¿Cuál es la mayor explosión del universo jamás detectada?

Los astrónomos han detectado la que sería la mayor explosión del universo jamás conocida hasta el momento y desde el estallido del Big Bang, que ha tenido lugar en el cúmulo de galaxias de Ofiuco, a unos 390 millones de años luz de la Tierra.

Región de Ofiuco
Una sección de la región de Ofiuco. / Dylan O'Donnell, Wikicommons

Los astrónomos han detectado la que sería la mayor explosión del universo jamás conocida hasta el momento y desde el estallido del Big Bang, que ha tenido lugar en el cúmulo de galaxias de Ofiuco. Este está compuesto por estrellas de múltiples colores, que indican sus diferentes grados de evolución, y que resulta localizable a simple vista desde la Tierra.


Sin embargo, la realidad es que esta erupción, que ya se da por terminada, ha tenido lugar a unos 390 millones de años luz del planeta azul, y el tamaño del agujero que ha dejado en el universo es tan descomunal que podrían caber en el hasta 15 galaxias iguales que la Vía Láctea, según la directora de investigación del Laboratorio de Investigación Naval en Washington, Simona Giacintucci, cabeza de la investigación que ha realizado este hallazgo.

Así, según el estudio publicado en The Astrophysical Journal, se cree que la explosión fue causada por un agujero negro supermasivo ubicado en la galaxia central de Ofiuco. De hecho, la Agencia Espacial Europea indicó que el estallido está vinculado a los "potentes chorros liberados" por este agujero negro supermasivo, que se alimenta del gas que le rodea, haciendo que en ocasiones estalle en grandes cantidades de materia y energía. En concreto, esta vez ha sido de tal magnitud que consiguió romper la gigantesca cantidad de gas que se encuentra a su alrededor, la cual se encuentra ahora repleta de ondas de radio fruto de la aceleración de electrones -hasta casi la velocidad de la luz- que ha provocado el chorro liberado.


Ya en el año 2016, la comunidad científica había detectado cierta actividad inusual en el cúmulo de Ofiuco a través de las observaciones recogidas por el telescopio Chandra, pero la cavidad era tan inmensa y habría requerido de tanta energía para formarse que, inicialmente, ni siquiera pensaron que se tratara de algo factible. Finalmente, gracias a una combinación de datos de rayos X del Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA, el telescopio espacial XMM-Newton de Europa, el Murchison Widefield Array de Australia y el Telescopio Gigante de Ondas Metálicas de la India ha podido constatarse el descubrimiento.

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