¿Existe la droga de la verdad?

La droga o suero de la verdad aparece en el cine y las novelas detectivescas. Su fin: inducir en los individuos un estado que les impida mentir. ¿Existe tal cosa?

 

El dicho popular que afirma que los borrachos y los niños nunca mienten, alude a la capacidad desinhibidora del alcohol. Según narraba el historiador romano Tácito, los pueblos germanos tenían por costumbre beber con abundancia antes de celebrar sus consejos, para que la ebriedad los protegiera de las mentiras antes de tomar decisiones importantes.

Esta creencia la recoge bien la máxima in vino veritas, in aqua sanitas, del escritor, también romano, Plinio el Viejo, que podemos traducir como “en el vino está la verdad, en el agua la salud”.

Desde tiempos remotos, nos hemos preguntado cómo saber si alguien nos dice la verdad. A tal efecto, hemos diseñado estrategias de toda clase. Desde antiquísimas torturas hasta modernas máquinas de poligrafía y drogas de la verdad.

En verdad los interrogatorios policiales serían mucho más sencillos si contáramos con una sustancia capaz de alterar la psique de los detenidos para obtener la información que de forma voluntaria no quisieran proporcionarnos. El médico estadounidense Robert House creyó haber dado con la solución, a principios de la década de 1920.

Las muchas drogas de la verdad

Robert Ernest House era obstetra. En su consulta, atendiendo a las mujeres durante los partos, se dio cuenta de que los efectos de la escopolamina -usada por entonces como analgésico para dar a luz- no impedían a las pacientes responder con bastante precisión y aparente sinceridad a sus preguntas, a pesar de hallarse en un estado de sedación consciente, que por entonces llamaban sueño crepuscular. Con la voluntad menguada por el influjo de la droga, tal vez sería más difícil mentir, pensó House.

Era el año 1916, y la casualidad abrió la puerta a los experimentos en los interrogatorios policiales. Si de ese modo se podían evitar condenas a inocentes, valía la pena intentarlo.

La escopolamina es un alcaloide presente en varias plantas venenosas. Pero su acción sedante conlleva, conforme se aumenta la dosis, desagradables efectos secundarios: desorientación, confusión mental, dificultad para hablar y delirios. Por ello, se descartó como suero de la verdad.

La siguiente candidata, la mescalina, un alucinógeno presente de forma natural en varios tipos de cactus, dio parecido resultado. Países como EE. UU., Reino Unido y Alemania experimentaron con ella durante la Segunda Guerra Mundial, pero los testimonios obtenidos bajo los efectos de la mescalina no tuvieron la calidad esperada, llegando a ser contradictorios.

En década de 1950 y 1960, los proyectos secretos MK Ultra y MK Delta de la Agencia Central de Inteligencia de EE. UU. (CIA), se centraron en el uso del alucinógeno LSD (dietilamida del ácido lisérgico, comúnmente llamada ácido) y del estimulante MDMA (metilendioximetanfetamina) como drogas para manipular el comportamiento y forzar confesiones.

Los primeros informes de los investigadores militares sobre el LSD parecían prometedores, pues los sujetos sucumbían en una euforia inicial y comenzaban a hablar. Pero luego aparecieron los mismos problemas que con la mescalina y la escopolamina: alucinaciones fortísimas, ataques de locura, confusión y pensamiento alterado.

Droga de la verdad y suero de la verdad
Fuente: Wikimedia Commons

Tiopental sódico, ¿un suero de la verdad eficaz?

Las experiencias alucinógenas de los sospechosos drogados con LSD y mescalina, tan cargadas de ansiedad, impedían llevar a cabo los interrogatorios. El suero de la verdad tendría que estar en otro lugar, en una sustancia que no enturbiara tanto la cognición de los individuos, no produjera alucinaciones ni disparara su ansiedad.

La solución se buscó en los barbitúricos, sedantes del sistema nervioso central que pueden funcionar como hipnóticos. Entre ellos, destacó una sustancia: el tiopental sódico. Más conocido como amital o pentotal sódico, es un anestésico de acción rápida y corta duración que forma parte, junto con el bromuro de pancuronio y el cloruro potásico, de la inyección letal usada en las ejecuciones por pena de muerte.

Los investigadores constataron que el tiopental sódico relajaba a los individuos y producía desinhibición, haciendo que los interrogados expresaran lo que se les pasaba por la cabeza, sin filtros.

Pero los efectos de la droga acarreaban un gran problema: los interrogados mezclaban verdad con fantasía, y manifestaban una disminución de la velocidad de reacción cognitiva, resultándoles difícil concentrarse. Además, eran más sugestionables a las preguntas y tendían a pensar con poca claridad y a generar falsos recuerdos, lo que se traducía en que la información extraída era de dudosa validez.

El alcohol de los germanos y los romanos hacía algo parecido, soltar la lengua. Pero la verborrea desenfrenada no es garantía de veracidad. Razón por la que la droga de la verdad fracasó en su propósito.

La mentira de la droga de la verdad

La misma CIA tuvo que concluir, en un informe de 1961 (publicado en 1993) que no existe ese brebaje mágico popularmente conocido como suero de la verdad, tan famoso en el cine y la literatura. Ni siquiera los mejores candidatos, los barbitúricos, logran su objetivo. Al deprimir el sistema nervioso central y entorpecer la cognición, pueden hacer más vulnerables a las personas y reducir sus mecanismos psicológicos de defensa, pero -indica el informe- “incluso en las mejores condiciones, provocarán un resultado contaminado por el engaño, la fantasía, el habla confusa, etc.”.

Al margen de su invalidez científica y la ausencia casi completa de estudios experimentales controlados, actualmente el uso de drogas con fines interrogatorios se considera tortura en varios países, y entra en conflicto con el derecho a no testificar contra uno mismo, que recogen algunas legislaciones.  

De modo que la pregunta que nos hacíamos al principio debe contestarse con un sí y un no. Sí, existen sustancias que han sido utilizadas (la mayoría bajo el amparo de programas gubernamentales ilegales y secretos) con el fin de extraer información contra la voluntad de los sospechosos. Instituciones de varios países han recocido haber utilizado drogas en ese contexto. Pero no, ninguna droga ha demostrado ser eficaz en ese sentido.

El suero de la verdad tiene mucho de mentira.  

 

Referencias:

Bimmerle, G. 1993. Truth Drugs in Interrogation. CIA Historical Review Program.

House, R. E. 1931. The use of scopolamine in criminology. Am. J. Police Sci., 2, 328.

McCoy, A. W. 2007. Science in Dachaus shadow: HEBB, Beecher, and the development of CIA psychological torture and modern medical ethics. Journal of the History of the Behavioral Sciences, 43(4), 401.

Passie, T. et al. 2018. MDA, MDMA, and other “mescaline‐like” substances in the US military's search for a truth drug (1940s to 1960s). Drug testing and analysis, 10(1), 72-80.

Winter, A. 2005. The making of " truth serum". Bulletin of the History of Medicine, 500-533.

Luis Cortés Briñol

Luis Cortés Briñol

Formado en filosofía y antropología, con un barniz en biología, neuropsicología y bioestadística. Soy escritor, guionista y documentalista. Intento introducir la filosofía allá donde voy, aunque no hace falta (pues está en todas partes). Vivo en una biblioteca

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