Estas son las pruebas que demuestran que la astrología no predice nada

Los astrólogos suelen acusar a los científicos de que desprecian su disciplina sin tan siquiera haberla estudiado. Pues bien, eso es, simplemente, falso. La astrología es la pseudociencia que más ha sido puesta a prueba usando el método científico.

Desde 1960 se ha estado probando sistemáticamente que los astrólogos son incapaces de discernir las más obvias características de la personalidad en las cartas astrales que elaboran. En 1961 Vernon Clark demostró, en una prueba en la que participaron algunos de los mejores astrólogos del mundo, que fallaron a la hora de relacionar las cartas astrales de enfermos con sus historias clínicas. En 1975 Macharg encontró esa misma incapacidad analizando cartas de alcohólicos.

Al menos 10 estudios científicos demuestran que los astrólogos ni tan siquiera se ponen de acuerdo en lo que significa una carta astral. La prueba más llamativa es de 1986, cuando los psicólogos alemanes U. Timm y T. Koberl analizaron los datos de un estudio realizado con 178 astrólogos alemanes (la mayor muestra de astrólogos jamás puesta a prueba) entre 1952 y 1955 por un centro dedicado a la investigación en parapsicología, el Instituto para las Áreas Fronterizas en Psicología de Hans Bender.

El estudio nunca fue publicado por esta organización proparanormal, y no resulta difícil entender por qué: el análisis, realizado 3 décadas más tarde, mostró que los astrólogos, estudiando una media de cinco cartas, no mostraban coincidencia alguna en sus interpretaciones. Si todos los estudios realizados hasta la fecha muestran, sin margen para la duda, que los astrólogos no coinciden en nada cuando interpretan una carta astral, ¿qué valor tiene la astrología?

Los astrólogos no se ponen de acuerdo

En 1990 los psicólogos de la Universidad de Indiana por John McGrew y Richard McFall pidieron a 6 astrólogos de la Asociación Astrológica de Indiana que tras estudiar la carta natal de 23 sujetos, todos con una edad entre 30 y 32 años, escogieran el perfil psicológico que mejor se ajustaba a ella. En un escala de 0 a 100, cada astrólogo participante estaba seguro de acertar en un 75%: la verdad fue que acertaron muy poco por encima de lo esperado por azar. Y más interesante aún, el acuerdo entre los astrólogos fue nulo; esto es, ni siquiera hubo coincidencia a la hora de asignar una determinada carta astral a un perfil psicológico, algo esperable si realmente la astrología fuera coherente. En un estudio subsiguiente, cinco grupos de entre 5 y 6 astrólogos estudiaron un subconjunto de 5 cartas y consiguieron 2 éxitos, peor que los 5 esperados por puro azar.

En 1996 Rob Nanninga hizo algo similar con 60 astrólogos: debían escoger el perfil psicológico correcto de 7 voluntarios nacidos “alrededor de 1958”. Este fue determinado mediante un clásico test de personalidad al que se le añadió una serie de preguntas sobre su educación, vocaciones, hobbies, salud y religión que propusieron los propios astrólogos. Una vez más los resultados volvieron a poner la astrología en un brete. Finalmente, en 2009 Stuart Wise y A. J. Wyman pidieron a 52 estudiantes de psicología que identificaran entre dos perfiles psicológicos (realizados con el NEO Five-Factor Inventory) cual era el suyo y, además, distinguir el perfil correcto de otro falso obtenido mediante un programa comercial que hacía cartas astrales. En este último caso los investigadores suprimieron toda referencia a términos astrológicos como signo, casa, planeta... Los estudiantes no tuvieron problema en encontrar su perfil psicológico correcto pero fallaron sistemáticamente a la hora de elegir el astrológico.

Incapacidad predictiva

Pero no hay duda que la investigación más famosa y detallada que puso a prueba a la astrología fue la realizada por Michel Gauquelin entre 1949 y 1991. Este psicólogo francés usó amplios muestreos, que en ocasiones llegaban a ser de más de 100 000 personas, todos ellos con el momento, el lugar y la fecha de nacimiento obtenidas de las partidas de nacimiento. Su trabajo dio como fruto varios libros y casi 150 artículos científicos: todos los intentos hechos para comprobar las afirmaciones astrológicas sobre signos, aspectos y tránsitos fueron invariablemente negativos.

Gauquelin también puso a prueba a los astrólogos en lo que llamó "el experimento de destinos opuestos". Proporcionó a los astrólogos las fechas de nacimiento de 40 personas, 20 delincuentes y 20 ciudadanos pacíficos: ninguno fue capaz de diferenciarlos a partir de su carta astral. En 1983 escribió Gauquelin: “los astrólogos fallan en estas pruebas y a veces están tan desilusionados que me acusan de amañar los resultados”.

¿Y qué hay de sus predicciones públicas? Los astrólogos afirman que son capaces de predecir el devenir político y económico de países, empresas, guerras... ¿Pero es verdad? En 1978 dos miembros del US Geological Survey, Hunter y Derr, invitaron a la población a mandar sus predicciones sobre terremotos como parte de una evaluación general de los diferentes sistemas de predicción. Los astrólogos fueron los que en mayor número respondieron a esta invitación: 240 predicciones de terremotos realizadas por 27 astrólogos. Sus aciertos fueron mucho menores que los obtenidos por al azar. Al año siguiente Roger Culver y Philip Ianna analizaron 3011 predicciones específicas realizadas durante 1974-1979 en revistas astrológicas norteamericanas como American Astrology, y encontraron que sólo 338 (el 11%) fueron correctas. “Muchas de estas podrían atribuirse a ‘astutas’ adivinaciones (la tensión Este-Oeste continuará), vaguedades (una tragedia conmocionará el este de Estados Unidos esta primavera), o informaciones sociales (la estrella A se casará con el director B)”, comentó el astrólogo crítico Geoffrey Dean. Lo mismo encontró Chatillon en 1985 cuando estudió 30 predicciones específicas para Norteamérica realizadas en 1984 por Huguette Hirsing, una de las astrólogas más famosas de Montreal. Sólo acertó en dos (el 7%).

