El origen de la Atlántida: ¿qué hizo desaparecer Amnisos y Heracleion?

Es posible que la leyenda de la Atlántida de Platón tuviera su origen en la explosión volcánica que destruyó la isla de Santorini y acabó con la floreciente civilización minoica en la cercana isla de Creta.

 

En 1932 el arqueólogo Spyridon Marinatos excavaba en el sitio de Amnisos, que había servido como puerto del gran palacio de Knossos en Creta. Marinatos, mientras excavaba los restos de una lujosa vivienda minoica bautizada como “la Villa de los Lirios” por los espléndidos frescos que decoraban las paredes interiores, descubrió algo asombroso. La villa había sido sacada de sus cimientos por alguna extraña y poderosa fuerza. A medida que Marinatos descubría más huellas del desastre en otros puntos de la isla, se convencía de que la civilización minoica había sido masacrada por alguna fuerza natural de increíbles proporciones.

En 1939 publicó un artículo en la revista Antiquity titulado La destrucción volcánica de la creta minoica. Marinatos proponía que fue un volcán, más concretamente el de la cercana isla Santorini (conocida en la antigüedad como Tera), la causa de la destrucción de la civilización minoica. La erupción, seguida de violentos terremotos que originaron tremendas olas de marea, tuvo como resultado la destrucción de los asentamientos de la población, mientras que las cenizas expulsadas por el volcán volvieron incultivables las tierras. En 1967 Marinatos descubría en el sitio de Akrotiri, en Santorini, una ciudad totalmente sepultada, como Pompeya: para la revista National Geographic se había desenterrado la Atlántida de Platón.

La destrucción de la civilización minoica

Todo ocurrió hacia 1630 a.C. Un día, un violento terremoto destrozó gran parte de la ciudad de Akrotiri. Sus habitantes se afanaron en la reconstrucción de sus casas ignorando lo que sucedería tiempo más tarde -aunque en un principio Marinatos propuso una secuencia de hechos prácticamente continua entre el terremoto y la erupción volcánica, investigaciones posteriores han ampliado el tiempo transcurrido-. Unas dos semanas después de la catástrofe, el volcán de Santorini entró en erupción: la enorme nube de cenizas, lava y piedras alcanzó los 30 km de altura, el techo del volcán se vino abajo y se formó una caldera de 400 metros de profundidad. Mientras, el habitual viento del norte arrastró las cenizas y piedras más pequeñas hacia las islas situadas al sur y al este, llegando a cubrir los campos de Creta, a casi 100 kilómetros de distancia. Incluso las cenizas alcanzaron las ciudades norteñas de Egipto, donde sus habitantes no vieron la luz del Sol durante días. La cantidad de cenizas volcánicas depositadas fue tal que hizo impracticable la agricultura durante años.

Según Marinatos, la misteriosa desaparición de la civilización minoica -la primera civilización cretense de la Edad del Cobre y del Bronce- se produjo debido a la erupción del volcán de Santorini -el arqueólogo griego apuntó a tsunamis que barrieron las ciudades portuarias cercanas-, pero todavía no se ha podido correlacionar directamente ambos hechos. Otros arqueólogos apuntan a que la erupción de Tera y las catástrofes naturales que la acompañaron debilitaron significativamente el imperio minoico que lo hizo más vulnerable a invasiones posteriores, como pudo ser la de los micenos.

El descubridor de esta catástrofe, Marinatos, murió al caer de un andamio mientras excavaba en el yacimiento de Akrotiri en 1974, pero subsiste la sospecha de que fue empujado por alguno de sus propios trabajadores, unas personas excesivamente devotas que veían las investigaciones del arqueólogo como una blasfemia.

La desaparición de la civilización monoica no es el único misterio relacionado con un fenómeno geológico en el Mediterráneo: poco más de un milenio más tarde, en el siglo II a.C., una ciudad portuaria egipcia llamada Thonis (Heracleion para los griegos) se hundió en el mar.

Una ciudad hundida en el mar

Heracleion se construyó en algunas islas del delta del Nilo y, como en Venecia, la cruzaban diferentes canales que tenían varios fondeaderos. Sus muelles, templos y casas-torre estaban conectados por puentes y pontones. La ciudad era un puerto comercial; de hecho en el Período Tardío del Antiguo Egipto (que comienza en el siglo VII a. C.) era el principal puerto de entrada de mercancías al país del Nilo. Tenía una ciudad hermana, Náucratis, que se encontraba a 72 km y que, según Herodoto, era el único puerto comercial autorizado dentro del delta del Nilo: las mercancías se llevaban hasta allí o, en su defecto, a la cercana ciudad costera de Canopo, para su posterior distribución por el interior de Egipto. Tanto ésta como Heracleion terminarían bajo el mar y sus restos no serían descubiertos hasta tiempos después: los de Canopo, por parte de un piloto de la fuerza aérea inglesa (RAF) en 1933, y Heracleion, en el año 2000 tras dos años de intensa búsqueda, sumergida en la bahía de Abu Quir. Los primeros vestigios se localizaron a más de seis kilómetros de la actual línea de costa.

Tanto Heracleion como Canopo desaparecieron tragadas por el Mediterráneo hacia finales del siglo II a.C. sin que se conozcan a ciencia cierta las causas para el desastre. Los arqueólogos sospechan que sus edificaciones se fueron debilitando por una combinación de terremotos, tsunamis y aumento del nivel del mar. A finales del siglo II a. C., y probablemente después de una fuerte inundación, el terreno sobre el que estaban construidas cedió: la arcilla endurecida se convirtió en líquido y los edificios se derrumbaron. Un final que nos vuelve a hacer pensar en la mítica Atlántida...

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

Continúa leyendo