Estas son las formas de vida más antiguas conocidas

Hace 3 500 millones de años el único ser vivo que existía sobre la Tierra eran unas comunidades de cianobacterias que lentamente, eón a eón, fueron construyendo sus propio edificios: los estromatolitos.

 

La vida se toma su tiempo y en determinados momentos acelera. Esta frase muy bien podría sintetizar la evolución de la vida en la Tierra. El ritmo de cambio es lento pero a veces se vuelve frenético. Si la Naturaleza tuviera conciencia podríamos decir que en ocasiones tiene prisa.

El primero de estos momentos se dio al principio. La vida apareció sobre nuestro planeta muy pronto, entre 500 y 700 mil millones de años tras la formación de la Tierra. Y no lo hizo antes porque hubiera resultado imposible: durante esos primeros cientos de miles de millones de años la Tierra se vio sometida a un intenso bombardeo de cometas y meteoritos que esterilizaron la superficie del planeta. De hecho, nuestra querida Luna surgió de uno de estos impactos contra un cuerpo del tamaño de Marte.

Irónicamente, esta lluvia de fuego y rocas ayudó a que la vida apareciera: por un lado aportaron gran parte de los ladrillos básicos para la vida y por otro depositaron entre un 30 y un 50% del agua que hoy tenemos.

Hace 4 000 millones de años la mayor parte de la superficie terrestre era un océano de aguas hirvientes. Altos conos volcánicos arrojaban gran cantidad de gases a una atmósfera densa e irrespirable. El cielo se encontraba casi por completo libre de nubes y el Sol inundaba la Tierra con su luz y con sus letales rayos ultravioletas. Tierra adentro, la escena la dominaban montículos de lava negra cuya superficie estaba cubierta de escombros. Por todos lados había charcas, poco profundas y muy salinas. Quizá en esas charcas surgieron las primeras formas de vida. O quizá fue en ciertos lugares del fondo de los océanos, donde la lava del interior se escapaba por una grieta en la fina corteza oceánica.

Vida unicelular

Si tuviéramos que señalar el lugar donde se encuentra la evidencia fósil más antigua tendríamos que mirar hacia el Polo Norte. Pero no el que todos conocemos, sino el de la inhóspita región de Pilbara, en Australia Occidental, y bautizada así por los buscadores de oro. Allí, donde las temperaturas llegan a sobrepasar los 50ºC, hemos encontrado evidencia de vida sobre la Tierra hace 3 500 millones de años. Es más, la formación rocosa conocida con el nombre de Grupo Warrawoona contiene cuatro tipos distintos de microfósiles. En estas rocas encontramos los estromatolitos, sutiles indicadores de cómo era la Tierra en el pasado y prueba del importante papel que los microbios desempeñaron hace miles de millones de años.

Los estromatolitos no son fósiles en el estricto sentido de la palabra. Se produjeron en los primitivos océanos de la Tierra debido a la actividad metabólica de ciertos microorganismos llamados cianobacterias. Estas comunidades bacterianas construyeron los estromatolitos en el océano atrapando el polvillo que compone el sedimento más fino con una capa de mucus pegajoso que secretaba la propia célula, construyendo la roca de dentro hacia afuera. Como las cianobacterias eran fotosintéticas y capaces de moverse hacia la luz, siempre se encontraban en la superficie exterior del estromatolito.

Crecen muy espacio: poco menos de medio milímetro por año. A estas estructuras con forma de domo les lleva cientos de años llegar a los 30 centímetros de altura y 20 de anchura, lo cual no parece que sea gran cosa. Pero empieza a serlo si tenemos en cuenta el tamaño de las bacterias que los formaron, con un tamaño de unas pocas millonésimas de metros. En la escala humana sería equivalente a construir una estructura de 105 kilómetros de alto por 75 kilómetros de ancho.

El fin de un largo reinado

Los estromatolitos dominaron el planeta durante 3.000 millones de años. Cuando sobre la Tierra se vivió la gran explosión de la vida marina, hace 600 millones de años, su estrella empezó a declinar. Habían vivido en todas partes, desde los lagos glaciares de la Antártida a los manantiales volcánicos de Yellowstone, pero no pudieron con el nuevo ambiente que estaba emergiendo. Con ellos también se cumplió ese viejo aforismo de que nada vive para siempre.

Pero lo más fascinante de su vida es que aún hoy, a pesar de los profundos cambios sucedidos en la Tierra, los podemos encontrar vivos en la costa occidental de Australia, en Hamelin pool, en Shark Bay. ¿Cómo es que siguen viviendo? Estas colonias bacterianas, las fábricas del oxígeno que hoy respiramos, son muy frágiles. Algunos científicos piensan que subsisten porque no hay predadores, como los gasterópodos, que se los coman. Sin embargo, es más probable que sea porque viven en un ambiente con pocos nutrientes y no resulta un lugar atractivo para posibles competidores.

Referencias:

Allwood, Abigail C.; Walter, M. R.; Kamber, B. S.; Marshall, C. P.; Burch, I. W. (2006). "Stromatolite reef from the Early Archaean era of Australia". Nature. 441 (7094): 714–8. doi:10.1038/nature04764

Stinchcomb,B. y Leis, R. J. (2015) Stromatolites: Ancient, Beautiful, and Earth-Altering, Schiffer

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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