El Comité Nobel contra Einstein

Durante años, la Academia de Ciencias Sueca -responsable de otorgar los Premios Nobel de Física- se negó a conceder el galardón a Albert Einstein por motivos que no tenían nada de científicos.

En 1974 la Fundación Nobel abrió los archivos de las deliberaciones del Comité (lo hacen cuando han pasado 50 años desde la concesión del premio). Así nos enteramos que Albert Einstein fue nominado 62 veces en 12 años. Y no ha sido el que más nominaciones ha recibido. Arnold Sommerfeld, otro de los padres de la teoría cuántica, fue nominado 81 veces y nunca consiguió la preciada medalla.

Charles Édouard Guillaume
Charles Édouard Guillaume

En 1920 Einstein era un viejo conocido del comité Nobel. Una década antes había sido nominado por la relatividad especial. Al contrario de lo que pasa ahora, entonces el Comité Nobel no era muy proclive a aceptar nominaciones que vinieran del campo de la física teórica. Así que durante esos años todas las nominaciones de Einstein fueron desestimadas y archivadas.

Y llegamos a 1920. Einstein había formulado su teoría general de la relatividad y el astrofísico Arthur Eddington había comprobado una de sus predicciones (que la gravedad curva la trayectoria de los rayos de luz) el año anterior. Todas las apuestas daban ganador a Einstein. De hecho, era el que más nominaciones acumulaba. Quien redactó el informe (negativo) sobre la relatividad general fue el físico-químico Svante Arrhenius, y el Comité desestimó nuevamente su candidatura. Lo cierto es que el Comité también tenía una agenda diferente para el premio de ese año: querían que fuera a parar a Charles Édouard Guillaume, director de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas en Suiza.

1920: el Nobel para todo un desconocido

Por entonces, uno de los miembros de la Academia de Ciencias Sueca, el astrónomo Bernard Hasselberg, llevaba enfermo varios años y estaba pensando en retirarse. En esos casos había una costumbre no escrita que decía que cuando esto sucedía, sus colegas le honrarían permitiendo que fuera la voz decisiva a la hora de escoger al nominado. Hasselberg era un enamorado de las mediciones precisas y en varias ocasiones había intentado -sin éxito- que le dieran el premio Nobel a su amigo Guillaume.

Postrado en cama escribió al Comité Nobel diciendo que sería feliz si le concedían el Nobel a su amigo. Temiendo no llegar con vida a las votaciones, envió el suyo anticipadamente. Como podía esperarse, el Comité le concedió ese deseo. Cuando se hizo público, hasta el propio Guillaume se sorprendió. La prensa sueca, tan del gusto de promocionar los premios, se las vio y deseó para explicar porqué un metalúrgico totalmente desconocido ganaba el premio Nobel de Física.

1921: no nos gusta Einstein

Ese año el apoyo internacional a Einstein fue apabullante: 14 de los 32 nominadores propusieron a Einstein. Cuando el Comité se reunió para evaluar a los candidatos, la marea sueca anti-Einstein estaba en pleno apogeo. Filósofos y comentaristas políticos temían que la relatividad trajera de la mano un relativismo en los valores tradicionales. Además, a los elitistas miembros del Comité Nobel la personalidad de Einstein no les hacía ninguna gracia, y solo pensar en la posibilidad de que pudiera estar de pie ante su rey les provocaba urticaria.

Quien redactó el informe sobre las dos relatividades fue Allvar Gullstrand, un profesor de óptica y  oftalmología de la Universidad de Uppsala. No entendió ninguna de las dos, pero se vio en la obligación de negar el premio al alemán. No le costó nada convencer al Comité: a ninguno le gustaba la teoría de la relatividad. Además, nadie iba a desairarle siendo uno de sus más respetados miembros, y más cuando él había confesado en privado: “Einstein no debe recibir nunca el Premio Nobel, aunque el mundo entero lo reclame”. Así que cerca de la medianoche del 12 de noviembre de 1921, la Academia votó dejar desierto el Nobel de Física de ese año.

1922: Einstein recibe el premio Nobel con efectos retroactivos

En 1922 la Academia sueca se enfrentaba a la tarea de conceder dos premios Nobel en física. Evidentemente, el nombre de Einstein y la relatividad volvieron a estar sobre la mesa. Ahora bien, había alguien que había nominado a Einstein por otro de sus trabajos, la explicación del efecto fotoeléctrico. Quien lo hizo fue Carl Wilhelm Oseen, que conocía de primera mano la animadversión del Comité hacia todo lo que oliera a relatividad. Por desgracia ese año había un problema añadido: los científicos alemanes habían propuesto a Niels Bohr.

Cuando se reunió el Comité para evaluar las candidaturas, Oseen actuó con gran perspicacia. Sabía que la teoría del efecto fotoeléctrico formulada por Einstein -que la luz estaba compuesta por fotones- todavía era motivo de fuertes discusiones y muy pocos la aceptaban, pero dijo a los miembros del Comité que él se refería a la ley, no a la teoría, que era aceptada sin la menor duda por todos los físicos. Además, su nominación estaba en consonancia con los prejuicios de los académicos suecos: el trabajo de Einstein daba razón de un hecho experimental.

De este modo, el gran estratega que era Oseen dejaba expedita la puerta para que el Nobel de 1922 recayera en Niels Bohr, un buen amigo suyo. Y como golpe de gracia explicó a los miembros del Comité que la teoría atómica de Bohr dependía fuertemente de la ley enunciada por Einstein, luego si se premiaba a uno, tendría que premiarse al otro. En la reunión final del 6 de septiembre se decidió llevar a la asamblea la propuesta de Einstein para el Premio Nobel de Física de 1921 y de Bohr para el de 1922. 

Referencias:

Brian, D. (1996) Einstein, a life, John Wiley & Sons 

Clark, R. W. (1984) Einstein. The Life and Times, Harper Collins 

Hoffmann, B. (1984) Einstein, Salvat

Kuznetsov, B. (1990) Einstein. Vida, Muerte, Inmortalidad, Progreso

Pais, A. (1984) ‘El Señor es sutil...’: La ciencia y la vida de Albert Einstein, Ariel

Turrión, J. (2022), Einstein. II El tiempo propio, UnaLuna

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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