De vuelta de la Prehistoria: resucitar animales extintos

Según algunos genetistas, no estamos tan lejos de lograr que vuelvan a la vida animales como el mamut lanudo, el bucardo, el pájaro dodo, el moa o el tigre de Tasmania, entre otras especies desaparecidas.

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Al principio, la especialización en la recuperación de genes fósiles era una disciplina muy limitada: “Por entonces creía que nunca lograríamos secuenciar el ADN entero de un organismo extinto. Lo más, algunos fragmentos sueltos. Pero ahora todo ha cambiado”, confiesa Poinar. La prueba, el citado artículo en Current Biology, con dos secuencias genómicas completas. La primera pertenece a un mamut lanudo que vivió hace 4.300 años en la isla de Wrangel, en el océano Ártico. Fue uno de los últimos supervivientes de su especie. El otro genoma es de un espécimen de 44.800 años, hallado casi intacto en el congelado suelo –permafrost– de Siberia.

 

Las nuevas técnicas de secuenciación, capaces de procesar gran cantidad de ADN en poco tiempo, han tenido mucho que ver. Según Poinar, entramos en la tercera fase de esta disciplina, que permite leer en los genes la historia evolutiva de las criaturas que dominaron la Tierra y que finalmente se extinguieron. A nuestro experto le fascina la historia evolutiva del mamut lanudo, que se entrecruza con la de los humanos, pues ambas especies surgieron en África hace seis millones de años. Los elefantes migraron para colonizar Asia Central, diversificarse en el norte de Siberia y llegar hasta Europa. A la vez, cruzaron el puente de tierra por el estrecho de Bering que unía Eurasia con Norteamérica.

 

En este proceso surgieron varias especies de proboscídeos que podemos incluir en el género Mammuthus. Además del lanudo (Mammuthus primigenius), en América del Norte y Central emergió otra especie muy grande, aunque no tan peluda, conocida como mamut columbino o de Columbia (Mammuthus columbi), cuyo ADN también esta siendo analizado por Poinar. Su equipo investiga los cambios en el genoma que hicieron posible que una especie adaptada en sus orígenes a un clima seco y caluroso como el africano se convirtiera en otra capaz de vivir en climas gélidos, incluso en la zona ártica, durante 600.000 años. Y con el añadido de que estas regiones sufrieron además profundas alteraciones climáticas, glaciaciones y periodos interglaciares, en las que pasaron del frío extremo al calor.

 

El mamut columbino era casi el doble de grande que el lanudo. Vivía en sabanas de clima continental en México y Estados Unidos, mientras que el lanudo estaba adaptado al tiempo gélido. No pudo haber dos proboscídeos más distintos. Sin embargo, el análisis del ADN alojado en las mitocondrias –las centrales energéticas de la célula– demuestra, según Poinar, que las dos especies se encontraron en el tiempo y el espacio, cuando un enfriamiento severo empujó a los mamuts lanudos a regiones más al sur. “Allí, las hembras de esta especie seleccionaron a los machos columbinos para aparearse. Antes pensábamos que eran especies muy diferentes, separadas por un millón de años, pero ahora sabemos que pudieron mezclarse y mantener su diversidad genética”.

 

Los genes también escriben el epitafio de las criaturas que desaparecen. ¿Qué causó la extinción de los mamuts, pese a su gran capacidad de adaptación? ¿Cómo es que desde hace 11.000 años –un tiempo cortísimo a escala geológica–, en Nueva Zelanda, Australia, Norteamérica, Asia y Europa, se hayan extinguido entre el 80 % y el 90 % de los grandes mamíferos? ¿Se debió al clima, al hombre o a ambas cosas?

Etiquetas: animalescienciaclonaciónprehistoria

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