Así entró España en el mundo de la astronáutica

La entrada de España en la investigación espacial se efectuó entre 1959 y 1960, dos años de intensas y finalmente fructíferas negociaciones diplomáticas con Estados Unidos y con los países de Europa Occidental.

 

El primer contacto de España con el campo espacial se realizó, obviamente, a través de la NASA. La primera actividad significativa en el campo del espacio la realizó el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), y consistió en la celebración del Seminario de Ciencia y Tecnología del Espacio que se empezó a preparar en 1959 y se celebró en la primavera de 1960 gracias al decidido apoyo de un físico enamorado de España, Theodore Von Kármán, uno de los grandes de la aeronáutica y astronáutica de mediados del siglo XX. Fue un seminario esencial para el futuro de la astronáutica en España, no sólo por la calidad de los conferenciantes o por las 32 sesiones con las que se cubrió prácticamente todas las áreas relacionadas con la exploración del espacio, sino porque una vez impreso por el propio INTA, constituyó el primer libro básico sobre el espacio publicado en España. Démonos cuenta de la fecha tan temprana de su celebración: se empezó a preparar tan sólo un año después de que EE UU pusieran en órbita su primer satélite.

Ese mismo año de 1960, concretamente el 18 de marzo, los gobiernos de España y de EE UU firmaron un Acuerdo para establecer una estación de seguimiento de satélites, la primera que NASA estableció en España, en el sur de la isla de Gran Canaria, cerca del faro de Maspalomas. ¿Por qué allí? Porque compartía la misma latitud con Cabo Cañaveral.

El objetivo inicial de esta estación fue el apoyo a los primeros vuelos espaciales tripulados norteamericanos, los que tuvieron lugar dentro del programa Mercury (1962-63). La estación entró en servicio el 13 de septiembre de 1961, en apoyo de la misión MA-4 (una cápsula Mercury no tripulada, que dio una vuelta a la Tierra). Después intervino en las 5 misiones siguientes de este programa, incluyendo el vuelo de John H. Glenn, el 20 de febrero de 1962.

Pero no todo se iba a quedar ahí, en colaborar con EE UU. El gobierno español también quería entrar desde un principio en la primera organización espacial europea.

 

España y la futura Agencia Espacial Europea

Todo comenzó el 15 de noviembre de 1960. Ese día el diplomático de origen vasco José Manuel Aniel-Quiroga se reunía con el Ministro de Asuntos Exteriores, el también vasco Fernando María Castiella. Aniel-Quiroga era entonces el Ministro Plenipotenciario en la Delegación Permanente de España Cerca de los Organizaciones Internacionales de Ginebra (y olé con el nombrecito del cargo de marras). En esa reunión informó al ministro que en 13 días, el 28 del noviembre, se iba a celebrar “una reunión de carácter intergubernamental [...] para la constitución de una comisión preparatoria que estudie la creación de un centro europeo de investigaciones espaciales de naturaleza investigadora análoga a la del CERN”. Adelantándose a posibles instrucciones desde Madrid, este embajador había sondeado en el CERN, la posibilidad de que España asistiera como observador a esta reunión. La contestación que se le dio fue que bastaba con dirigir una nota verbal por la Embajada Española en Berna al Departamento Político-Federal, pidiendo que se concediese a España ese estatus.

A partir de ese momento la maquinaria diplomática española se puso en movimiento para conseguir participar en lo que iba a ser conocida como la Comisión Preparatoria de la Organización Europea de Investigación del Espacio, COPERS. Se trataba de una oportunidad única para que nuestro país. A pesar de haber firmado un acuerdo de colaboración con EE UU, su presencia en los foros de Europa Occidental era prácticamente nula y en aquellos años el gobierno español llevaba a cabo una política muy activa para cambiar esta situación, en especial con vistas a entrar en el Mercado Común Europeo. Recordemos que en 1959 España ingresó, con el apoyo de EE UU, en el Fondo Monetario Internacional y luego en el Banco Mundial, en la GATT (OMC actualmente) y en la OECE (OCDE actualmente). Más la entrada de algún modo en una organización europea del espacio era, como es fácil suponer, algo políticamente muy deseable.

La creación del germen de la ESA

Así, el Presidente de la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica, dependiente de la Presidencia del Gobierno, Manuel Lora-Tamayo, dio el visto bueno a nuestra participación en la reunión de Meyrin, en la sede del instituto de investigación nuclear CERN, que se había fundado tan solo 4 años antes. El Ministerio de Asuntos Exteriores nombró a Aniel-Quiroga presidente de la delegación y a la reunión le iban a acompañar cuatro personas más.

El primer paso era que España debía ser invitada formalmente. Las negociaciones se llevaron con premura por parte española y con exquisito cuidado por parte suiza debido a su proverbial neutralidad. Al final se consiguió que el Departamento Político-Federal suizo invitara por escrito, en calidad de observadores, a la delegación española. Una vez empezada la reunión el grupo español tenía un objetivo claro: ya habíamos puesto un pie dentro y ahora había que conseguir meter todo el cuerpo; nuestro país debía ser aceptado como miembro de pleno derecho. No iba a ser fácil pues algunos países pusieron reparos de tipo jurídico “sobre todo por lo que pudiera tener de precedente a utilizar por otros países cuya compañía no era deseada”, según detallaba en el Comunicado 145 del Delegado Permanente Español en Ginebra al Ministro de Asuntos Exteriores con fecha 29 noviembre 1960. Para ello Aniel-Quiroga realizó una intensa labor diplomática que culminó en la última sesión, donde se aceptó su petición por unanimidad.

La entrada en COPERS debe verse como un gran éxito de la diplomacia española: llegamos como observador y dos días después firmábamos el Acuerdo de Meyrin como miembro de pleno derecho.

 

Referencias:

Dorado, J.M.; Bautista, M. y Sanz-Aránguez, P. (2002), Spain in Space - A Short History of Spanish Activity in the Space Sector , ESA

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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