En el amor y en la guerra todo está permitido, incluso entre los animales

Las estrategias sexuales en el reino animal son muy diversas y van desde el travestismo y la esgrima del pene hasta la violación, pasando por otras no reproductivas como la masturbación.

Bien es sabido que en el amor y en la guerra todo está permitido y eso lo llevan a rajatabla algunas especies, como la salamandra de los Apalaches, un anfibio con pinta de lagarto. Los machos no depositan el semen directamente, sino que lo dejan en una bolsa, el espermatóforo, e intentan convencer a las hembras para que lo recojan. Es en este momento, mientras el macho ejecuta su danza y la hembra lo sigue, cuando otro macho se cuela en medio y hace todo lo posible para convencer al primero de que es la hembra. Si lo logra y el otro macho deposita el espermatóforo, el avispado competidor se larga con la hembra y lo deja ahí, plantado y sin novia. Este trasvestismo también se produce en la cochinilla de las esponjas, una especie donde algunos machos se parecen enormemente a las hembras mientras que el resto les dobla en tamaño. Por eso, la única forma que tiene de llegar a una hembra es inflitrarse en los harenes de los machos grandes haciéndose pasar por una de ellas. 

Esgrima de penes

Uno podría pensar que en los animales hermafroditas esta competencia sexual es inexistente. Sin embargo, un claro contraejemplo es el platelminto Pseudoceros bifurcus. Aunque es hermafrodita tiene una carencia más que marcada hacia el papel de macho, todo debido a que en él ha evolucionado una técnica de inseminación relámpago que consiste en clavar el pene en cualquier lugar del cuerpo de la víctima. ¿Qué hace el otro para evitarlo? Algo que entre los machos humanos jóvenes se toma a cachondeo: esgrima del pene. Y como en todo torneo de esgrima que se precie, la idea no es matar sino herir con la punta en unos duelos que pueden durar hasta una hora. 

No solo pelean los machos: entre las hembras del sapillo balear (Alytes muletensis) son comunes las peleas y no dudan en robar el macho a otras entremetiéndose en el cortejo y agarrando al macho por detrás con el fin de impedir que no pueda excitar convenientemente a su pareja. Esto es así porque el macho sapillo es un padre amoroso. Desde su escondite entre las rocas de Mallorca croa sus canciones de amor para atraer a la hembra. Si a ella le gusta su aspecto lo acariciará en el hocico, que es la forma de decir en lenguaje de sapo mallorquín “vamos al lío”. Él la agarra por detrás y le rasguea los genitales con los dedos de los pies mientras ella se mantiene muy quieta. Así siguen durante un par de horas -con las debidas pausas de descanso- aunque el acto amoroso puede extenderse toda la noche.

Cuando la hembra ya está lo suficientemente excitada, entre espasmos libera los huevos envueltos en una especie de gelatina. Entonces el macho abraza el cuello de la hembra, expele el esperma y empieza a abrir y cerrar las patas convulsivamente con el fin de enrrollar la hebra de huevos alrededor de sus patas, donde estarán hasta que eclosionen. Y ése es el problema: mientras tiene los hijos a su cargo no está disponible para otras hembras, mientras que ellas generan una nueva remesa de huevos y tienen la imperiosa necesidad de encontrar un macho si no quieren perder la puesta. La lucha por los amantes disponibles comienza...

Abusos sexuales

La violación es otra de las estrategias reproductivas el mundo animal. Algunos machos del murciélago https://www.muyinteresante.es/naturaleza/articulo/9-cosas-que-nos-sabias-sobre-los-murcielagos marrón americano (Eptesicus fuscus) se cuelan en las cavidades de hibernada y violan a las hembras -y de paso a algunos machos- que están en letargo. El abejarruco frontiblanco, un pequeño pájaro que vive en el África Oriental y Central, forma parejas estables a lo largo de su vida pero eso no significa que sean fieles ni repetuosos con el otro sexo; de hecho, la violación es común entre ellos.

Curiosamente, no son los “solteros” los violadores, sino los “casados”, que suelen atacar de forma regular a las hembras nidificantes, de modo que se cumple la máxima policial de que el culpable es un conocido: en este caso, el macho del nido vecino. ¿Y por qué deja el marido sola a su esposa? Porque seguramente ha salido a violar a alguna hembra cercana. La situación está tan extendida que si una hembra se aventura sola fuera del nido lo más probable es que la persigan entre uno y doce machos.

En algunas colonias, cada hembra es víctima de un intento de violación cada cinco días. Por contra en otras especies la escasez de machos es alarmante y las hembras se dedican a perseguir a todo macho que se cruza en su camino. Esto le sucede a la mariposa africana Acraea encedon: en Uganda más del 90% de la población son hembras debido a una horrible enfermedad causada por la Wolbachia, una bacteria que mata a los bebés macho al comienzo del desarrollo embrionario. 

Onanismo animal

¿Y la masturbación? Los machos jóvenes de iguana marina están deseosos de usar alguno de sus dos penes (como tienen muchos reptiles) pero al ser jóvenes su tamaño es lo suficientemente pequeño para que un macho maduro pueda aguarles la diversión, quitándoles de enmedio mientras están montando a una hembra. Por eso se masturban cuando ven a una hembra, para reducir el tiempo que necesitan para eyacular. Claro que para masturbadores compulsivos están los primates: las hembras del mangabeye de boina roja (Cercocebus torquatus), que vive en la selvas del África Occidental, se autoestimulan mientras tienen sexo y los orangutanes, ya sean machos o hembras, usan juguetes sexuales que se fabrican con hojas y ramitas. Por su parte, los machos de ciervo se entregan al onanismo al frotar las puntas de su cornamenta contra la hierba. Y debe ser apoteósico pues se corren a los 15 segundos.

Homosexualidad animal

Lejos de constituir una conducta 'desviada' -como pregonan puritanos y mojigatos- es algo bastante habitual. La mejor síntesis realizada hasta la fecha es el libro publicado en 1999 Biological Exuberance, del biólogo Bruce Bagemihl. Allí se documenta cómo hay pájaros hembra que mantienen relaciones sexuales y construyen nidos juntas, otros animales viven en comunas y mantienen relaciones con independencia del sexo del compañero, e incluso los hay transexuales, que combinan comportamientos y apariencias tanto de machos como de hembras. Por cierto, cuando los biólogos hablan de homosexualidad animal no sólo se refieren a intercambio sexual, sino también a cortejo, emparejamiento e incluso actividades parentales.

Curiosamente, entre las aves las parejas homosexuales a veces superan a las heterosexuales en número de huevos, tamaño del nido y cuidados a la progenie. Resulta difícil decir cuántas especies poseen comportamientos supuestamente “no naturales”. Entre mamíferos y aves las estimaciones rondan entre el 15 y el 30%. Ejemplos los tenemos en todos los primates, delfines, ciervos, jirafas, gacelas, leones, jabalíes, tortugas, gaviotas, garzas. Hasta la más famosa mosca utilizada en la investigación científica, la Drosophila melanogaster, es gay. Eso sí, de todos los comportamientos sexuales posibles solo uno es no natural: el celibato.

Referencias:

Bagemihl, B. (1999) Biological Exuberance: Animal Homosexuality and Natural Diversity, Stonewall Inn Eds 

Judson, O. (2003) Dr. Tatiana's Sex Advice to All Creation: The Definitive Guide to the Evolutionary Biology of Sex, Holt Paperbacks

Roughgarden, J. (2006) Evolution’s Rainbow, University of California Press 

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Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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