son, ni dar ninguna información que pueda arrojar luz sobre su pasado o su estado actual”.

En 1982 la historia de Narcise empujó al etnobotánico de la Universidad de Harvard Wade Davis a viajar a Haití. Se enteró que existía una pócima, llamada coup de poudre, que se aplicaba de manera tópica e inducía el estado zombi. Tras hacerse con algunas muestras Davis encontró que el ingrediente clave era la tetradotoxina, una toxina nerviosa que con menos de un miligramo es capaz de matar a un adulto. Sus efectos son bien conocidos en Japón, pues es producida por el hígado y los órganos reproductores del pez globo (fugu), una de las delicatessen más apreciadas en el mundo nipón y que sólo puede preparar cocineros con una licencia especial. Con todo, se estima que se producen del orden de 200 casos de intoxicación al año por fugu, con una mortalidad del 50%.

La clave para hacer un zombi: la tetradotoxina

Los primeros síntomas de envenenamiento por tetradodoxina aparecen entre 20 minutos a tres horas después de haberlo consumido. Empieza con un entumecimiento de los labios y la lengua, que continúa con parestesia de cara y extremidades seguida de una cierta sensación de flotar. Dolor de cabeza, náuseas, diarrea, vómitos, incluso puede aparecer dificultad para andar. La parálisis se extiende haciendo imposible que el paciente pueda moverse, a lo que hay que añadir dolor al respirar, convulsiones, alteraciones cognitivas y arritmia. Puede suceder que la víctima, totalmente paralizada, se mantenga lúcida hasta el momento de su muerte, que suele llegar desde la media hora a las 8 horas de haber ingerido esta toxina.

Cuando en 1985 Davis publicó sus descubrimientos en el best seller La serpiente y el arco iris, que fue convertido en película por el director de películas de terror Wes Craven, surgió la controversia. En él aseguraba que gracias a esta toxina se podía convertir a una persona en el clásico zombi sin conciencia. Muchos críticos afirmaron que había exagerado sobre las propiedades químicas del coup de poudre. Como señaló William Booth en la revista Science en 1988, la cantidad de tetradodoxina encontrada en la famosa “muestra D”, la única de las 8 obtenidas por Davis que realmente la contenía, no era suficiente para hacer nada. Todo el libro, decía, era una gran exageración.

¿Realmente funciona la pócima zombi?

Tres años más tarde, Davis publicaba Passage of Darkness, menos sensacionalista y mucho más documentado. Su punto de partida es claro: “Las pruebas sugieren que la zombificación es una forma de sanción social impuesta por ciertos colectivos –las poco conocidas y clandestinas sociedades secretas Bizango- como una forma de mantener el orden y el control en las comunidades locales”. De hecho, Davis demostró que pensar que se trata de una manera de obtener esclavos para trabajar en el campo es realmente tonto, habida cuenta que un jornalero cobraba la mísera cantidad 1 dólar al día. Del mismo modo, en una sociedad tan violenta como la haitiana, creer que la zombificación es un modo de deshacerse de enemigos es aún más increíble, cuando resulta más fácil y menos costoso económicamente eliminarlos por los medios clásicos (debemos recordar que los haitianos pagan a los hechiceros vudú (bokor) por sus pócimas, tal y como hizo Davis).

Por otro lado Davis defendía que creer que la tetradodoxina por sí sola es culpable de los zombis es un tremendo error. De hecho, los que sobreviven no se convierten en zombis: sus facultades mentales no se ven mermadas de ningún modo. Según el etnobotánico la toxina es necesaria, pero no suficiente: necesita de todo el folclore vudú para que funcione. Para Davis el número de zombis reales es muy pequeño: la producción del polvo zombi no se realiza con pesadas precisas siguiendo una fórmula exacta, sino que se elabora en base a recetas mágicas en nada cuantitativas donde el bokor debe afinar la mezcla mediante ensayo y error. Resulta obvio que pocas de esas pócimas funcionan. ¿Pero realmente funciona alguna?

Referencia

Davis, W. (1987), El enigma zombi, Martínez Roca

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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