El alucinante mundo de los conspiranoicos

¿Quién maneja los hilos de la política nacional y mundial? Si tu respuesta es alguna organización secreta como los Illuminati entonces no hay duda que estas viviendo en el mundo de la teoría de las conspiraciones. Aquí tienes algunas claves para enternderlas.

 

En 2015 el vuelo de Germanwings fue derribado por un láser del gobierno estadounidense: el secretísimo programa llamado Sistema de Defensa Aérea de Láser Líquido de Alta Energía pretendía derribar un misil intercontinental lanzado como blanco, pero que erró el tiro y alcanzó al avión de pasajeros. También no cabe la menor duda de que el MI6 -el servicio de inteligencia británico- orquestó el complot para asesinar a la princesa Diana, pues representaba una amenaza para el futuro de la Casa Real británica.

En nuestro país no falta quien sigue creyendo que los terribles atentados del 11-M fueron organizados por un increíble contubernio que puso de acuerdo a servicios de inteligencia españoles y marroquíes, poderes de izquierdas, la ETA y los yihadistas. Todo para echar al PP del poder. Por si fuera poco, ¿quién no está convencido de que la investigación del crimen de Alcasser fue, en realidad, una pantalla para ocultar a los verdaderos culpables, gente poderosa y relacionados con el submundo de las películas snuff, al estilo de la conocida película de Amenábar Tesis?

La mano que domina el mundo

¿Quién maneja los hilos de la política nacional y mundial? Misteriosas organizaciones no muy secretas (pues si no, no sabríamos de su existencia), como Skull & Bones, ubicada en la Universidad de Yale, o el famoso Grupo Bilderberg, que reúne anualmente desde 1954 a las mujeres y hombres más poderosos del planeta. Todas ellas conspiran para decidir el futuro del mundo en su propio beneficio. O también puede tratarse de gobiernos que pretenden hacerse con el control de un país, como sucede en la excelente película de 1962 El mensajero del miedo, de John Frankenheimer y protagonizada por Frank Sinatra. Este thriller político cuenta cómo el hijo de una prominente familia conservadora de Estados Unidos es capturado junto con su pelotón durante la guerra de Corea. Durante su cautiverio es sometido a un lavado de cerebro para convertirlo en una pieza clave para colocar en la presidencia del país a una marioneta del bloque comunista. En 2004 Jonathan Demne, el director de El silencio de los corderos, dirigió un remake, protagonizado por Denzel Washington, perfectamente obviable.

Claro que para sociedades secretas no podemos olvidar a la más fantástica de todas y madre de todas ellas: los Illuminati, que lleva dirigiendo los destinos de Occidente desde hace siglos. Ellos son los protagonistas de la mediocre novela de Dan Brown Ángeles y Demonios convertida en una  película también mediocre por Ron Howard y protagonizada por Tom Hanks. Los Illuminati son el recurso habitual de Hollywood cuando quieren meter en el guión una sociedad secreta, como en la malísima Tom Raider.

La conspiración por antonomasia: el asesinato de Kennedy

Pero no hay duda que la teoría de la conspiración más compleja y elaborada es la relacionada con el asesinato de Kennedy. Lo único sencillo de entender es porqué surgió: a muchos les resulta imposible aceptar que un único hombre con un fusil pudiera alterar de tal forma el orden político del país más poderoso del mundo. Prueba de que a muchos les es imposible aceptar ese simple hecho lo tenemos en la conocida JFK de Oliver Stone y protagonizada por Kevin Costner. Una película que se ganó el sobrenombre de “Bailando con los hechos”. Basado en el libro que publicara el fiscal Jim Garrison, el primer gran conspiranoico del asesinato de Kennedy, ilustra perfectamente una de las características básicas de toda teoría de la conspiración: no dejar que los datos objetivos la echen a perder. Así, un ayudante de Jim Garrison dijo que su jefe “primero construía su teoría y después ajustaba los datos a ella. Y si ni coincidían, decía que habían sido alterados por la CIA”.

Es muy importante diferenciar entre conspiración y teoría de la conspiración. La primera es un complot real y normalmente tiene un alcance local, mientras que la segunda es una percepción. Las teorías de la conspiración, sobre todo las globales, se van construyendo con el tiempo, añadiendo nuevos datos y nuevos desarrollos, a la par que se ofrecen explicaciones conspiranoicas a los datos que no se ajustan a la trama. Todas ellas se caracterizan por tres elementos distintivos que se muestran de forma meridianamente clara en la serie Expediente X: un grupo poderoso, maligno y clandestino (en este caso ciertos grupos de los servicios de inteligencia), los agentes que extienden su influencia a todos los niveles concebibles que son los hombres de negro, y un grupo de valientes e incomprendidos que tratan de desenmascararles, nuestros entrañables Mulder y Scully.

¿Qué nos convierte en conspiranoico?

No está muy claro salvo que un conspiranoico no nace, se hace; se va convirtiendo poco a poco a la teoría hasta llegar a ver la vida a través de ella: es lo que se llama mentalidad de la mano escondida. Todo suele empezar con la creencia en una teoría de la conspiración cualquiera y se termina con una visión de la historia que depende fuertemente de complots.

Por otro lado, el conspiranoico es compulsivo y autodidacta, dedicando horas y horas en las que aprende hasta el más mínimo detalle de todos y cada uno de los elementos de su conspiración; además, no suele cambiar de opinión respecto a sus creencias más firmes y siempre encuentra pruebas de que su creencia tiene visos de realidad. Ahora bien, ser conspiranoico no implica convertirse en paranoico, como el personaje de Mel Gibson en la película de Richard Donner Conspiración, pero puede suceder. Una de las grandes conspiranoicas británicas del siglo XIX, Nesta Webster, ideóloga de los complots judeomasónicos y de los Illuminati, estaba tan obsesionada que cuando llamaban al timbre de la puerta de la calle no abría si no iba con una pistola en la mano. El líder chino Mao era otro paranoico de las conspiraciones: siendo anciano se negó a recibir tratamiento médico porque pensaba que sus enemigos usarían ese método para matarlo. Mao veía conspiraciones por todos lados: incluso se negó a bañarse en su piscina privada porque creía que habían envenenado el agua.

Referencias:

Prooijen, J-W (2018) Psychology of Conspiracy Theories, Routledge

Brotherton, R. (2017) Suspicious Minds: Why We Believe Conspiracy Theories, Bloomsbury Sigma

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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