Encuentran a las primeras víctimas fosilizadas del asteroide de hace 65 millones de años

Se trata de un cementerio de peces, mamíferos, materia vegetal, insectos e incluso un resto de un Triceratops, que quedaron sepultados minutos después del impacto.

 

Hace unos sesenta y cinco millones de años, nuestro planeta vivió un escenario de horror que condujo a la extinción masiva del Final del Cretácico (de la que se desconoce su duración exacta), la quinta y última de la historia del planeta Tierra hasta el momento.

En ella, la mayor parte de los animales terrestres, (entre ellos los poderosos dinosaurios) y también gran parte de la fauna marina, sucumbió. El desencadenante fue un fragmento de roca de diez kilómetros de diámetro que impactó con la Tierra destruyendo todo a su paso.

Tras años de trabajo e investigación, ahora, científicos de la universidad UC Berkeley han encontrado a las primeras víctimas de este evento destructivo. Se trata de un auténtico cementerio único y fosilizado, como describe la Universidad en un comunicado, rico en materia orgánica: árboles quemados, ramas de coníferas, peces y mamíferos muertos, huesos de mosaurio, insectos, e incluso la carcasa parcial de un Triceratops, además de otros microorganismos marinos (como dinoflagelados y cefalópodos).

Todos ellos murieron a la vez.

 

Tal y como describen los investigadores: “En ninguna otra sección de límites K-T (un cronohorizonte geológico conocido como límite Cretácico-Paleógeno)  se puede encontrar una colección de este tipo, que consiste en un gran número de especies que representan diferentes edades de organismos y diferentes etapas de la vida, todas las cuales murieron al mismo tiempo, el mismo día”.

Las evidencias permiten incluso recrear con detalle ‘el escenario de la muerte’ (minutos después del impacto), que ha sido excavada en un sitio de fósiles sin precedentes en Dakota del Norte. Vamos allá.

Imagen: Peces fosilizados apilados uno encima de otro, sugiriendo que fueron arrojados a tierra y murieron varados en una barra de arena después de que el seiche se retiró./Robert DePalma.

 

Reconstrucción de los hechos

En el instante del impacto, el asteroide (mayor que el monte Everest) tenía una altura casi igual a la de los aviones de pasajeros en el aire. Se movía a más de setenta mil kilómetros por hora (más rápido que una bala) e impactó en lo que hoy es el Golfo de México, junto a la península del Yucatán.

El asteroide destruye todo lo que toca en el área del impacto; incluso el propio asteroide, que se desintegra al momento. Desencadena una energía equivalente a millones de bombas nucleares detonadas al mismo tiempo.

Ningún lugar es seguro ya en la Tierra, debido al tsunami desencadenado y a la onda expansiva; no obstante, lo el área con más destrucción es la zona cero del impacto, donde se generó una ola de tsunami en un mar interior que mató y enterró peces, mamíferos, insectos… y otros animales más grandes.


Un violento temblor levantó olas gigantes en las aguas de un mar interior en lo que hoy es Dakota del Norte. Entonces, pequeños pedazos de vidrio empezaron a caer del cielo como gotas de agua. La lluvia de cristales era tan fuerte que pudo haber incendiado gran parte de la vegetación. En el agua, los peces luchaban por respirar mientras los pequeños vidrios obstruían sus branquias.

Una de las consecuencias de la onda expansiva es la formación de una gran pared de agua, que avanzó arrojando cientos (incluso miles) de peces de agua dulce, que fueron enterrados en el barro a varios centímetros de profundidad. Después, un torrente de rocas, arena fina y más lluvia de vidrio continuó durante otros 10 a 20 minutos, antes de que una segunda ola grande inundara la costa y cubriera los restos orgánicos con grava, arena y sedimento fino, y los sellara durante sesenta y cinco millones de años, hasta nuestros días.

Perlas de vidrio o tektitas, formadas a partir de rocas fundidas por el impacto.


No obstante, la investigación viene de largo. El investigador Mark Richards, y el profesor de la Escuela de Graduados de UC Berkeley Walter Alvarez fueron quienes plantearon hace cuarenta años por primera vez la hipótesis de que un impacto de asteroide causó la extinción masiva.

Ambos científicos fueron convocados por los autores del estudio, el paleontólogo Robert DePalma y el científico holandés Jan Smit, para consultar sobre la lluvia de ‘perlas de vidrio’ y olas de tsunami que enterraron y preservaron a los peces. Es interesante la formación de las perlas en cuestión, llamadas tektitas, que se formaron en la atmósfera a partir de rocas fundidas por el impacto.

Este ‘campo de matanza’ se estableció, de acuerdo con los investigadores, pocos minutos después del impacto del asteroide, que desencadenó, no solo las consecuencias locales de la colisión, sino una catástrofe global que acabaría con el setenta y cinco por ciento de la vida en la Tierra, (incluidos todos los dinosaurios terrestres).

Laura Marcos

Laura Marcos

Nunca me ha gustado eso de 'o de ciencias, o de letras'. ¿Por qué elegir? Puedes escribirme a lmarcos@zinetmedia.es

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