Deinocheirus: del mayor misterio al dinosaurio más extraño

El caso de un dinosaurio que, tras 50 años del hallazgo de sus primeros fósiles, reveló su verdadero aspecto.

Muchos descubrimientos en Paleontología no son ejemplares completos. Gracias a la anatomía comparada, podemos identificar a qué familia pertenecen e incluso si son una especie nueva. Pero muchos de esos fósiles incompletos permanecen así hasta la actualidad. Otras veces, por suerte, acaban apareciendo nuevos fósiles que permiten completar las piezas que faltaban. Entre los invertebrados, un caso así fue Anomalocaris, una criatura del Cámbrico medio emparentada con los artrópodos. Y entre los vertebrados es muy reseñable el caso del dinosaurio Deinocheirus.

Para el inicio de esta historia debemos desplazarnos hasta el Desierto del Gobi, y volver atrás en el tiempo hasta las expediciones polaco-mongolas que tuvieron lugar a partir de 1960, y que fueron dirigidas por la paleontóloga polaca Zofia Kielan-Jaworowska. En la expedición de 1965, Zofia encontró el primer espécimen de un dinosaurio enigmático en los sedimentos cretácicos de la Formación Nemegt: un par de brazos, con sus escápulas u homoplatos y algunos huesos dispersos. Estos misteriosos brazos, por comparación de su anatomía con otros dinosaurios, debían ser de un dinosaurio terópodo -grupo al que pertenecen los dinosaurios carnívoros. Pero lo sorprendente fue que aquellos brazos medían casi dos metros y medio.

En 1970, las paleontólogas Halszka Osmolska y Ewa Roniewicz publicaron el espécimen holotipo (espécimen original en base al que se describe una especie nueva), que incluía ambas patas anteriores (excluyendo las garras de la mano derecha), la cintura escapular completa y unas pocas vértebras y costillas. Lo denominaron Deinocheirus mirificus (que significa mano terrible y peculiar). Pero que sus restos fueran tan fragmentarios impidió conocer más detalles sobre este animal, ni su clasificación correcta dentro de los dinosaurios terópodos, ni su anatomía y aspecto, durante casi medio siglo.

La literatura científica lo describió a menudo como uno de los dinosaurios más "enigmáticos" y a lo largo de las décadas se barajaron varias hipótesis. Osmólska y Roniewicz en su descripción original consideraron que no pertenecía a ninguna familia de terópodos conocida, aunque señalaron su parecido con los ornitomimosaurios, grupo de dinosaurios gráciles y de tamaño medio, cercanamente emparentados con las aves, al que pertenece por ejemplo Gallimimus. Fue el paleontólogo John Ostrom quien propuso formalmente por primera vez que Deinocheirus pertenecería al gupo Ornithomimosauria.

Así fue como durante mucho tiempo, en los libros sobre paleontología y dinosaurios se figuraba una silueta de un ornitomimosaurio escalada al tamaño de sus brazos, algo que resultaba impresionante y, por qué no decirlo, escalofriante. Y así es como llegamos a 2013.

Como cada año, la Sociedad de Paleontologia de Vertebrados (SVP) se disponía a celebrar su reunión anual, en la cual los paleontólogos y paleontólogas presentaban las novedades de sus investigaciones. Y en el momento en que se publicó el programa oficial de ponencias, la noticia corrió por la comunidad paleontológica: después de 50 años, se habían encontrado nuevos especímenes de Deinocheirus y su misterio estaba más cerca que nunca de resolverse. Los paleontólogos Lee, Barsbold, Currie y sus colaboradores anunciaron el descubrimiento de dos nuevos especímenes durante aquel congreso.

Tras hallar los huesos que le faltaban a uno de estos ejemplares -habían sido expoliados y vendidos- el esqueleto fue completado y depositado en el Museo Central de Dinosaurios Mongoles en Ulán Bator. Y finalmente, en 2014 se publicó el descubrimiento. Entre el material clásico de las expediciones polaco-mongolas y los huevos esqueletos recuperados, se pudo reconstruir el esqueleto de Deinocheirus al completo, medio siglo después.

Reonstrucción de Deinocheirus
Reonstrucción de Deinocheirus tras los últimos hallazgos. Michael B.H./Wikimedia.

Así es como descubrimos que Deinocheirus era uno de los dinosaurios más extraños que han existido. Se trata del ornitomimosaurio más grande descubierto hasta la fecha: mide entre 11 y 12 metros de largo, se le estima un peso de entre 6 y 7 toneladas y la cadera quedaba a unos 4 metros de altura. Para ser un ornitomimosaurio, era extremadamente voluminoso y robusto, aunque como la mayoría de los terópodos, tenía muchos huesos neumatizados. Sus brazos medían más de dos metros y sus manos estaban provistas de garras afiladas. Sus piernas eran cortas en proporción al resto de su cuerpo y las espinas de sus vértebras torácicas eran altas formando una especie de vela o joroba. Su cola terminaba en forma de pigóstilo: una fusión de vértebras que se observa en las aves y suele servir para portar las plumas timoneras, lo que sugiere la presencia de un abanico de plumas. Su cráneo medía un metro de largo, y su pico era ancho y recordaba al de los hadrosaurios -los dinosaurios con pico de pato.

Tras décadas de excavaciones, investigación y hallazgos, este dinosaurio pasó de ser considerado uno de los mayores enigmas de la paleontología a convertirse en, posiblemente, el dinosaurio más extraño hallado hasta la fecha. El registro fósil no deja de sorprendernos, y esta es una prueba más. Para que luego haya quién crea que ya está todo descubierto…

Referencias:

Kielan-Jaworowska, Z.; Dovchin, N. 1968. Narrative of the Polish-Mongolian Palaeontological Expeditions 1963–1965. Palaeontologica Polonica, 19: 24.

Osmólska, H.; Roniewicz, E. 1970. Deinocheiridae, a new family of theropod dinosaurs. Palaeontologica Polonica, (21): 5-19.

Lee, Y.N. et al. 2014. Resolving the long-standing enigmas of a giant ornithomimosaur Deinocheirus mirificus. Nature, 515 (7526): 257-260.

Sanz, J.L. 2007. Cazadores de dragones: Historia de los paleontólogos que descubrieron y estudiaron los dinosaurios. Ed. Ariel.

Gascó, F. 2021. Eso no estaba en mi libro de historia de los dinosaurios. Guadalmazan.

 

Pakozoico

Francesc Gascó-Lluna (Pakozoico)

Doctor en Paleontología, especialista en dinosaurios y profesor en la Universidad Isabel I. Miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Paleontología e investigador colaborador del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED. Su especialidad es la paleobiología, la reconstrucción de la biología de estos seres vivos del pasado, en especial a través del estudio de sus huesos al microscopio.

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