Esto fue lo que pasó después de que el Apolo 11 alunizara

¿Sabías que lo primero que hizo Aldrin al pisar la Luna fue mear? ¿Que les costó plantar la bandera y que temían que se cayera delante de las cámaras? ¿Que el polvo lunar les olía a ceniza mojada y pólvora? Así fueron las dos horas y media que Armstrong y Aldrin estuvieron sobre la Luna.

 

"Este es un pequeño paso para [un] hombre, un gran salto para la humanidad". De este modo -y con la omisión del artículo indefinido 'un'- comenzaba lo que muchos escritores y visionarios han estado imaginando desde que en el siglo II el sirio Luciano de Samósata escribiera Relatos verídicos (o Historia Verdadera), una sátira contra las fuentes históricas que citaban acontecimientos fantásticos y míticos como verídicos. En esta obra un barco es arrastrado a la Luna por una tromba de agua y allí los tripulantes se encuentran con sus habitantes, que no tienen ano, sus ojos son de quita y pon y quienes dan a luz son los hombres.

Armstrong, durante 20 minutos, fue el único hombre sobre la Tierra paseando por otro planeta. Después bajó Aldrin, que también tiene su parte de gloria: fue el primer humano en orinar sobre ella. Al pisar la Luna, Aldrin hizo pipí, con tan mala fortuna que el pis acabó en sus botas porque su colector de orina se rompió tras el alunizaje. Evidentemente, no dijo ni pío a su compañero ni a Houston.

La NASA había programado un paseo de dos horas y media, que al final se reveló muy escaso para todo lo que tenían que hacer. En un primer momento los astronautas estaban unidos al Módulo Lunar por un cordón de seguridad, pero viendo que no había ningún peligro, se desengancharon y comenzaron a hacer las tareas que tenían encomendadas. Entre ellas están las obvias acciones cuando llegas a un nuevo mundo: colocar una placa conmemorando la efemérides. Armstrong ya había descubierto una de acero inoxidable en la escalerilla antes de poner un pie en la Luna con el texto en mayúsculas “Here men from the planet Earth first set foot upon the Moon, July 1969 A.D. We came in peace for all mankind” junto con la firma de Nixon y los tres astronautas-. Y, por supuesto, tenían que instalar las cámaras de televisión necesarias para que en la Tierra nadie se perdiera detalle.

Una conferencia telefónica interplanetaria

Al poco Armstrong recibió una llamada telefónica muy especial: el presidente Richard Nixon: “seguramente ésta sea la llamada telefónica más importante jamás hecha desde la Casa Blanca”, dijo. Luego comenzaron a desplegar los experimentos científicos. Como no estaba muy claro si al final iban a poder hacer algo pues existía el riesgo de tener que abortar la misión, los geólogos convencieron a la NASA que permitieran llevar aquellos experimentos que se pudieran colocar o realizar en 10 minutos. Así que el Apolo 11 no llevó el kit completo de pruebas geológicas que estaba diseñado, sino uno abreviado. Era todo cuestión de tiempo: el kit completo costaba entre una y dos horas desplegarlo, y Armstrong y Aldrin solo iban a estar dos horas y media en la superficie. Así que tampoco podían irse muy lejos: los colocaron a 20 metros del módulo lunar. Lo que instalaron fue un reflector láser destinado a medir con precisión la distancia Tierra-Luna (lo que demuestra que realmente llegamos a la Luna), una pantalla de aluminio destinada a recoger partículas del viento solar diseñado y construido por un equipo suizo de la Universidad de Berna y del famoso Instituto Tecnológico de Zurich, y un sismógrafo pasivo para detectar los 'lunamotos'.

Claro que todo lo que hicieron no fue glamuroso. Uno de los peculiares experimentos que Aldrin tuvo que hacer fue dar una patada al suelo y ver la trayectoria que seguía el polvo lunar. “La mayoría de ellos [los granos de polvo] salen con el mismo ángulo y velocidad”, dijo. Luego tuvo que evaluar "los efectos térmicos del Sol y la sombra en el interior del traje", para lo cual tenía que ponerse al Sol y luego colocarse a la sombra del módulo lunar para ver si notaba alguna diferencia en la temperatura. El traje lo refrigeraba perfectamente pero dijo notar un cambio de temperatura en el casco. El último consistió en comprobar “las sombras y colores de la superficie": todo era de un color “gris muy claro”.

El momento patriótico

Después de instalar el equipo científico llegó el momento patriótico: plantar la bandera de los EEUU. Puede parecer sencillo, pero les costó clavarla en el suelo -solo pudieron profundizar unos 5 cm- y temieron que pudiera caerse delante de las cámaras... pero aguantó. También depositaron un disco de silicio de 3 cm con los mensajes y saludos de los jefes de estado de 73 naciones del mundo -Franco, y por tanto España, está ausente-, además de los nombres de los responsables del Congreso y de los cuatro comités encargados de legislar sobre la NASA (los políticos también tienen su corazoncito), las medallas enviadas por las familias de los cosmonautas rusos Yuri Gagarin y Vladímir Komarov (el primer ser humano muerto en un vuelo espacial, durante la reentrada), y las insignias del Apolo 1 en recuerdo de los astronautas muertos al incendiarse la nave en la plataforma de lanzamiento.

Pero debían darse prisa: iban más lentos de lo esperado y parecía que nos le iba a dar tiempo a hacer todo lo que estaba planeado. Quisieron acelerar para cumplir todos los objetivos pero entonces el Control de la Misión usó una frase codificada para advertir a Armstrong que sus tasas metabólicas eran altas y que debía aflojar un poco. Hay que recortar y solo se puede hacer de una tarea: la recogida de muestras de polvo y rocas lunares. Al final solo se llevaron 22 kilos.

Como las tasas metabólicas se mantuvieron más bajas de lo esperado para ambos astronautas, el Control de la Misión les dejó estar 15 minutos más sobre la superficie de la Luna. Años más tarde Armstrong explicó que en este primer paseo lunar la NASA limitó el tiempo (2 horas y 40 minutos) y la distancia (300 metros) porque no sabían la cantidad de refrigerante (agua) que iban a consumir para mantener una temperatura adecuada dentro del traje. Por eso lo primero que hicieron los astronautas cuando pasearon por la Luna fue una "evaluación de la movilidad de la superficie": básicamente era caminar y transmitir a Houston si les costaba moverse.

Pero todo lo bueno se acaba y tuvieron que regresar al Módulo Lunar. El primero en entrar fue Aldrin. Al quitarse el casco los dos astronautas percibieron un olor intenso y muy desagradable que les recordaba a ceniza mojada y a pólvora: era el polvo lunar que llevaban pegado a sus botas. Porqué olía de esa forma sigue siendo un misterio. Ya más tranquilos, el tiempo que no quisieron dormir antes de bajar, lo recuperaron: 4 horas y 20 minutos de sueño reparador. Durante ese tiempo el sismógrafo que habían colocado registró los movimientos de Armstrong mientras dormía.

Realmente el Apolo 11 no fue un dechado de investigación científica, ni nunca  pretendieron que lo fuera. Lo fundamental era comprobar cómo se desenvolvía un ser humano sobre otro planeta, poner los cimientos necesarios para poder desarrollar el verdadero programa de trabajo que llegaría con las siguientes misiones.

Referencia:

Chaikin, A. (1996) A man on the Moon, Penguin Books

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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