El tiranosaurio no podía sacar la lengua

Una nueva investigación ha revelado que muchos dinosaurios eran incapaces de sacar la lengua entre sus mandíbulas, aunque a menudo se les haya representado así.

Los dinosaurios y los modernos aligátores –unos reptiles parecidos a los caimanes– presentan ciertas peculiaridades anatómicas que muestran su parentesco. Así, algunos estudios apuntan que el sistema respiratorio de ambos era similar, especialmente adaptado para prosperar en un entorno en el que el suministro de oxígeno es limitado –cuando vivieron los primeros dinosaurios, el aire contenía un 12% de este gas; hoy posee un 21%–.

Ahora, un trabajo publicado en la revista PLOS ONE mantiene que, muy probablemente, los dinosaurios mantenían la lengua pegada a la parte inferior de la cavidad bucal, al igual que los mencionados aligátores. Esto les conferiría un aspecto notablemente distinto del que muestran en muchas de las representaciones en las que aparecen estos animales; en ellas, a menudo, se les ve con la lengua fuera de la boca, extendida entre las mandíbulas, como hacen muchos lagartos.

Para determinarlo, un equipo de investigadores de la Universidad de Texas, en Austin, y de la Academia China de las Ciencias ha comparado los huesos hioides –unas piezas óseas situadas bajo la lengua– de los aligátores, de varias aves modernas y de distintas especies de pterosaurios y dinosaurios –entre ellas, un Tyrannosaurus rex–, con los que todos están más o menos emparentados.

De ese modo, se percataron de que, en el caso de los dinosaurios y los aligátores, los citados huesos se parecen notablemente; se trata de estructuras simples y cortas, sobre las que se dispone la lengua, que no presenta una gran movilidad. “Estos huesos eran muy reducidos en la mayoría de los dinosaurios. En los crocodilios –el orden en el que se incluyen los aligátores– también se observa esta característica, y en ellos la lengua permanece fija en el suelo de la boca”, señala Julia Clarke, una de las firmantes del ensayo, del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de Texas. En un estudio de 2016, Clarke ya había mostrado que las vocalizaciones de los dinosaurios seguramente se parecían a los sonidos que emiten los cocodrilos y las avestruces.

 

La conexión lengua-vuelo

Por el contrario, los pterosaurios, las aves y los dinosaurios más parecidos a estas presentan una gran variedad de huesos hioides, lo que ha llevado a los investigadores a pensar que esta particularidad podría estar relacionada de algún modo con la capacidad de volar. Reconocen que se trata de un planteamiento que exige estudios más detallados, pero, de momento, proponen que moverse por el aire conllevó un cambio sustancial en la forma de alimentarse. Con las alas no se podían manipular las presas, lo que podría haberse visto compensado con el desarrollo de una lengua más móvil.

 

Asimismo, los ornitisquios, unos dinosaurios herbívoros, entre los que se incluyen los estegosaurios, los anquilosaurios o los triceratops, por ejemplo, también presentan unos huesos hioides más complejos. “En el estudio de los animales extintos, las lenguas se suelen pasar por alto. No obstante, a menudo nos proporcionan pistas fundamentales sobre sus hábitos”, indica Zhiheng Li, un experto en análisis filogenético y evolución de vertebrados de la Academia China de las Ciencias, que también ha participado en esta iniciativa.

Referencia: Convergent evolution of a mobile bony tongue in flighted dinosaurs and pterosaurs. Zhiheng Li et al. PLOS ONE. DOI: doi.org/10.1371/journal.pone.0198078

Imagen: Elmion via Wikimedia / CC

Abraham Alonso

Abraham Alonso

Desde 1997 me dedico a la feroz tarea de contar la ciencia –lo único que puede salvarnos de nosotros mismos– y el futuro. A veces lo consigo.

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