Cómo el Sol permitió la colonización de Groenlandia

Quizá sea la actividad solar que despliega nuestro Sol cada once años el fenómeno astronómico que más influencia haya tenido sobre nuestro planeta. De hecho, es posible que la colonización de Groenlandia fuera posible gracias a ella.


El primer registro histórico que tenemos del descubrimiento de Groenlandia es de 982 por Eric el Rojo. Tres años más tarde se instalaron allí los primeros colonos. El tiempo inusualmente bueno que hubo de 1000 a 1300 permitió que la colonia floreciera gracias al comercio de marfil, pieles de foca, madera... Para el año 1300 vivían allí más de 3.000 colonos en 300 granjas. Pero el frío empezó a llegar en 1325 provocando cosechas muy pobres, hambrunas y... la muerte.

En 1350 los colonos abandonaron los asentamientos del norte de Groenlandia, pero no sabemos hacia dónde dirigieron sus pasos. La caída de las temperaturas hizo que los glaciares árticos viraran hacia el sur, con lo que la navegación desde Noruega a la isla se hizo casi imposible. Si no hubiera sido por el coraje de los comerciantes noruegos se habría perdido toda comunicación con Groenlandia. Hacia 1360 sólo llegaba un barco cada pocos años y la última visita a la colonia se produjo en 1406. Fue algo totalmente casual: el barco había perdido el rumbo durante una tormenta. El descubrimiento de los últimos enterramientos en la colonia revelan cadáveres de personas malnutridas y con deformaciones.

Este dramático giro en el clima recibe el nombre de la Pequeña Edad de Hielo. Durante ese tiempo la mortalidad y el hambre se adueñaron del mundo. El Mar Báltico se congeló en el invierno de 1422-23 y el río Támesis hacía lo propio cada año. Hasta los pintores flamencos, como Hendrick Avercamp, representaron inviernos particularmente crudos.

Lo llamativo es que los siglos precedentes, marcados por un tiempo cálido, habían coincidido con el llamado Máximo Medieval de actividad solar, y la época más fría de la Pequeña Edad del Hielo coincidió con dos periodos en los que el Sol no mostró ni una sola mancha: el Mínimo de Spörer (de 1400 a 1510) y el Mínimo de Maunder (de 1645 a 1715). Lo que es cierto es que los registros obtenidos durante 3.000 años revelan que las bajadas globales de temperatura coinciden con mínimos en la actividad solar.

Colonización de Groenlandia
Colonización de Groenlandia

El aspecto más visible de ésta son las manchas solares, unas zonas oscuras que aparecen en la fotosfera. Curiosamente, tuvieron mucho que ver con el destino de uno de los científicos más famosos, Galileo Galilei. Aunque los chinos conocían la existencia de la manchas solares desde la Dinastía Shang, en 1200 a. C., en Europa su descubrimiento está asociado a 4 hombres: David Fabricius, Thomas Harriot, Christoph Schneider y Galileo Galilei. De los cuatro, los dos últimos perseveraron en sus observaciones. La agria y turbulenta polémica entre Galileo y el jesuita Schenider sobre quién fue el primero en observarlas tuvo serias consecuencias en el futuro del astrónomo. Las intrigas de Schneider consiguieron que los jesuitas cambiaran su actitud hacia Galileo: la discusión acabó en una guerra abierta contra el físico que duró 20 años. Él siempre sospechó que tras la persecución a la que fue sometido por la Iglesia estaba la animosidad de los jesuitas, convenientemente azuzados por Schneider.

Las chispas que saltaron por el proceso más famoso de la historia nada tienen que ver con lo vulnerables que nos hemos convertido desde que Edison iluminó la calle principal de Menlo Park, hoy Edison, (Nueva Jersey) en la Nochevieja de 1879. Desde entonces nuestra civilización depende críticamente de la electricidad, y ahí estamos vendidos cuando nuestro Sol se pone nervioso. Un ejemplo lo tenemos en lo sucedido en marzo de 1989, cuando una enorme mancha solar provocó la aparición de grandes erupciones en la superficie. Estas explosiones, causadas por el campo magnético que creó la mancha, lanzaron una lluvia de partículas subatómicas al espacio, esencialmente protones. Como son partículas cargadas, al alcanzar la Tierra se mueven siguiendo trayectorias espirales guiadas por el campo magnético de nuestro planeta, lo que en ocasiones provoca la aparición de corrientes eléctricas inducidas en las líneas de alta tensión. De este modo, a las 2:45 de la madrugada del 13 de marzo una erupción particularmente intensa activó los diferenciales de la estación eléctrica James Bay y provocó el colapso eléctrico de toda la provincia de Quebec, dejando sin suministro eléctrico a 7 millones de personas, incluyendo Montreal. La red se recuperó sobre la medianoche de ese día. Eso sí, los habitantes de la oscurecida ciudad canadiense pudieron disfrutar de unas preciosas auroras boreales.

Éste no es el único efecto de las erupciones solares, que modifican a las propiedades de la ionosfera durante días. Todas las comunicaciones por radio fallan, así como los satélites artificiales, y las fábricas de microchips también se ven afectadas. El coste económico es importante: una única explosión solar como la que apagó Quebec provocó pérdidas de decenas de millones de dólares y un gasto indirecto de 2.000 millones. Las erupciones solares también han sido responsables de las interferencias en el radar durante la II Guerra Mundial y la pérdida de contacto con la base antártica de McMurdo en noviembre de 1960, que la dejó incomunicada y sin posibilidad de ayuda pues no había manera de conocer las condiciones meteorológicas locales.

A la vista de la historia, no está de más que nos preparemos para una futura, violenta e imprevisible actividad solar

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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