¿Cuáles son nuestras debilidades como especie?

Homo sapiens domina el mundo en la actualidad, pero estamos lejos de ser la especie más perfecta.

 

Sí, en estos momentos los humanos somos la especie dominante del planeta. Pero el género Homo lleva aquí desde hace unos 2,5 millones de años y la mayoría del tiempo hemos pasado desapercibidos. Desde luego, ninguno de aquellos seres que empezaron a caminar sobre dos patas, podría si quiera imaginar que acabaríamos pisando la Luna o hablando de ellos en un artículo publicado en internet.

Somos una presa que ocupa el puesto de los depredadores

Todas las especies que dominan algún ecosistema han necesitado millones de años de evolución y adaptación. Homo sapiens pulula por la Tierra desde hace unos 350 000 años, empezamos a construir ciudades hace 8000 años y en apenas 100 años hemos pasado de lograr hacer una fotografía a poder disparar una desde la superficie del planeta Marte. Esta velocidad descomunal en nuestro desarrollo como especie tiene sus puntos negativos.

A simple vista, no tenemos la fuerza de nuestros antepasados simios, ni garras con las que atacar o defendernos. No nos protege ninguna coraza, ni podemos huir corriendo de un depredador. De hecho, lo más valioso de nuestro cuerpo es el cerebro, está protegido por un cráneo relativamente duro, sí, pero la cabeza está sujeta por el cuello, una de las partes más frágiles de nuestra fisionomía.

Si contáramos únicamente con nuestro físico, está claro que no tenemos opciones contra prácticamente ningún animal salvaje. Necesitamos herramientas y armas para poder anteponernos a la posición que nos reservaba la naturaleza. Ahí es donde entra en juego nuestro cerebro, la máquina de pensar que nos ha aupado a la cima del dominio en el planeta. Pero este cabezón tan fabuloso tiene un coste.

El precio de ser inteligentes

De entrada, en energía. Cuando nos dedicábamos a cazar y recolectar, antes incluso de tener un cerebro tan grande, necesitábamos alimentarnos en menor cantidad. Mantener nuestra máquina actual en funcionamiento requiere de mucha comida, tiempo para hacernos con ella y a mayores recursos necesitemos, más problemas por la competencia que tengamos con otras especies y entre nosotros mismos.

Por si fuera poco, para fabricar herramientas necesitamos las manos libres. Para este y otros beneficios nos vino de perlas el bipedismo. Pero esta postura erguida también hizo nuestras caderas más estrechas, justo cuando más nos crecía la cabeza: no son cambios que liguen bien con el parto. Somos la especie animal que más peligro corre, tanto la madre como el bebé, en el momento de nacer.

Y uniendo todos los elementos anteriores, llegamos a otra debilidad: dependemos por completo de la vida en sociedad. Ya no solo al nacer y durante los años que pasamos totalmente indefensos y dependientes, sino que la sociedad y nuestra capacidad de cooperación es lo que nos mantiene en la cumbre biológica. Una máquina de pensar está bien, con toda una conexión inmensa de muchas de esas máquinas, somos imparables.

Nos faltan años de evolución. Nos sobra inseguridad

El salto abrumador que dimos hasta la cima de la cadena alimentaria nos ha convertido en seres llenos de inseguridades. La evolución más paulatina y prolongada en el tiempo de leones, tiburones o águilas han hecho de estos animales especies colmadas de confianza en sí mismas. Cuando una manada de gacelas huye por el ataque de un león, si la fiera logra alcanzar una presa, las demás gacelas dejan de correr y siguen pastando. El depredador ya tiene su comida. El ser humano sería el único animal que seguiría corriendo solo del susto.

“Muchas calamidades históricas, desde guerras mortíferas
hasta catástrofes ecológicas, han sido consecuencia
de este salto demasiado apresurado”.

Al menos esto es lo que piensa Yuval Noah Harari y la reflexión es, cuanto menos, interesante. Nuestra forma de vida actual incluso depende de nuestras cocinas y, en última instancia, del fuego. Nuestro estómago no está preparado para digerir tipos de alimentos si no están previamente cocinados, amén de los gérmenes y parásitos que elimina la cocción. Ni nuestros dientes pueden masticar con facilidad alimentos demasiado duros cuando están crudos. El fuego, nuestras cocinas, nos ahorran enfermedades y horas masticando alimentos, que podemos invertir en leer artículos como este.

“Hicieron falta 3 millones de años para pasar de los homininos que
elaboraban utensilios líticos a partir de esquirlas a los humanos
que fundieron el primer cobre; pero progresamos desde la
Edad de Hierro hasta los vuelos espaciales en solo 3000 años”.

Esta cita de Lewis Dartnell nos ayuda a comprender otra característica única de los humanos: evolucionamos tan rápido que hemos adelantado a nuestra propia genética. Nuestra cultura y forma de vida es lo que más nos ayuda actualmente a adaptarnos a nuestro entorno y superar los desafíos de nuestra especie a una mayor velocidad de lo que pueden mutar nuestros genes. Aún estamos por saber qué consecuencias puede traernos esta situación.

Referencias:

Cervera, O. 2021. La cultura humana ya evoluciona más rápido que nuestra genética. Muy Interesante.

Dartnell, L. 2019. Orígenes. Cómo la historia de la tierra determina la historia de la humanidad. Debate.

Harari, Y. 2018. Sapiens. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad. Debate.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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