¿Dónde está el cráneo de Shakespeare?

En marzo de 2016 un equipo de investigadores del Centro de Arqueología de la Universidad de Staffordshire inspeccionó con un georradar la tumba de Shakespeare y las imágenes revelaron que le faltaba la cabeza.

 

La iglesia de la Santísima Trinidad de Stratford-upon-Avon (más conocida como 'la Iglesia de Shakespeare') nunca ha permitido que se excavase la tumba, por mucho que le pidieran permiso numerosos investigadores, pues querían cumplir el último deseo del poeta, que dejó diáfano en los versos cincelados sobre la losa de su tumba: "Good friend, for Jesus' sake forebeare/To digg the dust enclosed heare; Bleste be the man that spares thes stones, And curst be he that moves my bones (Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito el que mueva mis huesos)".

Es una tumba curiosa, pues al contrario de las de sus familiares, situadas a un lado y al otro, la del poeta es la única que no tiene nombre. Además la losa es la más pequeña de todas. El radar reveló que tanto las cinco tumbas son poco profundas, de aproximadamente un metro, y no se encontraron signos de metal alguno, como serían los clavos del ataúd; esto ha hecho sospechar que probablemente fuera enterrado en un sudario. Pero el hallazgo más intrigante es que el lugar donde debería estar la cabeza del escritor parecía haber sido alterado, como si la hubieran excavado. Esto es lo que hizo sospechar que faltaba la cabeza. Por desgracia el georradar no identifica huesos, así que los investigadores no pudieron asegurarlo al cien por cien.

Curiosamente, el hallazgo concuerda con una historia que ha estado circulando durante más de un siglo. En 1879, el reverendo Charles Jones Langston publicaba el artículo “Cómo se robó el cráneo de Shakespeare” en Argosy, la primera revista pulp estadounidense. En él relataba lo que supuestamente había sucedido cien años antes: en 1794 un médico llamado Frank Chambers encargó a unos ladrones de tumbas que robaran el cráneo del poeta. Nadie se tomó en serio esta historia; primero por el lugar donde se publicó, una revista barata y muy popular; segundo porque daba unos detalles que se consideraron imposibles, como que la tumba estaba a un metro de profundidad o que el cuerpo estaba enterrado directamente sobre la tierra. Que es justo tal y como se ha encontrado.

En una librito posterior titulado “Cómo se perdió y se encontró el cráneo de Shakespeare” (1884), Langston sugería que a Chambers le dio un ataque en pánico y ocultó el cráneo en la iglesia de St. Leonard en Beoley, un pueblecito situado a 25 km de Stratford. Más concretamente en la cripta de la familia Sheldon que se encuentra debajo de la capilla que lleva su nombre. En ella hay siete miembros de la familia enterrados junto a cuatro esqueletos no identificados. Pero es que, además, en una pequeña cámara empotrada en la pared de la cripta hay un cráneo. ¿Era el de William Shakespeare? El análisis forense que realizó el mismo equipo del Centro de Arqueología dictaminó que había pertenecido a una mujer de 70 años. El cráneo de Shakespeare sigue desaparecido.

Puede parecernos sorprendente, pero el robo de partes de personajes famosos ha sido algo habitual a lo largo de la historia. Un ejemplo los tenemos en el cráneo del compositor Joseph Haydn, que fue robado para estudiarlo desde el punto de vista de la frenología, una pseudociencia muy de moda en el siglo XIX que suponía que la personalidad podía deducirse de la forma del cráneo. Tras una serie de peripecias, con cambiazo incluido, un cráneo que no era el del músico acabó en su tumba en 1820 y finalmente en 1954 el verdadero pudo descansar junto a su cuerpo. Pero el falso no se sacó, convirtiendo la tumba de Haydn en algo único: contiene un cuerpo y dos cráneos. En 1918 seis miembros de la sociedad secreta Skull and Bones de la Universidad de Yale profanaron la tumba del famoso líder de los apache Geronimo y se llevaron su cabeza, que no ha vuelto a aparecer, como tampoco lo ha hecho el de la famosa Mata Hari, Margaretha Geertruida MacLeod-Zelle, fusilada por los franceses por espía durante la Primera Guerra Mundial. Después de su muerte, su cuerpo fue enviado al Museo de Anatomía de París que exhibía una colección de más de 5.000 cráneos y otras partes del cuerpo de criminales famosos: de allí voló su cabeza.

También desaparecen cerebros, como el del trigésimo quinto presidente de EE UU, John F. Kennedy. Después de la autopsia, el cerebro lo colocaron en un tarro de acero inoxidable y se almacenó bajo llave en un archivador de la Oficina Ejecutiva del presidente. En 1965 se trasladó -junto con otros restos como secciones histológicas y frotis sanguíneos- a los Archivos Nacionales por petición de su hermano, Robert Kennedy. El 31 de octubre de 1966 se descubrió que el cerebro y todo el material biológico habían desaparecido

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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