En el futuro venderemos nuestro propio genoma

Actualmente, nuestros datos personales son oro para las empresas pero, ¿y si pudiéramos vender también nuestra información genética?

Vender nuestro genoma
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¿Te has preguntado alguna vez por qué tantas cosas que usamos a diario son gratis? WhatsApp, Google, Facebook y otras tantas apps no solo no cobran a sus usuarios sino que tienen un gran valor. La respuesta es sencilla: obtienen una gran cantidad de datos de sus usuarios y eso mueve mucho más dinero de lo que nosotros podríamos pagarles. Hoy en día, la información es poder y dinero, así que las reglas del juego han cambiado. 

Además de los datos de cómo nos movemos, qué hacemos o qué nos gusta, hay un nuevo tipo de dato que posiblemente se acabe imponiendo sobre los demás: cómo somos. Esta información está codificada en nuestro ADN y la biotecnología avanza a pasos tan agigantados para extraer conclusiones de ella.  

El ADN, codificado en el interior de nuestras células, es como el libro de instrucciones de un organismo. La lectura del genoma humano nos permite conocer qué predisposiciones tenemos, por ejemplo, a padecer determinado tipo de enfermedad.

Tener la información genética de todas las personas posibles sería un sueño para muchas empresas, sobre todo farmacéuticas o aseguradoras. Por ejemplo, se podría saber quién tiene predisposición al cáncer, a la diabetes, y a otras muchas enfermedades. Hoy en día solo se secuencia el genoma de una persona en caso de necesidad, pero ya hay quien pide que esto se empiece a hacer a todos los recién nacidos para detectar tempranamente enfermedades.

Pensando en esto, una nueva startup llamada Nebula Genomics ha tenido una idea. Quieren que cada persona pueda secuenciar —leer— su genoma y que, tras pagar (ahora mismo cuesta unos mil dólares, aunque el coste no deja de bajar), los datos le pertenezcan. Así, después podrán elegir vender esos datos a empresas. 

Desde Nebula Genomics sugieren que otras compañías que se encargan de secuenciar genomas por encargo podrían estar vendiendo ya los datos de sus clientes, así que quieren diferenciarse de estas prácticas cuestionables ofreciendo transparencia.  

 

Quedan pocos años para que seamos capaces de comprender por completo lo que dicen nuestros genes, y esto podría cambiar radicalmente nuestra visión de la vida. Sin duda, ser capaces de descifrar nuestros genes conlleva un gran debate ético. ¿Queremos saber si vamos a tener cáncer? ¿Es justo decirle a alguien que quizás desarrolle cierta enfermedad? ¿Pueden las aseguradoras negarse a darnos un seguro si tenemos propensión al infarto? 

Conocer el contenido de nuestro genoma puede sernos muy útil, ayudarnos a prevenir enfermedades y a curar otras más rápido y mejor, pero también conlleva unas implicaciones éticas que tenemos que conocer y valorar.

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