¿Existe el presente?

Afirmar que el presente es un periodo de tiempo que está entre el pasado y el futuro no es decir gran cosa. Definir el 'ahora' pasa por entender cómo percibimos el paso de los minutos.

 

A pesar de que no tenemos ningún sistema sensorial específico que se encuentre asociado a la percepción del tiempo, sí tenemos distintos sistemas que nos ayudan a ello: el córtex cerebral, el cerebelo y los ganglios basales. Es más, en la parte central del hipotálamo se encuentra el núcleo supraquiasmático, que controla los ciclos circadianos y que si se destruye desaparecen todos nuestros ritmos regulares.

Nuestro sentido implícito del tiempo posee en su interior dos aspectos aparentemente incompatibles: el hecho de que existimos de manera permanente en el presente y la experiencia de que el tiempo fluye del pasado al futuro de forma continua, sin saltos. ¿Cómo hacemos para que una serie de 'ahoras' se conviertan en ese río de tiempo que fluye suavemente? Marc Wittmann, del Instituto de Áreas Fronterizas de la Psicología y Sauld Mental de Friburgo (Alemania), piensa que el cerebro tarda en crear el 'ahora' consciente 3 segundos. Pero no todo acaba aquí; al final, el cerebro debe construir la imagen de que el tiempo fluye de manera continua; para ello invierte la nada despreciable cantidad de 30 segundos.

Wittmann pidió a 38 personas que meditaban regularmente y a otras 38 que no lo hacían que miraran lo que se llama un cubo de Necker: es un cubo de imagen ambigua, que tan pronto se puede ver de una forma como de otra. Wittmann les pidió que apretaran un botón cada vez que lo vieran cambiar de perspectiva. ¿Por qué? Porque de este modo podemos estimar lo que dura el presente psicológico. Pues bien, encontró que ambos grupos lo percibían de la misma forma: el 'ahora' duraba 4 segundos. Al parecer, meditar no te hace estar más pegado al presente.

Marc Wittmann
Marc Wittmann

¿Cómo procesa la información el cerebro?

El neurocientífico del Baylor College, en Houston (Texas), David Eagleman, señala un factor que debemos tener en cuenta para comprender el problema de 'ahora': nuestro cerebro procesa la información a diferente velocidad dependiendo del sentido con el que la percibimos. Nuestro sistema auditivo, por ejemplo, puede distinguir entre sí dos sonidos separados un milisegundo mientras que el visual difícilmente puede percibir como distintas dos imágenes separadas menos de una decena de milisegundos. Esto implica que el cerebro debe aprender a compaginar estas disparidades para crear una imagen unificada del mundo exterior. Por si fuera poco, el trabajo del cerebro se complica si tenemos en cuenta que la luz y el sonido viajan a diferentes velocidades, por lo que llegan a nuestros sentidos en distintos momentos aunque hayan sido generados a la vez, como sucede cuando cae un rayo. ¿Cómo acaba manejando todo esto?

Los neurocientíficos creen que para ello nuestro cerebro hace predicciones sobre lo que va a suceder. Es lo que sucede cuando vemos una película que ha sido mal doblada: nuestro cerebro piensa que la voz y el movimiento de los labios están sincronizados hasta que se da cuenta de que no encajan. Y esto sucede si la diferencia entre ambos es de 200 milisegundos. Esto lo descubrieron los ingenieros en los primeros días de la televisión, pues debían preocuparse por sincronizar la imagen con el audio. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que tenían un centenar de milisegundos de margen: si la señal llegaba dentro de esta ventana, el cerebro de los televidentes sincronizaba por su cuenta la señal de vídeo con la de audio.

El cerebro inconsciente decide el 'ahora'

Virginie van Wassenhove de la Unidad de Neuroimagen Cognitiva de Gif-sur-Ivette (Francia) se ha dedicado a investigar por qué pasa esto. Para ello expuso a un grupo de voluntarios a una serie de destellos y bips una vez por segundo, pero separados ambos entre sí 200 milisegundos. Al mismo tiempo les hacía un escáner para registrar cuál era su actividad cerebral en esos momentos. Encontró dos ondas cerebrales, una en el córtex visual y otra en el auditivo, con una frecuencia de 1 Hz (esto es, de una vez por segundo). Al principio las dos ondas iban desfasadas, lo que hizo que los voluntarios percibieran los destellos y los sonidos como desincronizadas. Pero empezaron a decir que los percibían como simultáneos justo cuando las ondas cerebrales auditivas y visuales se iban sincronizando, lo que implica que hay un mecanismo activo en el cerebro que nos dice cómo enfrentarnos con el tiempo en el mundo exterior, aunque no sabemos cuál es. Pero lo más interesante de este trabajo es que tiene otra implicación más profunda: es el cerebro inconsciente el que decide lo que es el 'ahora' y su duración es de 2 a 3 segundos.

Esto lo demostró en 2014 David Melcher de la Universidad de Trento (Italia). Lo que hizo fue preparar una película muy particular; en ciertos momentos algunas escenas de la misma las había cortado en trozos más pequeños: en unos casos la escena estaba recortada en trozos que tenían una duración de unos milisegundos, en otros duraban hasta varios segundos. Melcher encontró que seguían el argumento de la película como si nada hubiera pasado si la duración de esos pequeños cortes no era superior a 2,5 segundos; si superaban esa duración, los voluntarios notaban que algo raro estaba pasando. Para Melcher esto es similar a cuando leemos una carta donde a cada palabra le hemos suprimido o cambiado de lugar algunas letras: a pesar de ello somos capaces de leerla porque nuestro cerebro es capaz de rellenar las ausencias. Eso sí, falla cuando, por ejemplo, modificamos sistemáticamente la primera y última letra de cada palabra. Para Melcher esta ventana de 2 a 3 segundos que tenemos para percibir el ahora es la consecuencia de algún tipo de mecanismo desconocido que solventa el problema de que nuestro cerebro siempre maneje información desfasada. Porque, querámoslo o no, nuestra percepción del mundo está colocada en el pasado.

Del mismo modo, a medida que envejecemos nuestra percepción del tiempo se acelera. Enfrentados un grupo de personas con edades entre 19 y 24 años con otro grupo entre 60 y 80, se encontró que si se les pedía estimar la duración de 3 minutos los jóvenes erraban, de media, unos 3 segundos mientras que los mayores se iban a los 40 segundos. El porqué es algo que se nos escapa.

Referencias:

Fairhall S.L., Albi, A. y Melcher, D. (2014). Temporal Integration Windows for Naturalistic Visual Sequences. PLOS One. 9(7):e102248.

Wittmann, M. (2016) Felt Time: The Psychology of How We Perceive Time, MIT Press

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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