‘Cocaína rosa’ o ‘tusi’, ¿la nueva droga de moda?

A pesar de su nombre, este polvo rosa no tiene nada que ver con la cocaína. ¿Qué composición y efectos tiene?

El número de nuevas drogas de síntesis que salen al mercado crece cada año. Son relativamente fáciles y baratas de preparar, y adoptan forman y colores atractivos. Sus productores aprovechan la lentitud de la ley, y disfrutan de un tiempo de vacío normativo, antes de entrar en la lista de sustancias controladas.   

Entre esas drogas que buscan captar nuevos clientes, está un llamativo polvo rosa, de cuyo creciente consumo informan las autoridades policiales, tanto en Europa como en EEUU. Algunos medios de comunicación lo han bautizado como ‘cocaína rosa’, la nueva droga de moda. Pero lo cierto es que no tiene nada que ver con la cocaína, y tampoco es una droga nueva.

Por lo que el apodo de ‘cocaína rosa’ es un desacierto. Mientras que la cocaína es un clorhidrato (una sal ácida) elaborado a partir de las hojas de la planta de la coca, Erythroxylum coca, la mal llamada cocaína rosa no tiene ninguna relación con el alcaloide del famoso polvo blanco.

A este polvo rosa, a veces hallado en forma de comprimido, se lo conoce, en la calle, como ‘tusi’. Y cuesta unos 100€ por gramo. Pero, como veremos ahora, su nombre popular esconde otra confusión más.

 

2C-B, el origen del nombre ‘tusi’

La palabra ‘tusi’ es una abreviatura de ‘tusibí’, que a su vez es la adaptación del inglés Two C-B (2C-B). El nombre se refiere a una sustancia química, una feniletilamina psicodélica de la familia 2C, de nombre científico 4-bromo-2,5-dimetoxifeniletilamina.

Fue sintetizada por el químico orgánico de Harvard Alexander Shulgin, a comienzos de la década de 1970. La 2C-B fue comercializada como un potenciador de la libido y para tratar la disfunción eréctil, bajo el nombre de Performax, Erox o Nexus, como todavía se la conoce en la calle. Vendida en forma de cápsulas o comprimidos de colores, se hizo bastaste popular en clubes nocturnos de gente acomodada, hasta que, a partir del año 1995, EE.UU. la clasificó como sustancia controlada, tras concluir que tenía un alto potencial de abuso. Poco a poco, el resto de países la fueron prohibiendo.

Pero, aunque tome su nombre, el ‘tusibí’ rara vez contiene 2C-B, y no es una molécula sino un compuesto formado por varias sustancias, ninguna de ellas nueva.

De las muestras de polvo rosa analizadas, solo el 5% contenían la feniletilamina 2C-B, tal y como advierten desde distintas asociaciones para la reducción de riesgos en el ámbito de los consumos recreativos de drogas, como Échele Cabeza (Colombia) y la Asociación Bienestar y Desarrollo, con su programa Energy Control (España).

 

Lo que el polvo rosa es realmente: una lotería de sustancias

Drogas
Fuente: PxHere

Si la droga rosa no tiene nada que ver con la cocaína, si el 95% de las muestras analizadas no tienen ni rastro de 2C-B, la pregunta que salta a la vista es: ¿de qué está hecha? Y lo peor de todo es la repuesta: depende.

Depende de lo que hayan querido meter quienes lo elaboran. Seguramente aprovecharon el prestigio que adquirió la feniletilamina del doctor Shulgin entre los consumidores, décadas atrás, para dar gato por liebre y colar como 2C-B un polvo rosa compuesto por toda clase de sustancias psicoestimulantes.

La mayor parte de las veces, el misterioso polvo rosa contiene una mezcla de ketamina, MDMA y cafeína, en proporciones muy variables dependiendo de la “receta” particular.

Entre las muestras, también han aparecido anfetaminas e, incluso, en pocos casos, medicamentos como el ácido salicílico (materia prima de la aspirina), el levamisol (usado para tartar los parásitos) y el dextrometorfano (un componente del jarabe para la tos).

Rara vez había algo de 2C-B y de, sorpresa, cocaína (tan solo apareció en dos muestras de setenta y dos), junto con la ketamina y la MDMA.

 

Sus efectos (o el peligro de no saber lo que tomas)

Los efectos del ‘tusibí’ son muy difíciles de prever. El problema es doble; primero, mezclar altera los efectos que tendrían las drogas de ser consumidas por separado, y segundo, la proporción de dichas sustancias es extremadamente variable de una muestra a otra.

Lo común son efectos sobre la cognición, los sentidos y el estado de ánimo, incluyendo, a según qué dosis, alucinaciones. Sus usuarios describen sensaciones similares a las que provocan la MDMA (sustancia conocida como ‘eme’ o cristal) y el LSD (popularmente llamado ácido), incluyendo sentimientos de euforia y bienestar, emociones a flor de piel y distorsiones en la percepción del tiempo y el espacio. Como todo psicotrópico, puede provocar efectos adversos, tales como ansiedad, confusión y náuseas.  

Algunas de las muestras analizadas por Energy Control entre 2019 y 2021 contenían solo un 5% de ketamina, mientras que, en otras, el porcentaje alcanzaba el 72%. La MDMA tenía una presencia que oscilaba entre el 1% y el 24%, y la cafeína iba desde el 2% hasta al 48% del contenido total de cada gramo de ‘tusi’.

Es obvio el peligro que esto conlleva. Un polvo con el mismo color y el mismo nombre puede contener sustancias o concentraciones completamente diferentes.

Los riesgos de no saber lo que uno consume, multiplican los riesgos que las sustancias tienen ya de por sí. Por ejemplo, mezclar ketamina con MDMA y cafeína (la mezcla más común del ‘tusi’) no parece una buena idea si tenemos en cuenta que la ketamina es un anestésico disociativo, cuyo efecto se verá contrarrestado por la estimulación del MDMA y la cafeína. Un lío considerable para nuestro organismo.

En conclusión, ‘tusibí’ es un envoltorio comercial para compuestos que podrían ser peligrosos, y ante los que cabe aconsejar la máxima prudencia. Ni es 2C-B, ni es cocaína, ni es una única sustancia, ni es una droga nueva. Lo único que le queda, al final, es el rosa.  

 

Referencias:

Nugteren-van Lonkhuyzen, J. J. 2015. Pharmacokinetics, pharmacodynamics and toxicology of new psychoactive substances (NPS): 2C-B, 4-fluoroamphetamine and benzofurans. Drug and alcohol dependence, 157, 18-27. DOI: 10.1016/j.drugalcdep.2015.10.011

Orhurhu, V. J. et al. 2019. Ketamine toxicity. StatPearls.

Papaseit, E., 2018. Acute pharmacological effects of 2C-B in humans: an observational study. Frontiers in Pharmacology, 9, 206. DOI: 10.3389/fphar.2018.00206

 

Para saber más:

Energycontrol.org

Echelecabeza.com

Luis Cortés Briñol

Luis Cortés Briñol

Formado en filosofía y antropología, con un barniz en biología, neuropsicología y bioestadística. Soy escritor, guionista y documentalista. Intento introducir la filosofía allá donde voy, aunque no hace falta (pues está en todas partes). Vivo en una biblioteca

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