El cambio climático local aceleró la evolución de un homínido extinto

El hallazgo de los restos fósiles de un macho de ‘Paranthropus robustus’ que difieren significativamente en tamaño con los encontrados en un yacimiento cercano sugiere que una serie de cambios ambientales en la zona propiciaron la evolución anatómica de esta especie de homínido.

cráneo Paranthropus
Jesse Martin and David Strait, Universidad de Washington

Hace unos dos millones de años vivió en Sudáfrica una especie de homínido, descendiente de los Australophitecus, denominada Paranthropus robustus. Al igual que sus antepasados, los Paranthropus presentaban un cráneo de tamaño reducido y mandíbulas salientes, y destacabann por el desarrollo de un aparato masticador muy potente.

Gracias al registro fósil, los paleoantropólogos se han podido hacer una idea más o menos clara de los rasgos principales que caracterizan a cada una de las especies de homínidos extintas que conocemos. Sin embargo, estudiar la evolución producida dentro de cada especie es mucho más complicado, pues hablamos de cambios muy sutiles que deben quedar reflejados en un registro fósil incompleto.

Sin embargo, en ocasiones la suerte acompaña y se producen hallazgos como el que se acaba de publicar en la revista Nature Ecology & Evolution y en el que ha participado un equipo internacional de investigadores. El trabajo describe a un individuo macho, denominado DNH 155 y encontrado en el yacimiento de Drimolen, en Sudáfrica, muy cerca de Swartkrans, localidad en la que se hasta ahora se han encontrado casi todos los restos de P. robustus.

Diferencias no explicadas por el dimorfismo sexual

Se considera que P. robustus era una especie con dimorfismo sexual acusado: los machos eran mucho más grandes que las hembras. El hallazgo de DNH 155 concuerda con esta hipótesis, ya que su tamaño es mayor que el de otro especímen encontrado previamente en el yacimiento y que se piensa que corresponde a una hembra.

Sin embargo, el protagonista de este estudio es mucho más pequeño que los machos encontrados en Swartkrans, el yacimiento vecino: “Estos hallazgos no se pueden explicar tan solo por el dimorfismo entre machos y hembras, sino más bien parecen diferencias a nivel de población entre las dos localidades”, explica Jesse Martin, estudiante de doctorado en la Universidad de La Trobe (Australia) y primer autor del trabajo. “Nuestras investigaciones han demostrado que el yacimiento de Drimolen es unos 200 000 años más antiguo que Swartkrans, por lo que creemos que P. robustus evolucionó en el tiempo: en Drimolen encontramos una población más temprana y en Swartkrans una posterior más evolucionada anatómicamente”.

Un cambio climático local lo alteró todo

¿Por qué se produjo ese cambio? Se sabe que en esas localidades se produjeron cambios ambientales que además alteraron los patrones de alimentación de las especies que allí habitaban. La evidencia de un cambio climático rápido pero significativo durante este período en Sudáfrica proviene de una variedad de fuentes. El registro fósil, por ejemplo, revela que ciertos mamíferos asociados con entornos boscosos o de matorrales se extinguieron o se volvieron menos frecuentes, mientras que empezaron a surgir otras especies asociadas con entornos más secos y abiertos.

 “Una de las características más significativas de P. robustus es su adaptación a una dieta consistente en alimentos duros o muy duros”, explica David Strait, investigador en la Universidad de Washington y participante en el estudio. “A medida que el ambiente se fue haciendo más frío y seco, la vegetación local también cambió, y las adaptaciones anatómicas de P. robustus le permitieron sobrevivir en este entorno con alimentos más difíciles de masticar”.

“Pero los especímenes de Drimolen exhiben características esqueléticas que sugieren que sus músculos masticadores estaban colocados de tal manera que los hacían menos capaces de morder y masticar con tanta fuerza como la población posterior de P. robustus de Swartkrans”, añade. "En el transcurso de 200 000 años, un clima cada vez más seco probablemente llevó a la selección natural a favorecer la evolución de un aparato de alimentación más eficiente y poderoso en la especie".

Nuestros antepasados ya pululaban por ahí

Se sabe que P. robustus apareció casi al mismo tiempo que nuestro antepasado directo Homo erectus. “Hablamos de dos especies muy distintas: H. erectus con sus cerebros relativamente grandes y sus dientes pequeños, y P. robustus con dientes grandes y cerebros pequeños, que representan experimentos evolutivos divergentes”, explica Angeline Leece, investigadora de la Universidad de La Trobe. “Si bien fuimos el linaje que consiguió sobrevivir, el registro fósil sugiere que hace dos millones de años P. robustus era mucho más común que H. erectus”.

Por otro lado, los autores consideran que este descubrimiento debería servir como advertencia para ser más cautos a la hora de extrapolar conclusiones generales a partir de unos escasos restos fósiles. Durante los últimos años se han descubierto una gran cantidad de especies humanas fósiles, y muchas de sus descripciones se basan en una cantidad muy pequeña de fósiles de uno o pocos yacimientos localizados en áreas geográficas muy próximas y en rangos de tiempo muy pequeños.

“Creemos que la paleoantropología debe ser un poco más crítica al interpretar la variación en la anatomía como evidencia de la presencia de múltiples especies”, dijo Strait. "Dependiendo de las edades de las muestras fósiles, las diferencias en la anatomía ósea podrían representar cambios dentro de los linajes en lugar de evidencia de múltiples especies".

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