¿Es ético exhibir restos humanos?

Un hígado enorme e hinchado. Un bebé con la piel lacerada. El esqueleto deforme de una niña. Hasta qué punto es lícito exponer restos humanos a miradas ajenas. Es lo que se plantea en un museo austríaco.

La reciente renovación de las colecciones pertenecientes al prestigioso Museo de Historia Natural de Viena brinda a los curadores la oportunidad de poner a prueba la exhibición de restos médicos humanos, algunos que datan de más de dos siglos, sin tener que cruzar líneas rojas de la ética y el buen gusto.

La colección tiene alrededor de 50.000 partes del cuerpo humano y nació en 1796 con el objetivo de dar apoyo académico a los estudiantes de medicina. ¿Hasta qué punto es ético exhibirlos para el gran público? En el mundo que vivimos en la actualidad se contraponen distintos factores. Por un lado pueden parecer horripilantes galerías que plantean cuestiones éticas y morales sobre la dignidad humana, el poder y la explotación. Por otra parte, es importante reflexionar sobre el consentimiento de los sujetos, fallecidos hace mucho tiempo y ya a la vista del gran público.

“Tratamos de evitar el voyerismo dando la mayor explicación posible”, afirma el curador Eduard Winter. Las fotografías, recuerda, no están permitidas dentro de la galería. Winter defiende la postura divulgativa de la exposición, casi didáctica, alejada de la atrocidad. Espera que cuando los visitantes vean “un hígado de 30 kilogramos... se den cuenta de lo que el alcohol puede hacer en el cuerpo humano”. También se puede aprender sobre los efectos de los virus en el cuerpo o cómo se aprecian las quemaduras en los vasos sanguíneos. Los visitantes pueden ver órganos humanos, cráneos y otras partes del cuerpo que en otros países están restringidas solo para los investigadores.

Interés general de la exposición

Hay, por tanto, un amplio grupo de partidarios de la exposición, basándose casi en lo académico, en torno a la educación científica de las enfermedades y la salud mental humana, por lo que el acceso a la colección es de interés público. Katrin Vohland, directora del Museo de Historia Natural de Viena, lo deja aún más claro: “Todo el mundo tendrá que afrontar una enfermedad algún día”.

“Algunas personas vienen porque ellas mismas están afectadas” por ciertos problemas de salud, mientras que otras “quieren saber más sobre cómo ha progresado la ciencia”, añade la Dra. Vohland.

Un nuevo nivel de conciencia

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Fuente: JOE KLAMAR / AFP

Aunque la exposición reabrió al público en septiembre, solo una parte de la colección de anatomía patológica es de acceso al público tras la renovación. La exposición actual es más atractiva que la anterior pues, como dice el profesor de biología Christian Behavy, “todo está descrito, hay mucha información” entrevistado por la AFP. Behavy guiaba a un grupo de adolescentes y afirmó que su clase “podía asimilar mejor la información” de la exposición que de los libros de texto. A pesar de ello, algunos adolescentes parecieron desconcertados por lo que vieron: el esqueleto de una niña con hidrocefalia o el cuerpo preservado de un bebé con laceraciones en la piel.

Lo cierto es que los restos humanos han sido parte de exposiciones en Europa desde finales del siglo XVI, cuando se exhibieron por primera vez las momias egipcias. Pero Marie Cornu, directora de investigación en el CNRS de Francia, a principios de 2000 se produjo un nuevo nivel de conciencia sobre el tema de los objetos culturales. El debate se desencadenó a raíz de la petición de Sudáfrica de los restos de Saarjie Baartman, para su repatriación. Se trataba de una mujer de la cultura Khoisan que fue exhibida en Europa en el siglo XIX. Tras su muerte, su cuerpo sería disecado y el esqueleto, cráneo y genitales se exhibieron en el Museo de la Humanidad de 1974.

 


La controversia también vino con la plastinación de restos humanos exhibidos de forma comercial, con gran éxito a mediados de la década de 2000. Algunas ciudades prohibieron los espectáculos con el argumento de que los organizadores no podían verificar el consentimiento y la procedencia de las partes del cuerpo. Todo esto, dice Cornu, hace que en los últimos 20 años las instituciones hayan “comenzado a hacerse preguntas”.

Nuevas posturas éticas

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Fuente: JOE KLAMAR / AFP

Con el fin de apaciguar las discusiones, el Consejo Internacional de Museos ha elaborado un código de ética que estipula que los restos humanos “solo deben adquirirse si pueden conservarse de forma segura y ser tratados con respecto”. También prestando la debida atención a “los intereses y las creencias” de la comunidad de origen.

Herwig Czech, profesor de historia de la medicina en la Universidad de Viena, afirma que hoy sería impensable que “alguien muriera en un hospital y que luego reapareciera en una exposición”. También sería macabro para los que lo conocieron, evidentemente.

Por otra parte, Eloise Quetel, directora de las colecciones médicas e la Universidad de la Sorbona, París, dice que hay que tener en cuenta la ética de estas exposiciones y que “no pueden presentarse como antes”. Los visitantes no deben solo ir a ver restos humanos, sino que deben saber “por qué se reunieron y conservaron estas colecciones”.

Aunque la exposición de Viena no tiene los problemas espinosos relacionados con el colonialismo, Vohland asegura que se debe tener cuidado con el origen y legalidad de las muestras, ademas de que se debe “conocer el contexto en el que llegaron los especímenes”.

“Es muy importante saber qué podemos mostrar al público”.

Fuente del artículo: AFP

El museo de Cantabria

En marzo de 2019, justo antes del confinamiento, se inauguró el Museo de Anatomía Patológica de Valdecilla, con unas 400 piezas en su colección. Casi todas las piezas expuestas se han obtenido a partir de las más de 13.000 autopsias realizadas en los últimos 50 años.

Eugenio Manuel Fernández Aguilar

Eugenio Manuel Fernández Aguilar

Soy físico de formación, aunque me interesan todas las disciplinas científicas. He escrito varios libros de divulgación científica y me encanta la Historia de la Ciencia.

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