Este fósil aún conserva piel y grasa

Los restos de este ictiosaurio se han conservado tan excepcionalmente bien que han permitido estudiar partes blandas de su esqueleto.

 

Un fósil con 180 millones de años de antigüedad ha permitido a un grupo de científicos rescatar muestras de piel, grasa y hasta proteínas (aunque este componente genera debate). El nivel de conservación de estos restos plantea nuevos desafíos y debates entre los paleontólogos.

Una ballena del Jurásico

Hablamos de un fósil de Stenopterygius, un género incluido en el famoso orden de los ictiosaurios. Estos animales del Jurásico inferior y medio son reptiles marinos extintos que tienen un aspecto similar a los delfines actuales, aunque los especialistas detectan características que los acercan más a las ballenas dentadas modernas. Un estudio publicado en 2018 en la revista  “Nature”, así lo confirma.

Los fósiles de ictiosaurios más famosos han sido encontrados en las canteras de esquisto de Holzmaden, en Alemania. En esta zona hubo un océano durante el Jurásico que acabó convertido en la tumba de muchos especímenes de estos reptiles marinos. Muchos de los fósiles de este yacimiento paleontológico han conservado contornos que marcan el trazado de la piel y hasta restos de las aletas. Supone todo un hito que los científicos puedan trabajar sobre materiales con tanta información de un animal tan lejano a nosotros en el tiempo. La clave de este emplazamiento para deparar tantas sorpresas a los paleontólogos está en los sedimentos depositados en el fondo marino del antiguo océano, bajos en oxígeno. Unas condiciones idóneas para preservar restos fosilizados.

Un fósil con química

Desde que la paleontóloga Mary Anning encontrara el primer fósil de ictiosaurio completo en 1811, los investigadores no han cesado de aumentar el conocimiento acerca de este grupo de animales. Varios de los científicos que han tenido acceso a los fósiles mejor conservados, han sospechado que los ictiosaurios tenían grasa al estilo de las ballenas. Johan Lindgren, paleontólogo de la Universidad de Lund, se propuso comprobar de una vez por todas qué certezas podríamos tener acerca de estas sospechas.

Junto a su equipo de investigación, sometió a cuantos análisis químicos pudo a varios fósiles de ictiosaurio. Entre los restos, hubo un espécimen que destacaba por su extraordinario nivel de conservación:

“Nuestros análisis recuperaron restos aún flexibles de la piel sin escamas original, que comprende capas epidérmicas y dérmicas morfológicamente distintas. Estos están sustentados por grasa aislante que habría aumentado la aerodinámica, la flotabilidad y la homeotermia”.

Lindgren y su equipo fueron los primeros en encontrar grasa fosilizada. Además, los análisis permitieron reconstruir el color de la piel de los ictiosaurios. Como otros animales marinos, la espalda sería más oscura que el vientre, lo cual podría tener funciones de camuflaje y/o como regulación para la temperatura corporal.

Fósil de ictiosaurio
Ictiosaurio

La polémica sobre las proteínas

En el estudio publicado se afirma que han detectado proteínas del ictiosaurio. Cuentan que pudieron captar señales de hemoglobina en el hígado del animal, y restos de proteínas como colágeno y queratina. Según Benjamin Kear, paleontólogo de la Universidad de Uppsala que participó en la investigación:

“No solo puedes analizar las estructuras e identificarlas a nivel celular, sino que hay restos de la proteína original. Es la punta del iceberg, es algo digno de Parque Jurásico”.

De estar en lo cierto, habrían localizado una de las biomoléculas más antiguas de la historia de la ciencia. Pero algunos científicos han pedido cautela acerca de estas afirmaciones y critican el método empleado para identificar estas moléculas. Según los contrarios al estudio del equipo liderado por Lindgren, la manera en que se ha trabajado tiende a dar falsos positivos.

Las dudas son lógicas e incluso necesarias, puesto que hallar las proteínas en un fósil de 180 millones de años supondría una revolución considerable, ya que permitiría conocer muchísimo más sobre las especies extintas a través de estudios químicos, en vez del análisis, por lo general, de únicamente sus huesos fosilizados.

Referencias:

Greshko, M. 2018. Este increíble fósil de ictiosaurio del Jurásico conserva piel y grasa. nationalgeographic.es.

Lindgren, J. et al. 2018. Soft-tissue evidence for homeothermy and crypsis in a Jurassic ichthyosaur. Nature 564, 359-365. DOI: 10.1038/s41586-018-0775-x.

 

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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