Así eran los mares en la era de los dinosaurios

¿Cómo eran los mares y los océanos mientras los dinosaurios eran las faunas dominantes en tierra firme?

El Mesozoico o Era Mesozoica es una de las eras de la historia de nuestro planeta que más interés ha despertado a la comunidad científica, pero también ha captado la imaginación del mundo entero. Esta era se extendió durante aproximadamente 185 millones de años, partió de una extinción en masa, terminó con otra, e incluso ocurrió una en su transcurso, tras su primer tercio.

Durante el Mesozoico, la vida floreció en los mares, como atestiguan las rocas de estas edades y los fósiles de animales marinos que aparecen en ellas. En estos mares hubo arrecifes habitados por fauna muy diversa, como cefalópodos, bivalvos, crustáceos, braquiópodos, corales, equinodermos, peces y reptiles marinos. Y no, no hubo dinosaurios marinos, que sepamos. Y es que todos los reptiles marinos que dominaron las cadenas tróficas durante el Mesozoico podemos clasificarlos como pertenecientes a linajes diferentes, no al de los dinosaurios.

Invertebrados marinos

Los cefalópodos son el grupo de moluscos que incluye a los actuales calamares, pulpos y sepias. Durante el Mesozoico, tres grupos de cefalópodos fueron muy abundantes: ammonites, belemnites y nautiloideos.

Los fósiles de ammonites o ammonoideos son tan abundantes que se han convertido en un icono de la Paleontología. En realidad, este grupo se originó en el Paleozoico, hace unos 410 millones de años, pero fueron tan abundantes y diversos durante el Mesozoico que incluso se usan en bioestratigrafía, es decir, que se usan como fósiles guía para dataciones locales y regionales. Como los dinosaurios no avianos, desaparecieron hace 66 millones de años.

Lo más característico de los ammonites es su concha o caparazón exterior, que está enrollada en espiral. Pero al contrario que los caracoles o gasterópodos, este enrollamiento es planiespiral y, además, su cavidad interna estaba dividida en cámaras. Estas cavidades internas estaban separadas por septos y comunicadas por un sifón, de manera que podían llenar o vaciar de aire diferentes cámaras para modificar la flotación. El cuerpo blando del animal estaba alojado en la última cámara más externa, llamada la cámara de habitación.

Los ammonites mostraban una gran variedad de formas y tamaños, llegando algunos a medir cerca de dos metros de diámetro. Externamente, las conchas podían presentar ornamentación en forma de costillas, tubérculos o espinas, en algunas ocasiones muy recargadas. Además, algunos de ellos desenrollaron sus conchas, alcanzando formas muy extravagantes. A estos ammonites de concha desenrollada se les conoce como ammonites heteromorfos.

Los belemnites posiblemente fueron parecidos a los actuales calamares en su aspecto externo. Sus fósiles más abundantes corresponden a su concha interna, equivalente a la pluma de calamares y sepias.

Respecto a los nautiloideos, son los únicos de estos tres grupos de cefalópodos que han sobrevivido hasta nuestros días. Como los ammonites, presentan también una concha externa enrrollada en espiral. La principal manera de diferenciarlos está en los tabiques entre las cámaras: en nautiloideos, estos tabiques son sencillos y curvos; mientras que en ammonoideos tenían formas más complicadas, llegando a ser fractales.

Otros invertebrados muy abundantes durante el Mesozoico, aunque su época dorada fue el Paleozoico, son los braquiópodos. Consiguieron sobrevivir a varias grandes extinciones en masa y, de hecho, han llegado hasta nuestros días. Aunque hoy día su representación en los ecosistemas marinos es muy minoritaria comparada con la que tuvieron en el pasado. Externamente pueden recordarnos a los moluscos bivalvos, en realidad no son moluscos, sino un grupo diferente de invertebrados que adquirió, independientemente, una concha externa formada por dos valvas. En las rocas marinas mesozoicas encontramos muy frecuentemente grandes concentraciones de braquiópodos.

Los equinodermos son el grupo al que pertenecen las estrellas de mar, los erizos de mar, y los crinoideos entre otros. Poseen un esqueleto interno que forma una especie de caparazón que protege las vísceras del animal. También fueron muy abundantes durante el Paleozoico y el Mesozoico. Sobre todo los crinoideos, los actuales lirios de mar. Su cuerpo tiene forma de copa o cáliz, del que suelen partir 5 brazos, que en ocasiones se subdividen. En las rocas sedimentarias marinas del Mesozoico suelen abundar las placas y fragmentos del tallo de crinoideos, que llegaron a ser muy abundantes en los mares jurásicos, y a adoptar muchos tamaños y formas.

 

Vertebrados marinos

Respecto a los vertebrados marinos, hubo una gran diversidad de peces, tanto óseos (que llamamos osteictios) como cartilaginosos (que llamamos condrictios, y son el grupo al que pertenecen los tiburones y las rayas). Pero también una gran variedad de reptiles adaptados a la vida acuática habitaba los mares, como por ejemplo tortugas, cocodrilos, plesiosaurios, ictiosaurios y mosasaurios. De todos ellos, los ictiosaurios fueron los que desarrollaron la mayor adaptación a la vida acuática. Algunos reptiles marinos mesozoicos llegaron a ser tan gigantescos como los dinosaurios, razón por la cual se les suele confundir.

Toda esta fauna marina mesozoica daría para hablar horas y horas. Y es que, aunque siempre el interés popular esté sesgado a favor de los vertebrados terrestres, la vida en el mar es posiblemente la más diversa. Y los mares mesozoicos fueron un buen ejemplo de ello.

 

Referencias:

Seilacher, A. 1993. Ammonite aptychi; how to transform a jaw into an operculum. American Journal of Science. 293: 20–32.

Martínez-Chacón, M.L.; Rivas, P. (eds.) 2009. Paleontología de invertebrados. 2009, Sociedad Española de Paleontología, Instituto Geológico y Minero de España, Universidad de Oviedo, Universidad de Granada, 524 p.

Belinchón, M. et al. 2009. Crónicas de Fósiles: las colecciones paleontológicas del museo de Ciencias Naturales de Valencia. Ayuntamiento de Valencia.

Pakozoico

Francesc Gascó-Lluna (Pakozoico)

Doctor en Paleontología, especialista en dinosaurios y profesor en la Universidad Isabel I. Miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Paleontología e investigador colaborador del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED. Su especialidad es la paleobiología, la reconstrucción de la biología de estos seres vivos del pasado, en especial a través del estudio de sus huesos al microscopio.

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