Canibalismo galáctico: así crecen de tamaño las galaxias

En el universo podemos encontrar galaxias que se funden unas con otras para formar una más grande y otras, como la Vía Láctea, que son caníbales, devorando a las más pequeñas. Esta es la forma que tiene las galaxias de hacerse más grandes.

 

Desde el hemisferio sur se puede observar, a través de un modesto telescopio o unos prismáticos, un débil puntito difuso llamado Centaurus A o NGC 5128. Situado a 16 millones de años-luz, su activo centro produce enormes cantidades de emisiones de alta energía. Visto con detalle se descubre una situación que los astrónomos consideran como completamente fuera de lugar: una galaxia elíptica con una barra de materia cruzando su centro.

Si hay algo que se tiene claro es que las galaxias elípticas no poseen nubes de polvo como las espirales, y mucho menos una barra cruzándola de lado a lado. Por otro lado, los radiotelescopios han encontrado que del centro de esta galaxia activa surgen dos chorros de materia. Es posible que esa barra de polvo, gas y estrellas sea el combustible que alimenta el motor de estos chorros. Si sucede como en otras galaxias, debe ser un superagujero negro.

Ahora bien, ¿qué es lo que sucede en Centaurus A? Muchos astrónomos piensan que se trata de uno de los fenómenos más terribles del universo: un ejemplo de canibalismo galáctico, donde una inmensa galaxia elíptica se ha tragado literalmente a una espiral que pasaba por los alrededores. Lo que ahora observamos es cómo está haciendo una digestión de varios cientos de millones de años...

Mientras, en la constelación del Pavo se encuentra un sistema descubierto por el satélite infrarrojo IRAS y que ha obtenido su nombre del catálogo de fuentes detectadas por el satélite, IRAS 19254-7245. Un nombre difícil de recordar, y por eso es más conocido por el sobrenombre de la Superantena.

Situado a 800 millones de años-luz, está compuesto por dos galaxias en rumbo de colisión: una, pequeña y débil, vista de cara, y otra 3 veces más masiva que la nuestra, vista de canto. Su apodo se debe a la sorprendente similitud de su aspecto con NGC 4038-39, dos galaxias cercanas que están colisionando en la constelación del Cuervo y que por lo peculiar de su estructura reciben el nombre de Antena.

La Superantena es 5 veces más grande y 10 veces más luminosa en el infrarrojo. Pero el verdadero canibalismo parece estar sucediendo a 2 300 millones de años-luz de nosotros, en el cúmulo de galaxias Shakhbazian 1. Allí 24 galaxias, cada una de 30 000 millones de masas solares, se encuentran empaquetadas en un espacio de poco más de seis veces el diámetro de la Vía Láctea, 650 000 años-luz. ¿Nos encontramos ante una verdadera bacanal galáctica?

La Vía Láctea es una tragona

Con nuestra galaxia pasa algo parecido. Bellamente formada, grande y simétrica, la Vía Láctea parece un producto acabado. Sin embargo, en los últimos años hemos descubierto que quizá nuestra querida ciudad cósmica esté todavía sin terminar.

La Vía Láctea sigue recogiendo material cósmico al engullir pequeñas y débiles galaxias que se aventuran en las cercanías y se arriesgan a ser atrapadas en su pozo gravitacional, como las moscas en la miel. De hecho se piensa que cuando el universo era joven todas las galaxias como la Vía Láctea crecieron gracias a una lenta pero continua labor de recolección de otras más pequeñas. Hoy el proceso continúa, pero a un ritmo más lento.

Un ejemplo dramático es la pequeña galaxia esferoidal Sagitario que está uniéndose al disco de nuestra galaxia, afortunadamente al otro lado de donde nos encontramos. Descubierta por accidente en 1994, la enana Sagitario posee un 1% de la masa de la Galaxia y su visión está entorpecida por la propia Vía Láctea. Hoy sabemos que la gravedad de nuestra galaxia la está deformando, estirando, como un pastelero con su masa, y una corriente de estrellas va “cayendo” lentamente sobre nosotros. De hecho, astrónomos del Instituto de Astrofísica de Canarias descubrieron parte de los “escombros” de Sagitario, a poco más de 18 000 años-luz del centro de la Vía Láctea.

Por otro lado, estudiando el movimiento de las estrellas del disco galáctico se ha descubierto que éste se está “inflando” debido a que una galaxia satélite fue absorbida por la nuestra hace 10 000 millones de años. Si esto fuera poco, es más que probable que el cúmulo globular más grande y brillante de la Vía Láctea, Omega Centauri, no sea lo que parece, sino que es lo que queda del corazón de una galaxia enana que devoramos hace mucho tiempo.

¿Terminará alguna vez este billar intergaláctico? No. Al menos no en los próximos 3 millones de años. Por entonces la galaxia de Andrómeda, M31, y nosotros nos fundiremos en un largo y profundo abrazo cósmico...

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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