Cartografía lunar: de Gilbert a las misiones Apolo

Desde los dibujos medievales de la Luna con rostro humano hasta las imágenes del espacio. Recorremos la historia de la selenografía, la ciencia que estudia la superficie y características de la Luna, desde sus inicios hasta nuestros días.

Antes de la invención del telescopio muy pocos artistas se habían preocupado de plasmar la Luna de forma fidedigna. En los manuscritos y vidrieras medievales, la Luna suele aparecer con rostro humano. Leonardo da Vinci (1452-1519) realizó algunos bocetos detallados de las manchas lunares visibles a simple vista, pero probablemente fuera Jan van Eyck quien consiguiera plasmar de forma más fidedigna y natural el terminador lunar en La crucifixión. El inglés Willian Gilbert hizo poco antes de su muerte en 1603 un dibujo de la Luna tal como se ve a simple vista que aparecerá en De Mundo Nostro Sublunari. Se trata del primer mapa lunar conocido y en él se pueden reconocer algunos mares. Fue Gilbert quien acuñó el término selenografía para referirse a la descripción de las formaciones lunares.

La invención del telescopio permitió añadir muchos más detalles. El primero en dirigir un telescopio a la Luna fue el inglés Thomas Harriot (1560-1621), quien en julio de 1609 hizo algunos dibujos muy detallados de nuestro satélite con un telescopio de tan solo seis aumentos, estos dibujos pioneros nunca llegaron a publicarse y no tuvieron repercusión. Las primeras observaciones que sí tuvieron eco en la sociedad de su tiempo fueron las que Galileo Galilei dio a conocer en su obra Sidereus Nuncius, realizadas cuatro meses después de las de Harriot. Los dibujos de Galileo, no obstante, son una vista esquemática de lo que vio con el telescopio: las formaciones registradas en ellos no se corresponden de manera fidedigna con los accidentes reales de la Luna.

Mapa lunar
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Los primeros observadores lunares

Tras la sensacional publicación de Galileo, diversos astrónomos se lanzan a dibujar la Luna tal como se ve al telescopio, es el nacimiento de la selenografía. La calidad de los mapas lunares progresa en consonancia con el avance del instrumental. Entre 1610 y 1650, se publican numerosos mapas entre los que destacan los de Christoph Scheiner, conocido por su polémica con Galileo en torno a las manchas solares; Michael van Langren, que trazó un mapa lunar con la idea de resolver el problema de la determinación de la latitud en alta mar; el astrónomo francés Pierre Gassendi; el abogado italiano Francesco Fontana o el capuchino checo Anton Maria Schyrleus de Rheita.

Alrededor de 1640, el cervecero polaco Johannes Hevelius estableció un observatorio privado, llamado Stellaburgum, que sería la envidia de la realeza europea. El observatorio, además de innumerables instrumentos, sextantes y cuadrantes, disponía de su propio taller óptico y de una imprenta. Este despliegue de medios inusitado para la época brindó a Hevelius la libertad necesaria para llevar a cabo un trabajo astronómico sin precedentes. Con un telescopio de 46 metros de longitud registró las formaciones visibles en las distintas fases lunares. Su obra Selenographia sive Lunae Descriptio publicada en 1647 es un espléndido libro sobre la Luna que no solo costeó de su bolsillo pues, además de autor, fue editor y grabador.

Publicó un buen número de ejemplares y la obra consiguió una amplia difusión. En 40 láminas recogía las distintas fases lunares grabadas al cobre por él mismo y en tres mapas principales de unos 29 centímetros de diámetro mostraba la nomenclatura de las formaciones. Tras el de Langren, fue el segundo gran mapa de la historia de la cartografía lunar. Los grabados de las fases lunares de Hevelius se convirtieron en la obra de referencia durante casi un siglo. Contenía casi 500 páginas de explicaciones, así como un glosario de 275 formaciones lunares a las que puso nombre. Además, en la obra aparecen grabados de los telescopios que utilizó, ofreciendo una valiosísima información sobre la tecnología de su época. Hevelius consideraba que la Luna era un mundo semejante al nuestro, hasta el punto de estar convencido de la existencia de habitantes lunares, a los que bautizó como «selenitas». Las formaciones de su mapa lunar siguen la geografía del mundo clásico, con nombres como Mar Mediterráneo, Mar Adriático, Mar Negro o Mar Caspio. En el centro de su Mar Mediterráneo colocó Sicilia, que aparece como una gran isla volcánica con el Monte Etna en su centro, una formación que corresponde al cráter conocido ahora como Copérnico. Cuentan las crónicas que cuando el papa Inocencio X vio el mapa se lamentó de que fuera la obra de un hereje. En efecto, Hevelius era protestante.

La selenografía se convierte en ciencia

En 1651, se publica otro mapa de gran importancia para la posteridad. Es obra de un jesuita de Ferrara, el padre Giovanni Battista Riccioli. En su magna obra Almagestum Novum, publicada en Bolonia, incluye dos mapas lunares. Uno de ellos muestra los efectos de la libración lunar, los balanceos del satélite tanto en longitud como en latitud que nos permiten ver algo más de la mitad de la superficie de nuestro satélite. Lo más interesante es que el mapa incluye los nombres de los mares, los montes y los cráteres que todavía seguimos usando en la actualidad. Nombres tan familiares como el Mar de la Tranquilidad o el Mar de la Serenidad los debemos a la inventiva de Riccioli.

