Descubren cómo se activa la nostalgia en el cerebro

Un equipo de investigadores ha podido discernir las áreas del cerebro que intervienen en el desarrollo de la nostalgia y cómo nos afecta este sentimiento.

La nostalgia, ese sentimiento de melancolía y añoranza que origina el  recuerdo de alguna circunstancia o una etapa feliz ya pasada, puede mitigarse cuando visitamos los lugares que nos marcaron positivamente en algún momento de nuestras vidas. De hecho, los resultados de un nuevo estudio impulsado por la Fundación Nacional para los Lugares de Interés Histórico o de Belleza Natural –una institución conservacionista británica– y la Universidad de Surrey, en el Reino Unido, sugieren que el simple hecho de contemplar esos enclaves y recuperar esas sensaciones favorece una serie de cambios mentales que redundan en nuestro bienestar.

El ensayo muestra que cuando esto ocurre se produce una gran actividad en la amígdala, un área del  cerebro que se relaciona con la puesta en marcha de los procesos que regulan las respuestas emocionales. Es más, según se desprende de esta iniciativa, cuando se trata de la nostalgia, los enclaves parecen más relevantes que los objetos. Así, en un comunicado de la citada Fundación Nacional, se indica que, por ejemplo, en el caso de una boda, el sitio donde tuvo lugar conlleva para los novios una mayor carga emocional que el anillo o la fecha. “Por primera vez hemos conseguido mostrar los distintos beneficios que puede aportarnos un espacio físico”, señala el neurocientífico Andy Myers, que ha participado en esta investigación.

Conexión profunda

 

Para determinarlo, los expertos examinaron la  actividad neuronal de un grupo de veinte voluntarios mediante imágenes por resonancia magnética mientras examinaban las fotos de diez objetos importantes para ellos y otras diez de enclaves que les eran especialmente significativos. “Esta tecnología nos permite explorar respuestas biológicas automáticas, y muestra un vínculo entre las personas y los lugares que a menudo es difícil de describir con palabras. Se trata de una conexión muy profunda”, indica Myers en una entrevista con el periódico The Telegraph.

La percepción de esos lugares importantes no solo provocó una mayor estimulación en la amígdala; también activó la corteza prefrontal medial, que participa en la toma de decisiones y se relaciona con ciertos procesos memorísticos y la capacidad de experimentar emociones.

En otro trabajo más amplio, se le preguntó a 2.000 personas hasta qué punto eran relevantes para ellas esos lugares especiales. Alrededor de dos terceras partes aseguró que les transmitían sensaciones de calma y seguridad, por lo que les servían para relajarse y evadirse de las preocupaciones diarias, y nueve de cada diez afirmó que lamentaría profundamente su pérdida. Según los expertos, más del 80% de los participantes en el estudio describieron esas zonas como una parte fundamental de sí mismos, y más de la mitad los consideraba, de hecho, suyas. Asimismo, la mayoría sostuvo que encontraba muy importante compartirlas con sus allegados.

Por su parte, la conservadora Nino Strachey, que dirige los estudios de la Fundación Nacional, también indica en The Telegraph que esta investigación confirma que los lugares que apreciamos no solo conforman lo que somos, sino que proporcionan importantes beneficios físicos y psicológicos, lo que hace especialmente relevante su protección.

 

Referencia: Places that makes us. Research report. National Trust.

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Abraham Alonso

Abraham Alonso

Desde 1997 me dedico a la feroz tarea de contar la ciencia –lo único que puede salvarnos de nosotros mismos– y el futuro. A veces lo consigo.

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