¿Cuándo perdimos la cola? (evolución humana)

Una mutación genética nos llevó a perder este apéndice. Podemos saber el cómo, pero seguimos teniendo dudas del porqué.

 

Uno de los principales cambios anatómicos en la evolución del ser humano fue la pérdida de la cola. Esta reprogramación morfológica de los homínidos se ha relacionado siempre con nuestra forma de movernos sobre dos patas. Pero la realidad es que sigue siendo una de las características más desconocidas del ser humano. Gracias a los avances científicos en estudios genéticos, podemos formular respuestas más certeras a este misterio. Así es como los investigadores consideran que perdimos la cola hace 25 millones de años y, en vez de un proceso a lo largo de nuestra evolución, pudo ser una transformación súbita.

La genética nos guía el camino

La cola apareció en los primeros seres vivos, hace más de 500 millones de años. Este apéndice ha tenido y tiene múltiples utilidades. Los peces se propulsan con ella en el agua, algunos reptiles pueden perderla y regenerarla de nuevo, los escorpiones la usan como arma, las serpientes de cascabel para asustar a sus depredadores, las aves para dirigir su vuelo y, aunque los gatos jueguen a cazar su propia cola, la utilidad para la mayoría de los mamíferos tiene que ver con el equilibrio.

Pero en la evolución de los mamíferos, los simios perdimos la cola. Los chimpancés, los gorilas y los humanos, no tenemos este apéndice colgando a nuestra espalda. El coxis es todo lo que nos queda como recuerdo de cuando tuvimos cola. ¿Por qué perderíamos la cola y en qué nos benefició?

Bo Xia, de la Escuela de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, se hacía esta misma pregunta desde su niñez y, tras una lesión en el coxis mientras viajaba, Xia recordó su curiosidad infantil y se puso manos a la obra para intentar averiguar por qué los humanos no tenemos cola.

El esfuerzo de Xia y sus compañeros obtuvo recompensa y, en un artículo publicado en bioRxiv, lanzaron una hipótesis como respuesta a este misterio. Estudiaron 31 genes que influyen en el desarrollo de la cola y comprobaron que el motivo por el que dejó de crecernos este apéndice es porque dos ‘secuencias Alu’ se insertaron en un intrón de un gen concreto de la cola. En castellano: una mutación hizo que la proteína encargada de hacer crecer la cola quedara inutilizada.

Hicieron pruebas con ratones y comprobaron que los sujetos con esta mutación genética nacían con colas más cortas o directamente la perdían por completo. Esta evidencia científica llevó a pensar que la desaparición de la cola no fue gradual, a lo largo de millones de años, sino que perdimos la cola “de un solo golpe”, en palabras de Itai Yanai, del Instituto de Medicina Computacional de la Universidad de Nueva York.

¿Qué fue antes el bipedismo o la ausencia de cola?

La ausencia de cola en los humanos se ha relacionado siempre con el bipedismo. Nuestra cabeza, aunque pesada, se asienta sobre nuestra columna vertebral. Los animales que andan a cuatro patas necesitan un contrapeso para equilibrarse. Al andar erguidos, los humanos no solo no necesitamos la cola, sino que nos molestaría para desplazarnos.

Estas explicaciones proponen que perdimos la cola porque era molesto al andar erguidos, pero la cuestión es más compleja, porque, si nos fijamos en el registro fósil, los primeros simios sin cola todavía caminaban a cuatro patas. Es un caso de dudas entra la causa y el efecto. ¿Fue antes el huevo o la gallina? ¿Perdimos la cola porque andamos erguidos? ¿O podemos andar erguidos porque perdimos la cola?

Tenemos el cómo, nos falta el porqué

En cualquier caso, la investigación encabezada por Bo Xian apunta al cómo perdimos la cola, pero no sabemos exactamente por qué nuestros antepasados dejaron de tenerla, ni las causas que permitió a esta mutación sobrevivir en el tiempo. Pues, una vez más, un cambio en la evolución del ser humano también pudo tener consecuencias negativas. Los investigadores especulan con la posibilidad de que la pérdida de nuestra cola nos ha llevado a sufrir anomalías como la espina bífida.

Está claro que debimos sacarle un mayor beneficio a la ausencia de cola para haber llegado hasta aquí sin ella. Las mutaciones se dan constantemente en todas las especies. Si el huésped se beneficia de ella, es posible que transfiera su cambio a la siguiente generación. Pero si la mutación es negativa, es decir, resulta perjudicial para el individuo, lo normal es que tenga menos opciones de reproducirse, por lo que la mutación no sobrevive. Si de una manada de conejos marrones que viven en el campo nace uno blanco, será visto antes por un halcón.

Por tanto, no todas las mutaciones suponen un progreso para la especie, son solo un cambio. La capacidad de adaptarse al medio y reproducirse es lo que mide el éxito de una especie, que puede verse favorecida o perjudicada por mutaciones.

Los científicos no ven probable que nos vuelva a salir la cola, pero si lo hiciera, ya podríamos espantar las moscas sin apartar las manos del móvil.

Referencias:

Vicente, A. et all. 2018. En busca del origen perdido. Paidós.

Xia, B. et all. 2021. The genetic basis of tail-loss evolution in humans and apes. BioRxiv. DOI: 10.1101/2021.09.14.460388.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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