Tras esta primera etapa que abarca unas cuatro décadas tras la invención del telescopio, hay un largo período de inactividad hasta comienzos del siglo XIX. Los trabajos más dignos de mención en esta etapa son el gran mapa lunar realizado por Giovanni Domenico Cassini en el recién creado Observatorio de París y las detalladas pinturas al pastel sobre cartón azul realizadas en Nüremberg por la astrónoma Maria Clara Eimmart (1676-1707). Su detallada serie de dibujos de observaciones telescópicas de las fases de la Luna —250 en total— ocupa un lugar de honor en la cartografía lunar.

A principios del siglo XIX los observadores utilizan grandes refractores acromáticos y micrómetros para estudiar y cartografiar la Luna. Es la época de la cartografía científica. Destacan los mapas realizados por Wilhelm Beer, banquero y astrónomo aficionado, y el astrónomo Johann Heinrich Mädler. Beer tenía un observatorio privado en su villa de Berlín con un magnífico telescopio de 9,4 cmde apertura fabricado por Joseph von Fraunhofer. El instrumento disponía de un micrómetro y con este instrumento Mädler midió con gran precisión las posiciones de 105 puntos de referencia. El mapa resultante, de 97,5 cm de diámetro, se publicó en cuatro secciones con el título Mappa Selenographica totam Lunae hemisphaeram visibilem complectens (Berlín, 1834-1836).

La cámara acoplada al telescopio

Uno de los mejores mapas lunares del siglo XIX fue obra del astrónomo alemán Johann Friedrich Julius Schmidt que compiló sus observaciones realizadas a lo largo de 32 años en diversas ciudades en la monumental Charte der Gebirge des Mondes. Schmidt se quedó tan fascinado con un mapa lunar a la edad de 14 años que dedicó su vida a trazar el mapa más detallado del mundo. Schmidt era un observador obsesivo, probablemente ningún astrónomo de la historia haya dedicado tanto tiempo al estudio de la Luna. De hecho, es uno de los astrónomos que aparecen en Alrededor de la Luna, la famosa novela de Julio Verne. Con meticulosidad germánica se dedicó a plasmar más cráteres, grietas y montañas en su propio mapa con más detalle de lo que nadie había hecho hasta el momento.

En 1838, Louis Daguerre realiza la primera fotografía de la Luna, esta imagen pionera sentará las bases de la tercera gran etapa en la historia de la selenografía. Un período que comienza en 1890 con el registro sistemático de la Luna por medios fotográficos. El primer director del Observatorio de Lick, Edward S. Holden, utilizó el magnífico refractor de 17,34 metros de focal para fotografiar la Luna. El resultado apareció en Lick Observatory Atlas of the Moon, publicado entre 1896 y 1897. Por su parte, Maurice Lœwy y Pierre Puiseux publicaron entre 1896 y 1910 el Atlas Photographique de la Lune realizado a partir de unas diez mil fotografías hechas en el Observatorio de París con un gran ecuatorial de 18 metros de focal. Tras esta obra y sus diversas ediciones que fueron la referencia en la primera mitad del siglo XX , cabe mencionar el Photographic Atlas of the Moon realizado por William Henry Pickering. El último gran mapa fotográfico es obra del astrónomo neerlandés Gerard P. Kuiper con varios colaboradores, el Photographic Lunar Atlas que muestra 44 regiones lunares fotografiadas bajo distintas condiciones de iluminación del sol.

En 1919, la Unión Astronómica Internacional acomete la tarea de racionalizar la nomenclatura lunar. Durante los años veinte y principios de los treinta, se revisaron y analizaron diversos mapas, un proceso complejo que culminó en la publicación de Named Lunar Formations en 1935, un catálogo que incluía los nombres de más de seis mil formaciones.

La Luna desde el espacio

En 1959, la nave soviética Luna 3 transmitió imágenes de la cara oculta de la Luna, brindando las primeras fotografías de la historia de regiones lunares que están fuera del alcance de los telescopios terrestres. En 1967, se edita en la Unión Soviética Atlas Obratnoi Storony Luny (Atlas del Reverso de la Luna). Las imágenes eran de muy mala calidad y casi la mitad de los nombres eran rusos. Cuando la delegación de la URSS presentó su nomenclatura de la Luna, se encontró con la oposición del Comité Nacional de Cartografía y Nomenclatura Lunar de Estados Unidos. Los americanos sugirieron que solo se asignaran números a las 450 formaciones registradas en la carta oculta de la Luna. Años después, las misiones soviéticas Lunojod 1 y 2 (1970-73) recorrieron casi 50 km de la superficie lunar, realizando fotografías detalladas.

Por su parte, los Estados Unidos de América lanzaron las naves espaciales Ranger entre 1961 y 1965 para fotografiar la superficie lunar hasta el momento en que impactaron en ella. Otros programas espaciales cartográficos fueron Lunar Orbiter, activo entre 1966 y 1967, para fotografiar la Luna desde la órbita a fin de encontrar posibles zonas de alunizaje, y Surveyor, entre 1966 y 1968, para fotografiar y aterrizar suavemente en la superficie lunar. En 1971, la NASA publicó Lunar Orbiter Photographic Atlas of the Moon que incluía 675 imágenes captadas por los satélites del programa Lunar Orbiter entre 1966 y 1967.

La nave espacial Clementine, lanzada en 1994, obtuvo la primera cartografía casi global de la topografía lunar, así como imágenes multiespectrales. En 2007, la sonda japonesa Kaguya lleva a cabo la misión de exploración lunar más ambiciosa tras las misiones Apolo, además de numerosos instrumentos científicos llevaba una cámara de televisión de alta resolución que nos ha brindado imágenes sobrecogedoras del paisaje lunar y que ahora podemos disfrutar en YouTube.

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