Así se vería el cielo si la Tierra tuviese anillos

Cómo se vería desde la superficie una de las estructuras que más ha capturado la imaginación de aficionados y astrónomos por igual.

 

Una de las estructuras más impresionantes del sistema solar es sin duda los anillos de Saturno. Se extienden por decenas de miles de kilómetros, pero apenas tienen unos metros de grosor y están formados por incontables fragmentos de roca y hielos, orbitando alrededor del gigante gaseoso. Saturno por supuesto no es el único planeta, o cuerpo, del sistema solar que tiene anillos, aunque los suyos sean los más vistosos. Los otros tres planetas gigantes, Júpiter , Urano y Neptuno, cuentan cada uno con su propio sistema de anillos. El de Urano es el más significativo de ellos y el de Neptuno parece estar incompleto, apareciendo en forma de arcos interrumpidos en vez de como un anillo continuo.

Además, sabemos que el planeta enano Haumea y hasta un asteroide, llamado 10199 Cariclo, también tienen anillos. Al parecer este tipo de estructuras no es tan inusual como una vez pensábamos. La pregunta lógica tras aprender todo esto sería la de ¿podría la Tierra tener anillos? Y también, ¿qué aspecto tendrían vistos desde la superficie?

Respondiendo a la primera pregunta: sí, podría. No hay nada que lo impida excepto el hecho de que el material de esos anillos tiene que venir de algún lado. Pero si nos remontamos a los orígenes de nuestro planeta, durante un breve periodo de tiempo la Tierra probablemente tuvo anillos. Breve periodo de tiempo en escalas astronómicas, probablemente algunos millones de años o como mínimo cientos de miles de años. Unos cien millones de años después de que se formara la Tierra chocó con otro cuerpo, creemos que de tamaño similar a Marte.

La colisión fue tan intensa, que gran cantidad de material salió despedido al espacio y acabó uniéndose y fundiéndose para formar la Luna [link a “¿Cómo se formó la Luna?”]. Además, es bastante probable que cierta parte de ese material expulsado quedara en órbita alrededor de la Tierra pero demasiado cerca de ésta como para que las fuerzas de marea le permitieran congregarse para formar un satélite, formando unas bandas de material alrededor del planeta: unos anillos. Por supuesto aquello ya pasó y aquel material acabó cayendo a la superficie terrestre con el tiempo, sin dejar rastro de su existencia.

Wikimedia | Así se verían desde cerca del ecuador
Wikimedia | Así se verían desde cerca del ecuador

Pero aún así podemos imaginar qué aspecto tendrían estos anillos si hubieran sobrevivido hasta nuestros día o si algún proceso astronómico los formara de nuevo (sin con ello destruirnos a nosotros). Estos anillos se dispondrían en el plano del ecuador terrestre. Aunque a la hora de formarse estuvieran más dispersos, su órbita alrededor de la Tierra los llevaría a esas latitudes. Esto significaría por tanto que tendrían un aspecto distinto en función de en qué punto del planeta nos encontráramos. Cerca del ecuador aparecerían como una fina banda en lo alto del cielo, mientras que cerca de los polos se verían como un abultamiento cercano al horizonte. Probablemente la mejor latitud para disfrutarlos sería una latitud media, como la de la península ibérica.

Estos anillos, que estarían situados a tan solo unos miles de kilómetros sobre la superficie terrestre, ocuparían tanto espacio en el cielo y reflejarían tanta luz solar, que jamás llegaría a hacerse verdaderamente de noche. Serían por supuesto visibles a plena luz del día, como la Luna llena. Nuestra mitología y leyendas sin duda serían muy diferentes y estarían llenas de historias sobre dioses y héroes que visitaron o usaron los anillos de una forma u otra. Probablemente tendrían algún lugar en muchas religiones del mundo y alimentarían el imaginario popular como pocas otras cosas.

Wikimedia | Así se verían desde cerca de los polos
Wikimedia | Así se verían desde cerca de los polos

Además, se habrían usado desde la antigüedad para la orientación de viajeros y aventureros. Especialmente para navegantes. Con un simple vistazo a los anillos podrían averiguar fácilmente en qué latitud se encontraban. En nuestro mundo esto se ha hecho utilizando la posición del Sol, la Luna o las estrellas, pero los anillos estarían siempre visibles en el cielo, resultando mucho más útiles para estos propósitos.

Pero no todo sería tan romántico. Su presencia dificultaría enormemente la observación del cielo nocturno, tanto a simple vista como con instrumentos, por lo que tal vez nuestro conocimiento del universo y de todo lo que hay más allá del sistema solar sería considerablemente menor. Probablemente no afectarían demasiado a los satélites en órbitas bajas, como los de estudio de la atmósfera terrestre o como la Estación Espacial Internacional, pero sí a los de órbitas más grandes, pues, como mínimo, bloquearían cualquier comunicación por radio con ellos. Además, al abandonar la órbita terrestre deberíamos tenerlos en cuenta. Actualmente los cohetes se suelen lanzar desde latitudes próximas al ecuador, porque esto permite ahorrar combustible, por lo que estarían despegando en dirección a estos mismos anillos.

Wikimedia | Así se verían desde latitudes medias
Wikimedia | Así se verían desde latitudes medias

Durante algunos días al año, el Sol se ocultaría tras los anillos, que proyectarían su sombra sobre la superficie del planeta. Esto tendría consecuencias sobre el clima, aunque éstas son difíciles de predecir. Sin duda esta ocultación haría bajar considerablemente las temperaturas, como ocurre durante un eclipse solar pero de manera más prolongada en el tiempo. Por ejemplo en el equinoccio de primavera y el de otoño, desde el ecuador terrestre, veríamos al Sol situarse justo detrás de los anillos, siendo dividido su disco por éstos y proyectando una sombra en forma de una fina línea.

José Luis Oltra de perfil

José Luis Oltra (Cuarentaydos)

Soy físico de formación y viajero de vocación. Divulgo ciencia allí donde me lo permiten, aunque principalmente en youtube y tiktok bajo el nombre de Cuarentaydos. Por aquí me verás hablando de la física del universo, desde las galaxias y estrellas más grandes hasta las partículas subatómicas que las componen.

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