Desde la Antártida: El destello del hielo

"Es que hay cosas que las mujeres simplemente no hacen. No llegan a papas o a presidentes. No viajan a la Antártida".
Harry Darlington, piloto de la expedición antártica de Finn Ronne, 1946

antartida-hielo226 de noviembre de 2009. La Antártida no comienza en el borde del hielo marino, ni en los firmes glaciares, sino en el mar, invisiblemente, donde el agua polar de la superficie se desliza por debajo del agua un poco más cálida que llega del norte. Esta es la Convergencia Antártica, un ondulante frente de masas acuáticas que rodea por completo al continente blanco.

Hoy a las 6:12 p.m. cruzamos esa sutil barrera. Al principio, la transición no se nota. La temperatura del agua cae unos pocos grados y en el horizonte se forman una bruma gris-azulada y una humedad pegajosa. El horizonte sur es más claro. Y más allá se alcanza a ver lo que los primeros exploradores antárticos llamaron "el destello del hielo": esa primera visión, casi mágica, del primer hielo flotante, que, efectivamente, resplandece acogedoramente.

El hielo es el comienzo de la Antártida y el hielo es su fin. Los témpanos tabulares, esos que tienen el techo plano, aparecen detrás de la cortina de neblina como cometas blancos en una luz mortecina. En este sector de la Antártida se desprenden de las magníficas barreras de hielo de 300 metros de altura Larsen, Ronne y Filchner, del Mar de Weddell. Este es mundo formado de hielo: hielo que une a todo un continente con la misma sustancia; hielo a tales escalas que se forma y se define a sí mismo; hielo que crea y destruye, y que en su perpetuo movimiento acarrea un tesoro de información científica; hielo que es tanto paisaje como alegoría.

Cuando yo fui al colegio nunca me enseñaron esta geografía. Cuando me desperté ante la existencia de la Antártida, años después de la escuela primaria, sentí como si me hubiesen robado un continente entero. "Todos llevamos dentro nuestro propio Sur Blanco", escribió Shackleton, refiriéndose a esta "locura polar" que llegó a apoderarse de tantos exploradores, y que aún hoy en día es una terra incógnita en la cabeza de la mayoría de los habitantes del planeta.

Parada sobre el puente, observando la luz cremosa de este atardecer y los primeros vestigios de hielo. Es como si estuviera viendo la tierra por primera vez. Una vez que la vislumbras, la Antártida se queda alojada en el ojo de tu cerebro para siempre, como si fuera un paisaje metafórico que existe más vívidamente en la mente. Un paisaje que solía ser territorio de varones, como una extensión de un colegio para hombres o un club social. Fue el programa polar estadounidense el que comenzó a balancear la relación entre mujeres y hombres. La presencia femenina es hoy en día al menos de un 35 por ciento en las bases y buques antárticos de este país, y ha tendido a civilizar las condiciones de vida en los múltiples campamentos.

Hoy celebramos el Día de Acción de Gracias con un almuerzo estupendo de pavo, salsa, puré de papas, papas dulces, tarta de manzana y de calabaza, cortesía del chef neoyorquino Ramsey y su equipo. Los manteles individuales de caucho evitan que platos y vasos rueden por las delgadas mesas.


Ángela Posada-Swafford



Para más información Sigue el periplo de Ángela en "Desde la Antártida"

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