¿Cómo será el futuro de la Humanidad dentro de mil años?

Esferas de Dyson, láseres creadores de supernovas, terraformación de planetas... muchos científicos han imaginado cómo puede ser el futuro de la Humanidad a largo plazo. Estas son algunas de sus propuestas

 

Nadie sabe cómo será el futuro de la humanidad dentro de mil años. Cualquier intento de prever qué pasará, sería tan inútil como erróneo. Pero eso no ha impedido que muchos científicos hayan imaginado cómo puede ser porque siempre hay visionarios capaces de levantar el velo del futuro y entrever algo de los que nos espera.

Terraformando Marte

La mayor empresa que pueda enfrentar una civilización de ese tipo es la terraformación de planetas, la construcción de una biosfera planetaria que simule la de la Tierra. Obviamente el primer planeta que terraformaremos será Marte. Para ello primero deberemos aumentar la temperatura media del planeta rojo mediante la instalación de factorías productoras gases invernadero artificiales, como el perfluorometano (CF4). Si se liberase al ritmo de 1 000 toneladas por hora, la temperatura media del planeta aumentaría 10 C en una pocas décadas. Por otro lado, la insolación sobre Marte habría que aumentarla, como mínimo, en un 30%, mediante la instalación de espejos en órbita del tipo de las velas solares. A continuación deberían conseguirse unos niveles válidos de nitrógeno y oxígeno en la atmósfera volatilizando nitratos y carbonatos mediante dos métodos, a cada cual más catastrófico: por impactos meteoríticos dirigidos o por minería nuclear. Ambas consiguen la volatilización in situ de estos elementos mediante la inyección de calor en profundidad.

Con el aumento de la temperatura, el hielo que existe a unos cuantos metros por debajo de la superficie, en el permafrost, su fundirá y tendremos agua líquida, pero no la suficiente. La única forma de añadir agua a Marte es mediante un intenso bombardeo cometario, algo que ya sucedió en la Tierra cuando era joven. Tras 200 años de ingeniería planetaria, Marte tendría una temperatura global de 8ºC, una presión total de unos 240 milibares (alrededor de la quinta parte de la terrestre)

Esferas de Dyson

El futuro de la humanidad no sólo pasa por resolver el problema del espacio y de los recursos naturales. También se necesita una fuente de energía que la proporcione en grandes cantidades y sea prácticamente inagotable. En 1960 el físico Freeman Dyson propuso que la mejor forma de extraer toda la energía del Sol era construir un “envoltorio” de células solares que lo rodee, como la piel de una manzana. Tres son los posibles radios de este espectacular cascarón: a 9 millones de kilómetros del Sol, entre las órbitas de Mercurio y Venus o, como propuso originalmente Dyson, a la distancia de la Tierra al Sol. Dos son los problemas con los que se enfrenta este tipo de megaconstrucción planetaria: de dónde sacar los materiales para construirla –una esfera de Dyson situada a la distancia de la Tierra tendría un área interna de 183 mil billones de kilómetros cuadrados- y cómo solventar el problema de los efectos gravitatorios de los planetas interiores que podrían destrozar esta estructura. La solución al doble problema es única: si los planetas molestan, los quitamos. “Es posible desmenuzar planetas”, escribió Dyson en 1966. Al triturarlos, obtendremos los materiales necesarios para construir la esfera. Y si es necesario, podemos acabar con Júpiter. Esto se podría hacer de dos formas: acelerándolo o volándolo. Lo primero se conseguiría recubriendo el planeta con cable superconductor. Debido a su campo magnético, Júpiter se convertiría en un motor eléctrico que empezaría a girar cada vez más deprisa hasta el punto en que la gravedad no sería capaz de mantenerlo estable. Pero el tiempo de espera sería casi eterno: unos 40 000 años. La voladura es una opción más aceptable. La cuestión no es reventarlo de manera incontrolada, sino del mismo modo que se hace al derribar edificios, solo que más a lo grande: lo que se llama voladura termonuclear subatmosférica controlada. En resumen, mediante cargas nucleares estratégicamente situadas en el interior de la atmósfera de Júpiter.

La colonización de la galaxia

Dentro de un millar de años, si la Humanidad todavía vive, saltaremos a las estrellas. Las distancias son enormes y no sabemos bajo qué soles encontraremos planetas habitables, pero la exploración podrá ponerse en marcha. Y todo gracias a sondas automáticas de Von Neumann. En 1940 John Von Neumann demostró matemáticamente que los autómatas autorreproductores eran posibles. Esto es, que no existía ningún condicionante teórico que prohibiera este tipo de máquinas. A partir de esta idea, los físicos Frank Tipler y John D. Barrow han calculado el tiempo que necesitaremos en explorar toda la galaxia, suponiendo que existe un planeta habitable cada 50 años-luz de distancia, que estas sondas automáticas viajan a un décimo de la velocidad de la luz y que las sondas tardan en consolidar la posición en un planeta unos 500 años (el tiempo necesario para terraformarlo), ¡en sólo dos millones de años ya habremos colonizado la galaxia! Si reducimos su velocidad a 30 km/s tardaríamos algo más: unos 30 millones de años. Un lapso muy breve en lo que es el tiempo cósmico.

Llegados a este punto la imaginación se dispara. Los astrofísicos Sagan y Shklovskii propusieron provocar explosiones de supernovas artificiales mediante láseres de una potencia inimaginable: un billón de Gigawatios. ¿Por qué? En las explosiones de supernova es cuando se crean los elementos pesados, los elementos con los que se construye una civilización tecnológica. Por su parte, Martin Fogg propone crear estrellas: hacer brillar aquellos objetos celestes que jamás pudieron convertirse en estrellas por no contener suficiente masa. ¿Cómo? Utilizando los microagujeros negros –agujeros negros del tamaño de la cabeza de un alfiler- que se supone se crearon con la Gran Explosión. La gran mayoría se habrían desintegrado ya, pero aún sobrevivirían algunos para poder lanzarlos contra esas “estrellas abortadas” y, colocados en su interior, hacerlas brillar. O, ¡por qué no! Construyendo microagujeros negros en el laboratorio y trasladándolos hacia allí.

Increíble, ¿verdad? Y eso que siempre hay científicos capaces de hablar de esferas de Dyson galácticas, internet galáctica, la siembra de vida en otros planetas y reorganización de la estructura galáctica para obtener el máximo nivel de recursos a la galaxia... Pero ya se sabe, la imaginación es libre y el papel aguanta lo que escribas.

Referencias:

Kaku, M. (2011) The future of Humanity, Random House

Zubrin, R. (2000) Entering Space, TarcherPerigee

 

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

Continúa leyendo