El polvo lunar mataría las células de los astronautas

Un experimento apunta a que la exposición duradera a este material fino, ultraseco y eléctricamente cargado sería fatal para los futuros colonizadores de la Luna.

Aldrin en la Luna

Harrison Schmitt, astronauta de la misión Apollo 17 (1972), dijo que se trajo como recuerdo de su viaje al satélite terrestre una especie de “alergia lunar”, con estornudos, irritación de la garganta y acuosidad en los ojos, entre otros síntomas. El responsable fue el regolito, nombre que recibe el polvo fino y punzante como cristal machacado que cubre la superficie de la Luna.

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Experimentos con ratones ya habían demostrado el potencial efecto nocivo de esas pequeñísimas partículas –con diámetros de milonésimas de metro–, capaces de infiltrarse en el conducto respiratorio e incluso en los alvéolos pulmonares, pero un nuevo estudio, publicado en la revista GeoHealth, amplía el parte de posibles daños a las células del organismo humano y su ADN. Esto complicaría un poco más la posibilidad de enviar allí astronautas en misiones duraderas, como el propio presidente estadounidense, Donald Trump, anunció hace unos meses.

Dada la imposibilidad de montar un laboratorio en la Luna, los científicos de la Universidad Stony Brooke de Medicina, en Nueva York, responsables del experimento diseñaron un sucedáneo de regolito con materiales terrestres. Para ello tuvieron en cuenta que el polvo lunar, formado por los impactos de meteoritos durante miles de millones de años, presenta unas características muy especiales, al margen del tamaño y consistencia de sus partículas. Sin atmósfera protectora que actúe de filtro ni algo parecido a un clima, la superficie lunar está directamente expuesta a los vientos solares.

 

Además, en la composición del polvo no existen compuestos orgánicos o que incluyan agua, como la mica o la arcilla. Se trata de un material extremadamente seco y, sobre todo, con una importante carga electrostática, hasta el punto de que las partículas llegan a “levitar” sobre el suelo. De ahí que se adhieran a cualquier superficie, maquinaria y trajes espaciales incluidos, como tuvieron oportunidad de comprobar los integrantes de las misiones tripuladas Apollo entre 1969 y 1972. 

Masacre celular

Los investigadores de la Universidad Stony Brooke cultivaron líneas celulares de los pulmones y el cerebro (procedentes de personas y ratones, respectivamente) y las expusieron durante prolongados periodos de tiempo al regolito de diseño, con los resultados que ya se han apuntado antes. El 90% de las células presentaban anomalías y morían, a veces con alteraciones significativas de su ADN.

 

No se sabe por qué les ocurre esto a ciencia cierta, pero los expertos en principio lo atribuyen más a la forma y tamaño del polvo lunar que a su composición química. “Si las estancias en la Luna duran semanas, meses o incluso más, será muy difícil eliminar los riesgos en los pulmones de los astronautas”, ha declarado el bioquímico Bruce Demple, autor principal del estudio.

Aunque quizá lo que más ha sorprendido a los investigadores es que la capacidad del regolito sintético para generar radicales libres (átomos con electrones desparejados) no producía los efectos esperados en las células expuestas. Lo ideal, apuntan los autores del estudio, es que la NASA proporcione muestras reales del suelo lunar para profundizar en esta línea de estudios.

 

Más información: "Assessing Toxicity and Nuclear and Mitochondrial DNA Damage Caused by Exposure of Mammalian Cells to Lunar Regolith Simulant". doi.org/10.1002/2017GH000125

 

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