El Renacimiento de los Dinosaurios

En la década de 1970 cambió nuestra imagen de los dinosaurios para siempre, fue la ‘Dinosaur Renaissance’, el Renacimiento de los Dinosaurios.

Desde los primeros descubrimientos de dinosaurios en el siglo XIX, al ser clasificados como reptiles, se les asumió un estilo de vida y metabolismo típicamente reptiliano. Esto, aplicado a animales de varias toneladas, resultó en la imagen de los dinosaurios como reptiles torpes, tontos, lentos y pesados. Experimentos fallidos de la naturaleza, que estaban condenados a extinguirse.

A lo largo del pasado siglo XX se fueron acumulando descubrimientos de nuevas especies de dinosaurios, aquella vieja imagen seguía imperando, y junto a los dinosaurios, todo el mundo mesozoico sufría de unos prejuicios terribles. ¿Cómo iba a ser un mundo dominado por reptiles sino un mundo condenado a desaparecer?

Pero las cosas cambiaron con el tiempo. En 1931, durante una expedición a Montana del Museo Americano de Historia Natural, el paleontólogo Barnum Brown encontró el esqueleto de un dinosaurio ornitópodo, Tenontosaurus. Junto a los huesos de este animal, aparecieron huesos de un pequeño dinosaurio terópodo, pero sus restos aparecieron dentro de una roca especialmente dura. Tuvieron que pasar treinta años para que se volviera a ese yacimiento a recuperar más fósiles de este misterioso terópodo.

En 1969 el paleontólogo John Harold Ostrom publicó aquel nuevo dinosaurio, al que llamó Deinonychus antirrhopus, que significa “terrible garra con contrapeso”, en referencia por un lado a la enorme garra curva de su pie y por otro lado a su cola, aparentemente rígida, que ayudaría a mantener el equilibrio durante la carrera y los saltos. El resultado de estas investigaciones hizo tambalearse la imagen que teníamos de los dinosaurios. Tanto, que este trabajo de Ostrom se considera como uno de los hitos más importantes en la paleontología de mediados del siglo XX: la prueba definitiva de que no todos los dinosaurios eran grandes, lentos y pesados.

Deinonychus era esbelto y grácil. Tenía unas patas posteriores largas, perfectas para correr y saltar, rematadas por garras afiladas, en especial su “garra terrible”, típica de los dromis o raptores. Sus brazos eran largos y se asemejaban mucho a los huesos de las alas de los pájaros. La cola, larga y elevada en posición horizontal, ayudaría como contrapeso durante la carrera y los saltos. Estábamos ante un dinosaurio grácil y rápido, un depredador que no tiene nada que ver con aquella imagen de dinosaurios tontos y lentos condenados a extinguirse.

Pero el hallazgo de ágiles depredadores sólo fue el comienzo de esta revolución. En 1975 los paleontólogos John R. “Jack” Horner y Bob Makela se desplazaron hasta Montana buscando el lugar de origen de unos fósiles de cáscaras de huevo y huesos muy pequeños que habían llegado hasta su laboratorio. Preguntando a comerciantes locales, llegaron a unos afloramientos de la Formación Two Medicine, del Cretácico Superior. En el yacimiento encontraron estructuras con forma de nido, en cuyo interior encontraron huesos fósiles de crías. Lo que realmente contituyó un gran descubrimiento fue que los dientes de las crías dentro de los nidos mostraban signos de desgaste, lo que demostraba que habían estado alimentándose en el propio nido. Y eso sólo tenía una interpretación posible: sus progenitores les alimentaban, cuidaban de ellos. Un verdadero bombazo que ayudó a ver a los dinosaurios como animales que podían ser sociales, que elaboraban nidos y cuidaban de su descendencia, alejándose todavía más de la imagen de reptil estúpido y lento que se tuvo durante décadas.

 

 

La Dinosaur Renaissance tuvo otro descubrimiento como aliado: la propia biología de los dinosaurios, a través de los estudios paleohistológicos. Este nuevo impulso se lo debemos al paleontólogo francés Armand de Ricqlès, que aplicó sus estudios de histología ósea de animales actuales a vertebrados fósiles, con especial interés en los dinosaurios. En sus trabajos puso de manifiesto que los dinosaurios saurópodos se caracterizaban por la abundancia de un tejido óseo característico, el hueso fibrolamelar. Este tejido óseo es típico de animales de crecimiento rápido y metabolismo alto, lo que demostraba que los dinosaurios no tenían un metabolismo típicamente reptiliano.

Esta nueva imagen de los dinosaurios fue mucho más que un “cambio de moda”, fue un cambio de paradigma científico, que con el paso del tiempo fue impregnando poco a poco todas las subdisciplinas de la paleontología de dinosaurios. Y tuvo consecuencias: se impulsaron de nuevo sus excavaciones y aumentaron sus estudios desde la perspectiva paleobiológica. Y también empezaron a cambiar sus reconstrucciones, ya que el paleoarte es el reflejo del conocimiento científico del momento. A nivel popular, este cambio fue muy lento, pero el carpetazo definitivo que transmitió esta nueva imagen de los dinosaurios a todo el público fue el estreno de Jurassic Park en 1993.

Antes de la Dinosaur Renaissance, al considerar a los dinosaurios com o reptiles obsoletos, su extinción no le quitaba el sueño a nadie. Ahora, los valoramos de una manera muy cercana a nosotros, los mamíferos. Y si ellos desaparecieron, estando bien adaptados a su medio ¿podríamos también desaparecer nosotros?

 

Referencias:

Sanz, J.L. 2007. Cazadores de dragones: Historia de los paleontólogos que descubrieron y estudiaron los dinosaurios. Ed. Ariel.

Gascó, F. 2021. Eso no estaba en mi libro de historia de los dinosaurios. Guadalmazan.

Paul, G. 1988. Predatory dinosaurs of the world. New York, Simon and Schuster, 464 p.

Horner, J.R.; Makela, R. 1979. Nest of juveniles provides evidence of family structure among dinosaurs. Nature, 282 (5736): 296-298. 

Ostrom, J. H. 1970. Stratigraphy and paleontology of the Cloverly Formation (Lower Cretaceous) of the Bighorn Basin area, Wyoming and Montana. Bulletin of the Peabody Museum of Natural History, 35: 1-234.

Pakozoico

Francesc Gascó-Lluna (Pakozoico)

Doctor en Paleontología, especialista en dinosaurios y profesor en la Universidad Isabel I. Miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Paleontología e investigador colaborador del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED. Su especialidad es la paleobiología, la reconstrucción de la biología de estos seres vivos del pasado, en especial a través del estudio de sus huesos al microscopio.

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