El ciclo de los supercontinentes

La superficie terrestre cambia radicalmente en escalas de tiempo geológicas. Por desgracia, los seres humanos vivimos demasiado poco tiempo como para presenciar estos cambios.

Y de supercontinentes precisamente va el asunto porque resulta que las placas tectónicas siguen un patrón cíclico: cada pocos cientos de millones de años los continentes terminan uniéndose y formando un continente gigantesco… Que luego se vuelve a dividir.


Seguramente el súper continente más conocido sea Pangea. También es el más reciente, ya que existió hace entre 300 y 200 millones de años (Ma). Pero los continentes que dieron forma a Pangea procedieron a su vez de la división de otro supercontinente llamado Panottia, que resaltaba entre el océano azul hace 600 millones de años. Pero aún más atrás en el tiempo existieron los supercontinentes de Rodinia (1.100-750 Ma), Columbia (1.800-1.500 Ma) y Kenorland (2.700 Ma). Se cree que, si pudiéramos viajar al pasado más remoto de nuestro planeta, nos encontraríamos con los supercontinentes de Ur (3.000 Ma) y Vaalbara (3.600 Ma).

Por desgracia, cuanto más antiguo es un supercontinente, más difícil es predecir su forma. Esto se debe a que la incertidumbre aumenta cuanto más nos remontamos en el pasado. Esto no sólo se debe a que las dinámicas internas del planeta pueden cambiar ligeramente con el tiempo, produciendo resultados que no esperamos sino porque, además, tenemos muy pocos datos sobre el aspecto de los continentes en aquella época, precisamente porque las partes más antiguas de la superficie del planeta desaparecieron hace mucho, mucho tiempo… Debido al efecto de las placas tectónicas.

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