‘Dunkleosteus’, el terrible tanque del mar devónico

Los mares del devónico eran lugares exuberantes con una gran biodiversidad y, en ella, destacaban las aterradoras fauces del mayor depredador que nunca había conocido el mundo hasta entonces.

En el período devónico, hace entre 415 y 360 millones de años, los mares eran espacios llenos de vida.  Corales y esponjas proliferaban creando grandes arrecifes donde habitaban  trilobites, nautilos y bivalvos. Los peces adquirieron una enorme variabilidad de formas; los ostracodermos, peces de piel acorazada y sin mandíbulas que consumían partículas que flotaban en el agua; los acantodios, con grandes aletas espinosas; los placodermos, con la cabeza acorazada; los sarcopterigios, de los cuales aún quedan vivos los celacantos; los primeros actinopterigios, antepasados de la mayor parte de los peces modernos; y los  tiburones. Estos tiburones primitivos adquirieron formas que hoy parecerían alienígenas, como es el caso de Stethacanthus, con una aleta dorsal con forma de yunque cubierto de dientes.

Pero, mientras los primeros anfibios comenzaban a conquistar la tierra, en los mares un superdepredador imponía su dominio. En un mundo donde los animales marinos más grandes apenas alcanzaban los dos metros, un pez tres veces más largo, con la cabeza acorazada y enormes mandíbulas, se convertía en el mayor depredador que había conocido la tierra hasta ese momento. Hablamos de Dunkleosteus, el ‘tanque’ que dominó los mares a finales del devónico, hace entre 380 y 360 millones de años.

Reconstrucción de ‘Dunkleosteus’
Reconstrucción de ‘Dunkleosteus’

Un superdepredador superficial

Las distintas especies de Dunkleosteus, peces del grupo de los placodermos, se comportaban como superdepredadores. Cazaban peces, moluscos, crustáceos y, en general, cualquier animal que se le pusiera a tiro; el único rival de un Dunkleosteus era otro Dunkleosteus más grande. De hecho, tenían tendencias caníbales.

Sin embargo, había diferencias de comportamiento respecto a los que nos encontramos hoy en día. En aquella época la geografía era muy distinta, y, por tanto, también lo eran las corrientes. Había grandes extensiones de mar cuyas aguas profundas quedaban estancadas, lo que sumado a la ausencia de luz solar a causa de la profundidad y ausencia de fotosíntesis, convertía los fondos marinos en lugares anóxicos —sin oxígeno—. Prácticamente todos los animales marinos de ese periodo respiraban el oxígeno disuelto en el agua, por lo que, a diferencia de lo que sucede en la actualidad, durante el devónico los animales no se adentraban a las profundidades, y Dunkleosteus no era una excepción.

Habitaba cerca de la superficie, allí donde la luz del sol llegaba, y se extendía por los mares al suroeste del continente de Euroamérica, hasta las costas de Gondwana. Se cree que podía llegar a vivir y cazar en mar abierto, aunque en esos lugares la fosilización es muy rara, lo que lo hace muy difícil de confirmar.

Mapamundi del período devónico cuando habitó Dunkleosteus. Encyclopædia Britannica
Mapamundi del período devónico cuando habitó Dunkleosteus. Encyclopædia Britannica

Las mandíbulas del terror

Se estima que un ejemplar adulto de Dunkleosteus podía llegar a pesar una tonelada. Sin embargo, tanto su peso como su longitud son estimaciones que se basan en la anatomía comparada con otros placodermos, pero sin fósiles que lo sostengan: no hay restos de este animal aparte de su armadura. Esta cubría por completo su cráneo y la parte delantera del lomo, y estaba formada por enormes placas óseas de hasta 5 cm de espesor. Entre la placa que cubría el cráneo y el dorso tenía una articulación que le permitía mover la cabeza hacia arriba. Pero lo más aterrador de este animal se encontraba en su boca.

No tenía dientes. Tampoco los necesitaba. Sus placas óseas cubrían sus mandíbulas, formando una estructura similar a una trampa para osos en versión gigante y mortal. En el año 2007, los investigadores Philip Anderson, de la Universidad de Chicago, y Mark Westneat, del Museo Field de Historia Natural, a partir de los datos obtenidos de varios cráneos, desarrollaron una simulación informática en la que calcularon la fuerza de la mordedura de Dunkleosteus.

Los resultados fueron abrumadores: tenía una de las mordeduras más poderosas de la historia de la evolución, superando una fuerza de 5000 newtons. Ningún otro pez ni ningún mamífero han tenido esa fuerza de mordedura nunca; solo algunas especies de dinosaurios y de cocodrilos la han superado.

Esquema de apertura de mandíbulas y puntos de articulación de ‘Dunkleosteus’
Esquema de apertura de mandíbulas y puntos de articulación de ‘Dunkleosteus’ sobre el especímen CM6090 (Anderson & Westneat 2007)

Pero no solo la fuerza es relevante. Dada la forma de cuchilla, estrecha y afilada, esta fuerza se concentraba en un área muy reducida. Así pues, la fuerza localizada de la mordedura podía alcanzar 10 700 newtons por centímetro cuadrado en la zona de cuchilla plana, y casi 15 000 en los picos. Para que sirva de comparación, un ser humano adulto apenas alcanza los 800 newtons por centímetro cuadrado.

Pero esta trampa mortal para osos no se caracteriza únicamente por su fuerza descomunal, sino también por su increíble velocidad. Las estimaciones más generosas indican que un ejemplar podía abrir las mandíbulas y volverlas a cerrar en solo 60 milisegundos. Las más conservadoras indican una demora de 130 milisegundos para abrir y cerrar la trampa. Tiempos que equivalen, aproximadamente, a entre el 20 % y 40 % de lo que tardamos en parpadear.

 

REFERENCIAS:

 

Anderson, P. S. L., & Westneat, M. W. 2007. Feeding mechanics and bite force modelling of the skull of Dunkleosteus terrelli , an ancient apex predator. Biology Letters, 3(1), 77-80. DOI: 10.1098/rsbl.2006.0569

Yeager, K. M. s. f. Fossil Fishes (Arthrodira and Acanthodida) from the Upper Devonian Chadakoin Formation of Erie County, Pennsylvania. 96, 5.

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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