Así se gestó El Origen de las Especies de Darwin

Uno de los libros más importantes y polémicos jamás escritos apareció hace más de 150 años. Desató una fuerte polémica y fue objeto de duros ataques e insultos hacia su autor. Su título completo era Sobre el origen de las especies a través de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida.

 

El 2 de octubre de 1836 el barco de su Graciosa Majestad HMS Beagle amarró en Falmouth, tras 5 años y 2 días de viaje por Sudamérica. De él bajó un avejentado Charles Darwin. Su padre, nada más verle, exclamó: “¡Le ha cambiado por completo la forma de la cabeza!”.

Tras su llegada y en apenas seis meses escribió su famoso Diario de investigaciones, que se convirtió en uno de los mejores libros de viajes de todos los tiempos. En esos primeros años clasificó sus colecciones y explicó la formación de los arrecifes de coral. En julio de 1837 comenzó una serie de cuadernos sobre lo que él denominaba la transmutación de las especies. Quince meses más tarde había ideado una teoría sobre cómo podía haber sucedido. Recordando los pinzones de las Galápagos se dio cuenta que para que tuviera lugar la transmutación de una población aislada debía darse algún cambio en el entorno. ¿Pero qué mecanismo explicaba esas adaptaciones? Darwin había estudiado los mecanismos de selección de animales domésticos y plantas cultivadas, pero no podía entender “cómo se podía aplicar la selección a los organismos que vivían en estado natural”, escribió. Pero un día, mientras “buscaba algo de distracción leyendo la obra de Malthus sobre la población”, dio con la respuesta (debemos estar eternamente agradecidos a la peculiar forma de distraerse que tenía Darwin). Este clérigo inglés defendía que la población siempre crece más deprisa que los recursos alimenticios, de forma que siempre habrá alguien que muera de hambre. ¡Ahí estaba la clave! Todos los animales engendran más descendencia de la que puede vivir con los alimentos disponibles. Por tanto, algunos tienen que morir. ¿Cuáles? Aquellos que se adapten peor al medio en el que viven. A este mecanismo Darwin lo bautizó con el nombre de selección natural.

Darwin empieza a escribir el libro

En 1844 se dispuso a contar al mundo los descubrimientos que durante cinco años a bordo del Beagle le condujeron hacia el mecanismo que guía la evolución de las especies. Pero Darwin no era un hombre con demasiada prisa y después de 14 años todavía no lo había terminado. Hasta entonces únicamente había escrito un “breve” resumen -según sus estándares- de 35 páginas y un ensayo de 230 donde incluía un volumen enorme de datos que confirmaban su teoría. En realidad podemos considerarlo un borrador de su obra magna la cual, por cierto, pretendía titularla… ¡Resumen de un ensayo sobre el origen de las especies y variedades a través de la selección natural! Nadie, excepto su amigo y botánico Joseph D. Hooker, tuvo acceso a él y durante 12 años, hasta 1856, se limitó a acumular datos y a publicar 4 monografías sobre los percebes.

El 14 de mayo de 1856, animado por Charles Lyell -el mejor geólogo de Inglaterra- y Hooker, comenzó a escribir su obra definitiva de título La selección natural. Iba a ser una obra monumental, de 4 a 5 veces más larga que El origen de las especies, lo que implicaba 2 500 páginas. Dos años más tarde había terminado 10 capítulos y estaba a punto de terminar el undécimo sobre las palomas cuando recibió una carta de un joven naturalista llamado Alfred Rusell Wallace.

Wallace entra en acción

Durante ocho años Wallace había recorrido los más de 20.000 kilómetros repartidos entre las Molucas, Sumatra, Java, Nueva Guinea y muchas otras islas. La abundancia de sus aportaciones científicas le crearon una excelente reputación como biólogo en su Inglaterra natal. Pero su mayor descubrimiento estaba por llegar. En 1855, mientras se encontraba en Borneo, se le ocurrió la idea de que las especies debían cambiar con el tiempo. Tres años después llegó a la conclusión de que los cambios se producen por selección natural, que él bautizó como la supervivencia de los más aptos. Curiosamente, llegó a esta conclusión siguiendo el mismo camino que Darwin: tras leer Ensayo sobre los principios de la población de Malthus.

En febrero de 1858, en una de las islas del archipiélago malayo, nuestro querido aventurero inglés, envuelto en una manta esperando a que se le pasara el ataque de malaria, se dispuso a escribir sus ideas acerca del origen de las especies, el problema que le había obsesionado durante once años. Una vez recuperado, Wallace, mucho más dinámico que el sosegado Darwin, se sentó y en dos días terminó el artículo titulado Sobre la tendencia de las variedades a desviarse indefinidamente del tipo original. Metió las páginas en un sobre y lo envió para que lo revisara el más famoso naturalista de entonces, Charles Darwin.

El 'arreglo delicado'

La sorpresa de Darwin fue mayúscula: lo que había escrito Wallace eran sus mismas ideas, algunas de ellas expresadas de manera parecida. Agobiado, pensó mucho qué hacer con ese manuscrito. Al final pidió consejo a Lyell y a Hooker: haría lo que ellos pensaran que era una solución decente. Así se llegó a lo que se ha dado en llamar el 'arreglo delicado': presentar ante la Linnean Society el artículo de Wallace y el extracto de dos cartas de Darwin donde había esbozado sus opiniones sobre el tema. A pesar de que el artículo de Wallace era el único realmente enviado a la sociedad, Lyell y Hooker se las apañaron para que aparecieran publicadas en primer lugar las cartas de Darwin. Es más, llamarlo arreglo es demasiado exagerado pues de semejante componenda Wallace no tuvo idea alguna hasta un año después. Curiosamente ambos artículos pasaron totalmente desapercibidos, hasta el punto que el presidente de la sociedad escribiría en su memoria anual que 1858 había sido un año especialmente anodino en lo que a descubrimientos científicos se refería.

Al año siguiente estalló la bomba: Darwin terminó su esperado libro. La primera edición de El origen de las especies constó de 1 250 ejemplares vendidos a 15 chelines cada uno: se agotó al día siguiente. Darwin acabó por poner al ser humano en el sitio que le corresponde en la naturaleza y dejó de ser el centro de la creación. Y eso, claro está, a muchos no les gustó.

Referencias:

Darwin, C. (2019), Autobiografía, Nórdica Libros

Van Wyhe , J. (2018), Darwin, Anaya

Milner, R. (1990) The Encyclopedia of Evolution: Humanity's Search for Its Origins, ‎Facts on File

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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