Efecto mariposa: lo que pasa en el Pacífico se nota en Teruel

¿Sabías que cuando el fenómeno meteorológico El Niño asola la costa pacífica de Sudamérica sus efectos se siente en una de las mayores lagunas de agua salada de Europa, la de Gallocanta?

La laguna de Gallocanta es un hermoso paraje natural aragonés donde muchas aves migratorias se detienen allí para descansar (se han catalogado más de 260 especies de aves). Es la laguna natural más grande de la Península Ibérica y la laguna de agua salada más grande de Europa Occidental, que se extiende entre las provincias de Zaragoza y Teruel. Situada a poco más de 1 000 m de altitud, es una laguna de secano que depende en gran medida de las lluvias de otoño y primavera para mantenerse en los calurosos meses de verano.

Pero no vamos a hablar aquí de sus aves ni de sus recursos, sino de algo mucho más asombroso. Porque, ¿alguien podía imaginar que las variaciones en el nivel de agua de la laguna de Gallocanta pudieran estar relacionadas con el famoso fenómeno de El Niño? Recordemos que el Niño se inicia en el océano Pacífico tropical, cerca de Australia e Indonesia, cuando aparece una anomalía en la temperatura superficial del mar que acaba provocando una alteración en las condiciones atmosféricas en zonas muy distantes. Se trata de un fenómeno natural cíclico, aunque no periódico, que se produce de 3 o 7 años. 

De Indonesia a Teruel

Como suele ocurrir en ciencia, los ecólogos de la Universidad de Barcelona que lo demostraron no buscaban ese tipo de relación. En realidad, estaban estudiando la relación que había entre los cambios de nivel de la laguna, la lluvia caída en una población cercana llamada Daroca y su relación con la climatología de la zona.

Entonces se les ocurrió que quizá las variaciones interanuales en el nivel de la laguna podían estar relacionadas con algún fenómeno no local, que fuera algo más general. Entonces los ecólogos españoles se dieron cuenta de que al año siguiente del fortísimo Niño de 1982 la laguna se secó. ¿Coincidencia? Es posible.

Sin embargo, esto volvió a suceder tiempo después. Demasiadas coincidencias. Los científicos empezaron a buscar series largas de medición del fenómeno de El Niño y encontraron un excelente ajuste entre el nivel de la laguna, las precipitaciones en Daroca y el índice de El Niño, una magnitud que sirve para cuantificar el fenómeno y que se calcula como la diferencia de presión atmosférica entre dos ciudades, Tahití -la isla más grande de la Polinesia Francesa- y la ciudad australiana de Darwin.

Uno podía preguntarse si este efecto de El Niño es exclusivo de Gallocanta o se extiende a otras regiones. Los ecólogos decidieron entonces buscar datos de precipitación repartidos por toda la península, incluyendo el norte de África. Encontraron que para el sur y el este de la Península Ibérica existe una muy buena relación entre la precipitación y el índice de El Niño. De hecho, el 25% de la variación interanual en los 100 años recopilados se podía explicar por la variación del índice de El Niño. Que un cuarto de la variabilidad de las lluvias se puedan explicar por un único condicionante externo significa mucho en climatología.

¿Es o no es increíble que a partir del estudio de un ecosistema como el de la laguna de Gallocanta lleguemos a inferir resultados sobre comportamientos globales de la atmósfera?

Referencia:

Comín, F. A., Rodó, X. (2003) Global Climate: Current Research and Uncertainties in the Climate System, Springer

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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