El ejemplo más claro de la incapacidad de la astrología para ver el futuro es que ningún astrólogo predijo ni la caída del muro de Berlín, ni el 11-S, ni el 11-M, ni la guerra de Ucrania. Pero uno de los grandes fiascos de la astrología está en manos de uno de los más prestigiosos astrólogos europeos del siglo XX, André Barbault, un especialista en 'astrología política': vaticinó por 11 veces el final de la guerra franco-argelina (al final acertó) y sus predicciones referidas a una docena de líderes mundiales incluían muchas meteduras de pata mayúsculas, como que Kennedy sería reelegido en 1964 (fue asesinado en 1963), Khruschev permanecería en el poder hasta 1966 (fue depuesto en 1964), De Gaulle dimitiría en 1965 (fue reelegido)... Como dijo un crítico, “lo que fue anunciado no sucedió, lo que sucedió no fue anunciado”.

Excusas, excusas

¿Cuál ha sido la respuesta de los astrólogos al enorme cúmulo de estudios que echan por tierra cualquier pretensión de validez de su disciplina? La mayoría dan la callada por respuesta y miran para otro lado. Unos pocos tratan de buscar motivos 'ad hoc' para explicar la debacle: los astrólogos usados en los estudios no eran 'buenos', la muestra no era suficientemente extensa para una valoración clara, la astrología es muy complicada, esto es, que es imposible de comprobar científicamente...

Ahora bien, si como sucedió cuando Geoffrey Dean demostró que los astrólogos son incapaces de predecir si alguien es introvertido o extrovertido (un aspecto muy fácil de determinar mediante un estudio astrológico), ¿cómo se atreven a afirmar ser capaces de predecir aspectos más sutiles de la personalidad humana? Otros usan el argumento de autoridad para justificar la astrología. ¡Y menuda autoridad! Según el Astrology News Service el espíritu Kryon, 'canalizado' por Lee Carroll, un empresario con un negocio de ingeniería de sonido que en 1989 descubrió la Nueva Era, ha dicho recientemente que “la astrología es una de las ciencias menos comprendidas”. Para quien no lo conozca, Kryon es un ser medio angelical que pertenece al Servicio Magnético y se dedica a ajustar la “rejilla electromagnética de la Tierra para facilitar la evolución de la humanidad”. Con semejante apoyo resulta difícil de comprender que los científicos todavía sean reacios a tomarse en serio la astrología...

La prueba más clara de la arbitrariedad de esta pseudociencia la tenemos en las supuestas influencias que tienen sobre nosotros, Neptuno y Plutón. Dejando a un lado el peculiar caso de este último, que los astrólogos incluyeron en sus horóscopos porque los astrónomos dijeron que era un planeta (¿qué pasa ahora que no lo es? ¿Por qué no incluyen el resto de los planetas enanos descubiertos en los últimos años?), estos augures de los cielos han podido asignar una lista completa de las propiedades astrológicas a cada uno de estos planetas a pesar de que Neptuno completó su primer órbita tras su descubrimiento en 2010 y Plutón apenas ha recorrido un sexto de la suya. Éste último tiene su gracia: “los astrólogos dicen que Plutón es el regente astrológico de Escorpio a pesar de que, desde su descubrimiento, el planeta todavía tiene que entrar en ese signo”, dicen Culver e Ianna. Si la astrología es una ciencia empírica, ¿cómo pueden saber el efecto que tienen estos planetas en cada signo antes de que pasen por ellos?

Referencias:

Bastedo, R.W. (1978), An empirical Test of Popular Astrology. Skeptical lnquirer, 3(l), 17.

Carlson, S (1985), A Double-Blind Test of Astrology. Nature, 318, 419.

Culver R. y Ianna, P. (1984) the Gemini Syndrome: a Scientific Evaluation of Astrology, Prometheus Books.

Cummings, M.; Smith, M.; Lovick, K. y Crosbie, P. (1978), Astrological Chart Interpretation. Exploring an Alternative Strategy for counseling, Kosmos, 8(2), 5.

Dean, G. (1987), Does Astrology Need to Be True? Part 2: The Answer is Not, Skeptical Inquirer, 11, 257.

Hunter y Derr (1978), Prediction Monitoring and Evaluation Program: A Progress Report, Earthquake Information Bulletin, 10(3), 93.

Lackey (1981), A Controlled Test of Percieved Horoscope Accuracy, Skeptical Inquirer, 6(1), 26.

Niehenke, P. (1984), The Validity of Astrological Aspects: An Empirical Study, Astro-Psychological Problems, 2(3), 10.

Snyder, R.C. (1974) Why Horoscopes are True: The Effect of Specifity on Acceptance of Astrological Interpretations, Clin. Psychol. 30, 577.

Stachnik, T. y Stachnik, B. (1980) Acceptance of Non-specific Astrological Personality Descriptions: an Empirical Demonstration, Psychol. Reports, 47, 537.

Tyson, G.A. (1985) An Empirical Test of the Astrological Theory of Personality, Person. Indiv. Diff., 5, 247.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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