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Cómo ha cambiado la pandemia nuestra percepción del tiempo

Las emociones juegan un papel fundamental en nuestra percepción del tiempo.

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Es prácticamente imposible no pensar en la vida antes de la pandemia. Para muchas personas es como si fuera ayer, pese a que ya ha pasado un año. Para otras, en cambio, recordar la vida antes de la pandemia les resulta algo muy lejano, casi de otra época. ¿Por qué las percepción es diferente en cada persona? ¿Ha cambiado la pandemia nuestra percepción del tiempo?

Científicamente, el tiempo es bastante preciso. De hecho, nuestro planeta tarda 23, 9 horas en hacer una rotación sobre su eje. Pero no es así como entendemos el tiempo, ya que a menudo sentimos que pasa demasiado lento o deprisa. Esto se debe a que nuestro estado emocional juega un papel fundamental en nuestra percepción del tiempo. Así, numerosas investigaciones concluyen que, a las personas con un estado emocional negativo, el tiempo les parece que pasa mucho más lento. En cambio, a las personas con un estado emocional positivo el tiempo les parece que transcurre mucho más rápido.

Por este motivo, en las primeras semanas de la pandemia, cuando debimos confinarnos en casa y nuestra vida cambió por completo, no era extraño suponer que sentiríamos una montaña rusa de emociones. Tanto fue así que la COVID 19 no solo alteró nuestras vidas, sino también nuestro sentido del tiempo.

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Diferencias en la percepción del tiempo

Como detalla el profesor Gable para The Conversation, cuando disfrutamos (durante un viaje o en una reunión con amigos) el tiempo parece pasar volando. En cambio, cuando estamos tristes, enfadados, nerviosos o asustados, el tiempo parece que se detiene. De hecho, algunas personas que han sufrido un suceso traumático o un accidente de coche comentan que lo vivieron a cámara lenta. Esto se debe a que la emoción y la motivación están entrelazadas.

La emoción nos obliga a actuar de una forma determinada, ya sea escondiéndonos si estamos asustados o concentrándonos en una actividad que nos apasiona. La primera se denominada ‘motivación de evitación’, mientras que a la segunda se le conoce como ‘motivación de acercamiento’. Así, un equipo de investigadores de la Universidad de Delaware (Estados Unidos) ha podido concluir que la motivación de acercamiento hace que nuestro sentido del tiempo se acelere, mientras que la motivación de evitación lo ralentiza.

Esto es debido a que, cuando estamos disfrutando con una actividad o decididos a hacer una tarea específica, tenemos un objetivo en mente. De esta forma, la aceleración o ralentización del tiempo contribuye a lograr esos objetivos, ya que cuando el tiempo pasa más rápido a las personas les cuesta menos perseguir una meta a largo plazo.

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