El niño que cazaba dinosaurios

Paul Olsen descubrió a sus catorce años cientos de huellas de dinosaurios cerca de Nueva York.

 

Hay historias reales que dan para una película de domingo por la tarde con la que pasar un rato entrañable. Niños en bicicletas, una banda sonora que inspire a soñar y el empeño del protagonista en lograr que los mayores tomen en serio lo que hasta ahora parece algo insignificante. Algo así ocurrió con Paul Olsen en un pueblo cercano a Nueva York durante la década de los sesenta.

Un “poco” de contexto

Para entender el contexto nos tenemos que ir solo un poco más atrás en el tiempo. Hace 200 millones de años, fuerzas descomunales en forma de gravedad, calor y presión hicieron que los continentes empezaran a separarse. Hasta entonces toda la masa terrestre había estado unida en un bloque, pero llegó el momento en que  Pangea se abrió en dos y, cuando un continente se resquebraja, lo que sale a la superficie es lava, calor y humo con gases tóxicos. Pero no un poquito, no. Estamos en una escala geológica y sabemos que a veces cuesta imaginar las cosas en términos tan apocalípticos. Hablamos de mil metros de altura de lava. Ocho millones de kilómetros cuadrados fueron cubiertos por tierra y rocas ardiendo.

El calentamiento global causado por este evento geológico fue de dimensiones drásticas. Una de las extinciones en masas de las cinco que se han dado en la historia de la historia. El treinta por ciento de las especies desapareció, pero, por increíble que parezca, la situación favoreció a un grupo de animales: los dinosaurios.

Por supuesto, un fenómeno de estas características deja rastros visibles en la actualidad. Cuando Pangea se dividió en dos, Norteamérica y Europa se separaron, al igual que Sudamérica y África. Fue entonces cuando el agua fue llenado el hueco que quedaba, hasta formar el océano Atlántico. En la costa este de Estados Unidos tenemos vestigios de esta ruptura. A lo largo del río Hudson, en Nueva York, se puede contemplar una línea de acantilados constituidos por basalto, una roca ígnea muy común en la superficie de la Tierra. Este terreno se formó por el magma que no logró salir a la superficie cuando el supercontinente Pangea se abrió. Unos kilómetros más al oeste sí que logró salir al exterior de la corteza terrestre y la lava formó las llamadas montañas Watchung, en el norte de Nueva Jersey. En medio de esas montañas está Livingston, una ciudad dormitorio con treinta mil habitantes.

Dinosaurios al lado de casa

Una mañana de 1968, Paul Olsen, de catorce años, quedó boquiabierto al leer una noticia en el periódico: habían encontrado huellas de dinosaurios muy cerca de su casa. Creo que todos los niños y niñas con un mínimo de curiosidad hemos pasado una etapa obsesionados con los dinosaurios, sobre todo los que formamos parte de la generación “Parque Jurásico”. A Paul Olsen no le hizo falta haber visto la película de Steven Spielberg para quedar totalmente atraído por aquellos animales gigantes y feroces del pasado que, ahora, sabía que habían vivido en su misma ciudad.

Aquella misma tarde después de haber leído la noticia, Paul se reunió con su amigo Tony Lessa y fueron en sus bicicletas a la cantera abandonada en la que habían encontrado las huellas de dinosaurios. No fueron los únicos interesados, claro. Olsen y su amigo conocieron allí a otros curiosos y buscadores de fósiles aficionados que enseñaron a los niños lo básico de los fósiles y cómo localizar más huellas.

Los incansables amigos acudían a la cantera con sus bicis cada vez que podían. De noche, alumbrados por linternas o una pequeña hoguera, en el frío invierno, el tiempo libre que les permitían las clases lo aprovechaban extrayendo losas y rocas en busca de fósiles. Más de un año estuvieron explorando la zona, pues la intensidad que le pone un niño a algo que le apasiona no tiene comparación con los cazafósiles esporádicos que abandonaron la cantera en cuanto se disipó la emoción del descubrimiento.

Paul Olsen (izquierda) y Tony Lessa posando con una de las huellas que encontraron. The National Archives
Paul Olsen (izquierda) y Tony Lessa posando con una de las huellas que encontraron. The National Archives

Querido señor presidente de los Estados Unidos de América...

Los chicos dieron con cientos de huellas de dinosaurio y otros animales. Su éxito fue tal que pronto empezaron a tener problemas. Además de que la cantera comenzó a ser utilizada ilegalmente como vertedero, mientras ellos estaban en el instituto, buscadores de fósiles acudían a robarles las huellas que los muchachos estaban en proceso de extraer. ¿Qué podían hacer? Pues de nuevo el empeño sin límite de un joven (casi insolencia): Paul Olsen no se quejó a sus vecinos, no, mandó cartas directamente al presidente de los Estados Unidos, por entonces Richard Nixon. Llegó a enviar moldes de huellas a la Casa Blanca para que entendieran la necesidad de proteger el yacimiento.

Su campaña tuvo cierto revuelo mediático e incluso apareció en un artículo de la revista Life. Su insistencia volvió a tener éxito: en 1970, los propietarios de la cantera donaron el terreno al condado y el lugar donde Paul Olsen había pasado tantas horas pasó a ser un parque de dinosaurios, el Rikel Hill Fossil Site. Un año después, el yacimiento fue nombrado Monumento Natural Nacional y el pequeño Olsen recibió un reconocimiento presidencial.

Paul Olsen estudió geología y paleontología, defendió su tesis doctoral en Yale y actualmente trabaja como profesor en la Universidad de Columbia, al otro lado del río Hudson, cerquita de “su” yacimiento. En 2008 fue nombrado miembro de la Academia Nacional de las Ciencias, uno de los honores más grandes para un científico de los Estados Unidos.

Como para no tener estima a la divulgación, el periodismo y la capacidad de soñar a lo grande de nuestra infancia, que no deberíamos perder nunca.

Referencias:

Kleiman, M. Amateur Teenage “Dinosaur Hunter’s” Find Ends up in the National Archives. The National Archives: archive.gov

Olsen, P et all. 1977. Triassic-Jurassic Tetrapod Extinctions: Are They Real? Science 197, 4307, 983-986. DOI: 10.1126/science.197.4307.983.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

Continúa leyendo