El misterioso color de Sirio, la estrella más brillante del cielo

El color de Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno, parece haber cambiado a lo largo de los siglos. El motivo sigue siendo un misterio a día de hoy.

 

Sirio es la estrella más brillante del cielo nocturno. Podemos encontrarla en todo su esplendor en los cielos invernales del hemisferio norte, con un brillo más del doble del que tiene la siguiente estrella más brillante del firmamento: Canopus, que puede verse principalmente desde el hemisferio sur.

Cuando Sirio se alza sobre el horizonte domina sobre el resto de estrellas que la acompañan en su viaje por la bóveda celeste. Tan solo el Sol, la Luna, Venus, Júpiter y en raras ocasiones Marte, brillan más que ella. Por esto mismo ha despertado el interés de estudiosos y curiosos desde que los seres humanos empezamos a dirigir nuestra mirada al cielo nocturno. Si sales al aire libre en algún lugar apartado de la contaminación lumínica de las ciudades poco después del atardecer y miras hacia el suroeste tal vez aún consigas verla. En otoño e invierno podrías disfrutar de ella durante prácticamente toda la noche.

Si te preguntara qué color tiene probablemente responderías que blanco o, tal vez, azulado. Y sin embargo, tenemos registros de astrónomos de la antigüedad que no estarían de acuerdo. Ptolomeo la describió en su Megale Syntaxis como rojiza, junto a otras estrellas cercanas que sí presentan este color, como Betelgeuse o Aldebarán. El escritor griego Arato, nacido cuatro siglos antes que Ptolomeo e incluso Séneca, también la describieron así.

En una estrella con un brillo más débil, el titileo resultante de la distorsión atmosférica podría dar lugar a cierta incertidumbre en cuanto al color con el que brilla dicha estrella. Pero la estrella más brillante del cielo nocturno no debería presentar este problema. Si comparamos Sirio con Betelgeuse (están bastante cercanas en el cielo), no cabe duda de que la primera tiene un color azulado o blanquecino mientras que la segunda brilla con tonos rojizos y anaranjados.

Sirio en la parte inferior, Betelgeuse la única estrella naranja
Wikimedia | Sirio en la parte inferior, Betelgeuse la única estrella naranja

Por tanto podría parecer que Sirio ha cambiado de aspecto durante los últimos dos mil años. Para intentar entender por qué, antes entendamos qué determina el color de una estrella. La diferencia principal entre Sirio, Rigel o Regulus y Betelgeuse, Arcturus o Antares está en la temperatura de su superficie. Mientras que el segundo grupo apenas alcanzan los 4 000 ºC de temperatura en su fotosfera, el primer grupo no baja de los 9 500 ºC. Estas estrellas, y el resto de estrellas del universo, emiten radiación como lo haría lo que en física se conoce como un “cuerpo negro [link a “Estrellas y la relacion entre su color y temperatura”]”. Este cuerpo negro sería cualquier objeto que sólo emita luz debido a su temperatura, absorbiendo cualquier luz que le alcance y no reflejando absolutamente nada.

Las ecuaciones del cuerpo negro, que se dedujeron a finales del siglo XIX, nos dicen que cuanto más alta sea la temperatura del objeto, la luz emitida será más energética. De ahí que las estrellas relativamente frías emitan luz principalmente en tonos rojos y naranjas mientras que las más calientes emitan luz principalmente azul.

Cuando se encuentran en la secuencia principal, es decir en la fase de fusión nuclear de hidrógeno y helio, las estrellas más pequeñas suelen brillar con un tono rojizo y las más masivas con un tono azulado. Las estrellas intermedias, como nuestro sol, brillan con tonos amarillentos o blanquecinos. Sin embargo, cuando las estrellas más masivas abandonan esta secuencia principal pueden llegar a expandirse considerablemente. Cuando esto ocurre, aunque su núcleo alcance temperaturas de millones de grados, su superficie se enfría, convirtiéndose en estrellas gigantes rojas.

Pues bien, si tomamos por ciertos los testimonios de estos pensadores de la antigüedad, parecería que Sirio ha sufrido alguna transformación durante los últimos 20 siglos. Sirio es en verdad un sistema binario, situado a poco más de 8 años luz de distancia (increíblemente cerca en términos astronómicos). La estrella más grande, la responsable del color que observamos en la actualidad es Sirio A, una estrella de unas dos veces la masa del Sol y algo más grande que este, alrededor de la cual orbita una enana blanca, Sirio B, con una masa similar a la de nuestra estrella pero un diámetro más parecido al de la Tierra.

Una opción por tanto para el cambio de color de Sirio sería la simple evolución de este par de estrellas. Se conoce que, tras su fase de gigantes rojas, algunas estrellas expulsan completamente sus capas exteriores y se convierten en enanas blancas, objetos en los que la fusión nuclear ya no se produce y que siguen brillando por el calor residual de su fase anterior. Esto es de hecho lo que creemos que le ocurrirá al Sol dentro de unos 5 000 millones de años. Sin embargo, dos mil años es un periodo demasiado corto como para que el sistema de Sirio haya sufrido un cambio tan radical en su aspecto, además de que un evento así debería haber dejado rastro en forma de una nebulosa alrededor del par estelar.

Otra opción sería algún tipo de interacción con una tercera estrella, más pequeña y débil que las dos conocidas, que hubiera dado temporalmente al conjunto ese color. Pero otra vez más, no se tienen pruebas de que tal compañera exista. Y de existir sería un cuerpo demasiado pequeño (como máximo unas pocas veces la masa de Júpiter) e incapaz de provocar cambios tan significativos en Sirio.

Todo esto hace que permanezca el misterio entorno al cambiante color de Sirio, un misterio que lleva acompañándonos ya varios siglos y que tanto podría deberse a leyes y procesos que desconocemos, como al error o la poetización de pensadores antiguos.

REFERENCIAS:

C. Ceragioli, 1995, The Debate Concerning 'Red' Sirius, Journal for the History of Astronomy. 26 (3), doi:10.1177/002182869502600301

C. B. Whittet, 1999), A physical interpretation of the 'red Sirius' anomaly, Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. 310 (2), doi:10.1046/j.1365-8711.1999.02975.x

José Luis Oltra de perfil

José Luis Oltra (Cuarentaydos)

Soy físico de formación y viajero de vocación. Divulgo ciencia allí donde me lo permiten, aunque principalmente en youtube y tiktok bajo el nombre de Cuarentaydos. Por aquí me verás hablando de la física del universo, desde las galaxias y estrellas más grandes hasta las partículas subatómicas que las componen.

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