Cómo sobrevivir a una invasión zombi

Imagínate que, sin comerlo ni beberlo, esta noche de Halloween te enfrentas a una verdadera debacle zombi. ¿Qué harías para mantenerte vivo el mayor tiempo posible? ¿Cuál sería tu mejor estrategia?

“Empezó a disparar… las balas destrozaban el lugar. Vi a una de esas cosas recibir 30 disparos.  Tenía que estar muerto, pero continuó acercándose. Hasta que recibió un tiro en la cabeza… La única manera de detenerlos es disparándoles en la cabeza”. De esta forma se explicaba Ben, uno de los protagonistas de la película La noche de los muertos vivientes, iniciadora de este subgénero del cine de terror con un alto contenido en sangre y vísceras. En ella su director y coguionista, George A. Romero, ponía las bases de lo que sería el leitmotiv de otras igualmente exitosas como Resident Evil, 28 días después, el Amanecer de los muertos, la española Rec o la comedia Zombies Party, por señalar algunas de las más conocidas.

Una cosa es clara: lo que todos tenemos en la cabeza cuando nos hablan de zombis es un cadáver reanimado. Según Kim Paffenroth, estudioso de las religiones y autor del libro El evangelio de los muertos vivientes, son tres las características básicas: se les puede matar de un tiro en la cabeza; suelen ser lentos, mental y físicamente, pero lo que pierden en velocidad lo ganan en fuerza; comen personas y al que muerden se convierte en zombi. Esto último resulta ser un detalle fundamental para entender su expansión por el mundo, el contagio vía mordedura.

Los muertos caminarán sobre la Tierra

“Cuando el infierno esté lleno, los muertos caminarán sobre la Tierra”, decía la publicidad de la película Zombi. ¿Realmente podrían acabar dominando el planeta? Algunos, como el neurocientífico Anders Sandberg, han realizado simulaciones sobre la evolución de una población de humanos y zombis, en lo que sería una versión de terror del clásico problema ecológico de los zorros y los conejos.

Teniendo en cuenta que su velocidad es de unos pocos kilómetros al día, las plagas de zombis suelen estar autorreguladas: empieza con una expansión rápida, luego alcanza un equilibrio, para ir desapareciendo a medida que se termina la comida. Del mismo modo, en su población abundan los ancianos y enfermos, pues son más fáciles de cazar y, por tanto, resultan ser cazadores poco eficaces. Por supuesto, existe una presión evolutiva sobre ellos. Si matan pero no muerden acaban desapareciendo, luego están obligados a evolucionar de modo que hieran al mayor número de personas posible para mantener la población.

Claro que pensar que atacan a los seres humanos para alimentarse es algo que deberíamos olvidar, más que nada porque si los zombis están realmente muertos no lo necesitan. En realidad que ataquen a los seres humanos no es más que un subproducto del efecto envilecedor del virus (o sea lo que sea lo que los convierte en zombis): activando la necesidad de comer consigue que el muerto viviente sea más violento.

Si te enfrentas a una invasión zombi…

Es curioso que enfrentados a un apocalipsis zombi lo primero que se nos ocurre es hacernos fuertes en algún lugar cerrado mientras las hordas de muertos vivientes nos esperan en el exterior. Esta maniobra no es otra cosa que una versión del clásico sitio a una fortaleza. La diferencia es que los zombis no pueden operar máquinas de asedio, aunque pueden realizar la infiltración por escalada o aprovechando fallas en el perímetro de defensa, como en 28 días después o La noche de los muertos vivientes. ¿Es una buena táctica?

Un asedio termina de cuatro formas. La primera es con la llegada de refuerzos que derrotan al agresor. Esto es lo que esperaban los protagonistas de La noche de los muertos vivientes, encerrándose en una vieja casa, El amanecer de los muertos, en un centro comercial o Zombis party, en un pub inglés. Pero solo es una buena opción en las primeras fases de la epidemia. El paso del tiempo sin recibir refuerzos juega contra los sitiados.

El segundo final consiste en entablar batalla contra los atacantes, una táctica que suele terminar con la derrota del defensor, inferior en número. En El amanecer de los muertos la ruptura del sitio se realiza en un autobús fuertemente armado. Sin embargo las probabilidades de éxito son mínimas teniendo en cuenta que el ejército zombi está en continuo crecimiento y las fuerzas de los defensores en descenso constante.

La tercera es que el ejército atacante acabe con sus provisiones y muera de hambre o por enfermedad. Esto sería posible si la esperanza de vida de los zombies fuera de unos meses (28 días después) a poco más de un año. Si los defensores poseen suficientes alimentos y agua para resistir e impedir una brecha en las defensas, podrían sobrevivir al asedio.

Pero lo más habitual es que el asediado sucumba al hambre y las enfermedades. El problema de los sitios de larga duración son los problemas psicológicos asociados, las luchas intestinas, los roces que se acaban convirtiendo en odios y el desarrollo de comportamientos sociopáticos.

Por tanto, si alguna vez el lector se enfrenta a una epidemia de muertos vivientes la mejor táctica es, habida cuenta de la escasa movilidad del ejército zombi, organizarse en pequeños grupos extremadamente móviles e ir ocupando lugares hasta que la posición sea insostenible. Incluso se puede aprovechar su tendencia a agruparse en gran número para destruirlos en masa mediante emboscadas. Eso sí, enfrentados a una victoria zombi quizá lo único que pueda hacerse sea emular la carga de la caballería ligera y morir, como se decía antiguamente, con honor.

Auqneu en realidad la mejor forma de disfrutar de una invasión zombi es acercarse a la fiesta The it’s alive show que se celebra todos los octubres en Monroeville, Pennsylvania, y culmina con la habitual caminata por el centro comercial de esta ciudad, el lugar donde se desarrolló la segunda película de la saga de George A. Romero que en España se estrenó como Zombi. Ya lo dice uno de los organizadores: si quieres convertirte en muerto viviente solo debes pintarte de negro alrededor de los ojos y elevar una mirada perdida al cielo.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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