¿Comíamos mejor hace 800.000 años?

El menú de la dieta paleolítica cambió por completo con la llegada de la agricultura.

 

En la actualidad hay una corriente destacada que apuesta por comer sano. Se divide en muchas ramificaciones e ideas, pero parece que hoy nos cuidamos más que hace unos años o, al menos, se intenta paliar la peor calidad de nuestros alimentos prestando más atención a lo que comemos. Muchas opciones de esta corriente se tienen como estilos de vida, que unen dietas saludables e ideologías. Movimientos como el real food, el vegetarianismo o el veganismo son seguidos cada vez por más personas.

Comer como en la prehistoria

Entre los cientos de dietas y modos de alimentarse, hay una que nos ha llamado la atención: la dieta paleolítica. Consiste en seguir la alimentación de los humanos antes de la aparición de la agricultura, hace unos 10 000 años. Seguir esta dieta requiere dejar de comer legumbres, cereales y productos lácteos, para alimentarnos únicamente de los productos que podían obtener los cazadores y recolectores del paleolítico: carnes magras, pescado, verdura, fruta, semillas y frutos secos. El objetivo es evitar enfermedades como la obesidad o la diabetes, problemas que vienen de nuestra forma de alimentarnos en la actualidad y la vida sedentaria.

No vamos a entrar aquí en debates sobre modos de vida saludables, pero la dieta paleolítica nos ha despertado la curiosidad (y el apetito) ¿Comíamos en el paleolítico realmente lo que aconseja la dieta? ¿Nos alimentábamos mejor hace 800 000 años?

La alimentación prehistórica se basa, en gran medida (como tantas cuestiones del pasado), en suposiciones. Hablamos de lo que pudimos comer según el entorno que reconstruyen los paleoantropólogos y las opciones de productos a los que tuvieron acceso los cazadores y recolectores. Por tanto, es obvio que hay un componente diferencial: la geografía. La flora y la fauna de la Europa Occidental de hace casi un millón de años no era la misma que la de África central.

Pruebas para conocer qué se comía hace tanto tiempo

Pero en la Península Ibérica contamos con pruebas que suponen las evidencias más directas para conocer el menú de los primeros europeos. En el yacimiento de Atapuerca tenemos restos de animales que fueron el plato del día de aquellos habitantes del pasado. Rebuscar en la basura de la prehistoria también nos da una rica información sobre los desechos de alimentos. E incluso encontramos mandíbulas con sarro que, junto con el análisis de estrías microscópicas en los dientes, ayudan a elaborar la carta de los platos prehistóricos.

El menú

En base a ello, los humanos que vivieron alrededor de Atapuerca tenían una alimentación basada en carne de ciervo, caballo y bisonte. Rinocerontes, tortugas y aves eran presas esporádicas, pero, a fin de cuentas, la supervivencia te lleva a comer lo que sea cuando no puedes elegir. Vegetales, bellotas, nueces, raíces y hongos son más difíciles de rastrear, pero se tienen como alimentos que complementarían la ingesta de carne. Se han encontrado, en menor medida, restos de carnicería sobre huesos de castores, monos y grandes osos.

Además, en Atapuerca se encuentran restos humanos con las mismas marcas por cortes y bocados que tienen los huesos de animales. Son, sin duda, evidencias de canibalismo. Los investigadores defienden que no son actos aislados, sino que durante cientos de años el canibalismo formó parte del día a día. En Atapuerca se ha detectado el caso de canibalismo más antiguo de la humanidad con 900 000 años. Aunque hoy nos aterra y repugna, parece que los humanos fueron un producto más en la carta prehistórica. Esperemos que no se introduzca en la actual dieta paleo.

Hombre del paleolítico comiendo
Alimentarnos únicamente de los productos que podían obtener los cazadores y recolectores del paleolítico

¿Nos salió caro cambiar de alimentación?

Tras al paleolítico llegó la llamada revolución agrícola. Entre el 9500 y el 3500 a.C. domesticamos un puñado de especies que hoy en día suponen el noventa por ciento de las calorías que alimentan a toda la humanidad: trigo, arroz, maíz, patatas y cebada. Esta revolución es, en palabras de Yuval Noah Harari, “el mayor fraude de la historia”.

Durante muchos años se ha defendido que la invención de la agricultura y la ganadería fue un salto adelante para la humanidad, el mayor progreso de nuestra especie. Pero ahora hay voces que ponen en duda esa afirmación. Sí, la agricultura aumentó la cantidad de alimento disponible, pero ello no supuso una dieta mejor ni más tiempo libre. Al contrario: tuvimos que dedicar mucho más tiempo y trabajar más duro para cultivar el trigo y solo se tradujo en una explosión demográfica y élites sociales más diferenciadas del resto.

He aquí el elemento clave de la agricultura: la explosión demográfica. Nos reprodujimos más que nunca a partir de la revolución agrícola y el éxito de una especie se mide por su capacidad de reproducirse. Una de nuestras mejores armas para dominar el mundo en la actualidad por encima del resto de especies.

Referencias:

Harari, Y. N. Sapiens. 2018. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad. Debate

Pérez-Pérez, A. 2017. The diet of the first Europeans from Atapuerca. Scientific reports 7, 43319. DOI: 10.1038/srep43319.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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