Contact: cuando simulamos contactar con ET y fracasamos

''Los astrónomos contactan con una civilización extraterrestre''. Para muchos, este titular de periódico sería el descubrimiento más excitante, desafiante y profundo de la historia de la humanidad. ¿Pero seremos capaces de descifrar su mensaje?

En 1961 la NASA patrocinó un estudio realizado por la Brookings Institution conjuntamente con la National Aeronautics Space Act para identificar los objetivos a largo plazo del programa espacial norteamericano y su efecto en la sociedad. Dentro de él se ofreció una discusión sobre "las implicaciones del descubrimiento de vida extraterrestre". No fue un análisis profundo, pues había otros asuntos más importantes que tratar, pero dejó abierto una serie de preguntas importantes. Los científicos sociales que participaron en el estudio vieron que el recién terminado proyecto Ozma de Frank Drake -el primer programa de búsqueda de inteligencias extraterrestres (SETI) de la historia llevado a cabo en el National Radio Astronomy Observatory- había "legitimado y popularizado las especulaciones sobre el impacto de un descubrimiento de este tipo en los valores humanos", además de que demostraba, como habían declarado los astrónomos, que serían las ondas de radio el modo de contacto más oportuno en los siguientes 20 años.

La ‘cuestión impacto’

Los autores del trabajo resaltaron que tanto las reacciones individuales como gubernamentales ante un posible contacto dependerían del sustrato religioso, cultural y social del momento, del mismo modo que de la información comunicada. El mero conocimiento de la existencia de vida en el universo, especulaban, podría dar un fuerte sentimiento de unidad en la Tierra basado en la unicidad de la raza humana o, en su defecto, una reacción global y única a algo extraño. A causa de las dificultades de una comunicación, un descubrimiento de este tipo sería "uno de los hechos de la vida" que no requeriría ningún tipo de acción.

Por otro lado, en una afirmación que ha sido mencionada regularmente desde entonces, los autores avisaban de un posible efecto de peor presagio: "La antropología nos muestra muchos ejemplos de sociedades, seguras de su lugar en el universo, que se han desintegrado cuando se han tenido que asociar con otras sociedades que no conocían y que poseían ideas distintas y diferentes modos de vida; otras han sobrevivido a tal experiencia pero pagando el precio de cambios en sus valores, actitudes y comportamiento".

Serían los científicos, sugerían los autores del informe, quienes más se verían afectados por el descubrimiento de una inteligencia superior ya que "un entendimiento avanzado de las naturaleza podría viciar todas nuestras teorías, si ni requerir también  una cultura y quizá un cerebro inaccesible a los científicos". Finalmente, apuntaban que surgirían dilemas filosóficos como el de decidir si los alienígenas deberían ser tratados moral y éticamente como seres humanos.

¿Y si se descubrieran plantas o –como lo llamaron– "inteligencia subhumana" en los por entonces cercanos planes de exploración de Marte y Venus? Pues a pesar de la novedad que eso supondría, sobre la mayor parte del pueblo norteamericano tendría el mismo efecto que el que tuvo el descubrimiento del panda o del celacanto. Una predicción que más o menos se cumplió cuando el 8 de agosto de 1996 la NASA anunció a bombo y platillo el descubrimiento de posibles evidencias de vida microbiana en Marte. 

En resumen, el informe NASA-Brookings decía que un contacto con seres extraterrestres podría ser bueno o malo, pero lo más seguro es que sería devastador para los científicos.

El experimento Contact

Claro que antes de conocer el impacto que tendría sobre nuestra sociedad, habría que ver si realmente somos capaces de descifrar un mensaje proveniente de otro planeta. Esta fue la idea que impulsó el experimento que se puso en marcha en febrero de 1992. Entonces dos equipos se dispusieron a jugar un sorprendente juego de rol: simular el primer contacto entre seres humanos y extraterrestres. Este interesante ejercicio ya había sido realizado con anterioridad ocho veces por miembros de una organización sin ánimo de lucro llamada Contact, pero ésta era la primera vez que se llevaba a cabo meticulosamente. Bueno, tan meticulosamente como se pueda hacer este tipo de experimentos.

Un año antes, el plantel de directores de Contact habían decidido que esta vez el juego sería bastante sofisticado, de manera que pudiera atraer a patrocinadores de prestigio. Al final se pudieron constituir dos equipos compuestos por físicos, psicólogos, artistas, geólogos, escritores de ciencia ficción… El objetivo era bien simple: el equipo humano debía ser capaz de interpretar el mensaje del equipo extraterrestre, que trabajó duramente para preparar un modelo de su raza, un mapa, un planeta y un vuelo animado sobre la superficie de su planeta madre. Después de un año, el momento de la primera transmisión llegó.

Humanos vs alienígenas

El equipo humano, compuesto por unas 16 personas, estaba, además, unido vía correo electrónico con un gran número posibles consultores. Todo parecía listo, pero la primera transmisión, el primer contacto entre dos razas alienígenas, se fue al traste. ¿El motivo? Bien sencillo. Los extraterrestres utilizaban ordenadores PC mientras que los humanos usaban Mac. A nadie se lo ocurrió incorporar el software necesario para poder traducir de un tipo a otro de ordenador (al final el problema se pudo resolver gracias a la ayuda de una universidad cercana). Todos aprendieron la moraleja: si los propios ordenadores humanos presentan problemas a la hora de comunicarse entre sí, ¿qué inimaginables problemas aparecerán cuando intentemos comunicar con extraterrestres de verdad?

Referencias:

Shuch, H. P. (2013) Searching for Extraterrestrial Intelligence: SETI Past, Present, and Future, Springer

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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