Edison vs Tesla: las guerras de la corriente

Edison y Tesla fueron dos geniales inventores cuyas personalidades chocaban fuertemente y ambos tuvieron su particular duelo en OK Corral que recibe el nombre de “las guerras de la corriente”.

 

Hay dos clases de electricidad: continua (CC) y alterna (CA). En la primera una serie de electrones fluye permanentemente en un solo sentido, como es el caso de la pila. Por el contrario, la alterna cambia de sentido 50 o 60 veces por segundo y además oscila. ¿Cuál usar en el alumbrado? Edison era partidario de la primera, en parte porque muy pocos sabían trabajar con ella y nadie había podido construir un motor de CA eficaz. Mientras, la CC llevaba con nosotros desde los tiempos de Alessandro Volta –hacía casi un siglo- y sí existían motores de CC. Tesla era consciente de los problemas que acarreaba la decisión de Edison de hacer brillar las bombillas de todo EE UU de este modo. El principal problema de las instalaciones eléctricas son las pérdidas por efecto Joule: la fricción de los electrones con los átomos de metal al avanzar por el cable hace que la corriente pierda voltaje en forma de calor (el principio de las estufas eléctricas). La mejor forma de enviar electricidad a largas distancias sin excesivas pérdidas es mediante altos voltajes (de ahí que tengamos líneas de alta tensión desde las plantas generadoras de energía eléctrica hasta nuestras ciudades). Y en este punto la CA gana, pues se puede convertir en altos voltajes con facilidad. Si usáramos CC habría que poner una planta generadora cada 6 metros a fin de reforzar el voltaje para el siguiente tramo.

Todo hubiera salido como imaginaba Edison si no fuera porque en 1882 Tesla, en un parque de Budapest, había dado un paso crucial hacia un generador de CA al concebir un campo magnético rotatorio como producto de dos o más corrientes alternas desfasadas.

Tesla
Nikola Tesla

Tesla y Westinghouse

Las armas se iban acumulando en el frente y Tesla iba consiguiendo adeptos. Entre los más influyentes estaba A. K. Brown, director de la Western Union Telegraph Company, que no tenía ni idea de los vericuetos de la tecnología eléctrica pero estaba muy interesado en esta nueva idea y en el futuro al que podría llevarnos. Así que en abril de 1887 apoyó la creación de una nueva empresa, la Tesla Electric Company cuyo objetivo fue el desarrollo de un sistema de corriente alterna capaz de alumbrar EE UU.

Por entonces operaban diversas compañías eléctricas, cada una con sus propios sistemas y componentes. Entre ellas estaba la del inventor del freno de aire comprimido para los trenes, George Westinghouse. Nacido en Nueva York en 1846 fue autor de 261 patentes y creó 70 empresas. Pero no sólo se dedicó a inventar: en 1871 fue el primero en dar a sus empleados la mitad del sábado libre, a principios de siglo XX creó unos fondos de pensiones para sus obreros e introdujo las vacaciones pagadas, lo que significó una revolución en el mundo empresarial. Y al igual que Tesla y Edison, sólo necesitaba dormir de 4 a 5 horas diarias.

Westinghouse había construido el primer sistema comercial de CA de EE UU en Buffalo en noviembre de 1886 y al año siguiente tenía más de 30 plantas operando por todo el país. Eso sí, su más poderoso contrincante era el mismísimo Edison. Pero las cosas no podían ir mejor para la CA; el timing era perfecto. En 1887 la tecnología que necesitaba Westinghouse la acaba de registrar Tesla en forma de 40 patentes. Cuando ambos hombres se encontraron surgió el flechazo gracias a su mutuo amor por la CA. Y firmaron un contrato: Tesla recibiría 60 000 $ por todas ellas y 2,50 $ por cada caballo de vapor de electricidad vendido.

Edison
Thomas Alva Edison

Edison contraataca

No se puede negar que Edison tenía miedo del tándem que se había formado: debía acabar públicamente con el negocio de la CA aun recurriendo a estratagemas torticeras. Para acabar con ellos lanzó una campaña de desprestigio mediante folletos donde hablaba de los peligros mortales de la CA. Por una de esas casualidades de la vida, las mascotas de la gente que vivía cerca del laboratorio de Edison en West Orange (New Jersey) empezaron a desaparecer, y decidió aprovecharse de ello. Pagó 25 centavos a adolescentes para que le trajeran perros y gatos callejeros y los colocó sobre una plancha conectada a un generador de CA ante la mirada atónita de periodistas y curiosos. Y allí mismo los electrocutaba, afirmando que si la gente no tenía cuidado sería “westinghousenizada". Incluso compró subrepticiamente las licencias de tres patentes de Tesla de CA y convenció a los responsables de la cárcel de Sing-Sing para ejecutar a los reclusos por electrocución, no por ahorcamiento. De este modo construyó la primera silla eléctrica en 1890. Pero sus ingenieros calcularon mal el voltaje necesario y el primer preso ejecutado con la silla, William Kemmler, tuvo que ser “freído” varias veces.

Por su parte Tesla, entre 1892 y 1893, dio cuatro conferencias en Europa y América que le convirtieron en el científico más famoso de la época. Con aparatos diseñados, construidos y probados por él mismo al menos una veintena de veces, se dedicó a demostrar que la CA se podía controlar sin peligro. Él mismo se sometía a una tensión de dos millones de voltios hasta que aparecía una aureola de luz a su alrededor. Entonces explicaba que las CA de alto voltaje y de frecuencias altas fluyen por la superficie externa de la piel sin causar daños.

En sus demostraciones este "mago de la electricidad" lanzaba chispas por la punta de los dedos, encendía bombillas y derretía metales al dejar pasar la corriente eléctrica por su cuerpo, y cuando los chasqueaba producía una bola de fuego que sostenía en su mano sin quemarse al tiempo que hablaba de los misterios de la electricidad y el magnetismo. La audiencia de los dos continentes, fascinada, lo encumbró a lo más alto.

La derrota de Edison

Pero el gran éxito del tándem Tesla-Westinghouse fue la Exposición Universal de Chicago de 1893, que eligió la CA para iluminar la atracción principal de su pabellón el Mundo del Mañana, la Ciudad Blanca. Este éxito permitió a Westinghouse conseguir el contrato para construir los dos primeros generadores de CA en las cataratas del Niágara con patentes de Tesla: su sueño de niñez se había cumplido. La guerra de las corrientes terminó con la debacle de Edison.

Pero también se puede morir de éxito. La CA se extendía tan rápido que Westinghouse se enfrentaba a la quiebra debido al pago de 2,5 $ por caballo-vapor por usar las patentes de Tesla. Esto le convertiría en uno de los hombres más ricos del mundo, pero a costa de la ruina de Westinghouse. Y entonces tuvo un acto de increíble generosidad: renunció a sus regalías. El informe anual de 1897 de la compañía refleja que se le pagó 216 600 $ por destruir el contrato que le ligaba a sus patentes. Y todo porque Westinghouse había creído en él cuando el resto del mundo se reía y le ridiculizaba. Pero en el cruel mundo empresarial semejante acto fue, es y será tachado de estupidez supina, regalando los millones que había ganado hasta entonces y que ganaría en un futuro. Pero eso no estaba en la cabeza de Tesla. Primero en Nueva York y luego en Colorado Springs, el croata realizó una serie de inventos cruciales, como el radar o la radio, e imaginó un mundo donde la información y la comunicación fluiría sin cables por todo el globo.

Referencia:

Jonnes, J. (2003) Empires of light, Random House

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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