Arsénico por compasión o una pequeña historia de los venenos

Los Borgia, Médici y Sforza usaban arsénico mezclado con vísceras de cerdo secas para producir la muerte en 24 horas tras terribles sufrimientos. Catalina de Médici mezclaba arsénico con cantárida en agua o vino y la muerte llegaba en cuestión de pocas horas. Esto son algunos ejemplos del uso del veneno más famoso de la historia.

 

Una de las grandes obras maestras del cine de comedia es Arsénico por compasión, dirigida por el incomparable Frank Capra en 1941. La historia comienza con la boda civil de Mortimer Brewster, un conocido crítico teatral. Antes de salir de viaje de novios hace una parada en la casa donde creció, propiedad de sus dos encantadoras tías solteras. Por casualidad Mortimer encuentra un cadáver en el arcón bajo la ventana de la casa y es a partir de este momento cuando empieza un delirante e inteligente viaje por el humor más negro.

Para el papel de Mortimer Frank Capra quería a Bob Hope, pero el cómico estaba atado por contrato a la Paramount. Entonces Capra pensó en Ronald Reagan, pero al final se decantó por Cary Grant, que hace una de sus más antológicas interpretaciones. Curiosamente, el actor siempre consideró que su interpretación fue horrible y la tenía por la peor de todas las películas de su carrera. Nada más lejos de la realidad, pues la vitalidad de Grant, su continuo movimiento en escena, sus impagables expresiones, todo lo que le lleva de camino a una inevitable locura, son de lo mejor de una película que en ningún momento da respiro al espectador.

El convidado de piedra de la película es, como dice su título, el arsénico, que las dulces tías de Mortimer administraban por pena a hombres solitarios y sin techo. No fue mala elección la de las sensibles ancianitas, pues el arsénico tiene una larga tradición como medio para eliminar a otros seres humanos. Del siglo XV al XVII fue el ingrediente principal de las pócimas de los envenenadores de entonces: los Borgia, Médici y Sforza era unos leales seguidores de la cantarella o acquetta di Perugia, donde el arsénico se mezclaba con vísceras de cerdo secas, produciendo la muerte en 24 horas. Otra pócima, muy utilizada por Catalina de Médici, era el acqua toffana o acquetta di Napoli, una mezcla de arsénico con cantárida o mosca española. Tanto el origen como la composición exacta de este veneno son inciertos y se cree que si se vertían de 4 a 6 gotas de esta mezcla en agua o vino la muerte llegaba en cuestión de pocas horas.

Muchos historiadores señalan como su creadora a Giulia Toffana, una atractiva envenenadora que aprendió el oficio en las reboticas de diferentes farmacéuticos. Se hizo famosa por vender venenos a las mujeres, sobre todo a aquellas de baja extracción social con maridos problemáticos. Detenida por la policía papal, bajo tortura confesó haber acabado con la vida de más de 600 hombres en Roma entre 1633 y 1651. Fue ejecutada junto a su hermana y tres cómplices en el infame Campo de' Fiori en julio de 1659.

La época de los envenenadores

El Renacimiento italiano fue la época dorada de los envenenadores, y entre ellos lucieron con luz propia la familia Borgia, originaria de Borja (Zaragoza, de ahí su nombre) y establecida en Játiva y Gandia antes de que Alfons de Borja i Cavanilles diera el salto al papado de Roma. Toda la familia era una virtuosa del arte de envenenar y cualquiera al que invitaran a una fiesta corría el riesgo de empezar a sentirse verdaderamente enfermo a las pocas horas. Y no es que fueras envenenado porque representabas un problema o un obstáculo para la familia; a veces simplemente sus invitados eran simples cobayas con los que probaban nuevas mezclas. La forma de administrar el veneno era a través de la comida: al ser tan especiada resultaba difícil identificar sabores extraños que pudieran indicar la presencia de un venenos.

Catalina de Médici fue otra de las grandes envenenadoras de la época. Casada con Enrique de Orleans, se llevó a Francia su cohorte de ayudantes entre los que se encontraban sus astrólogos y parfummeurs, dos empleos que en ocasiones servían para ocultar su verdadera ocupación: hacedores de venenos.

Tan pronto como Catalina llegó a su residencia francesa, diversas personas empezaron a morir misteriosamente, posiblemente gracias al colorista uso que la Médici hacía de uno de sus venenos preferidos, el arsénico. Tal fue su fama que entre los franceses muy pronto la palabra Italien se convirtió en sinónimo de empoisonneur.

El envenenador preferido de Catalina era René “el florentino”, llamado así por la ciudad donde había aprendido su arte. Se llegó a decir que fue el responsable de la muerte de Juana III de Navarra por orden de Catalina, mediante el envío de un par de guantes perfumados impregnados con un líquido mortal. Este rumor, que hoy se sabe falso, inspiró a Alejandro Dumas (padre) para escribir la novela La reina Margot.

Envenenadores a sueldo

Más adelante, en los primeros años del siglo XVII, la fama recayó en Antonio Exili, cuyo nombre real probablemente era Nicolo Egidi o Eggidio. Hoy su fama se ha perdido y solo quedan pequeños retazos de su vida. Comenzó su carrera como alquimista pero llegó el día en que dejó de buscar el elixir de la eterna juventud y acabó creando pócimas de muerte. Requerido por unos y temido por otros, recorrió diferentes cortes europeas, desde el Vaticano al Báltico, vendiendo sus servicios. Se cree que fue el envenenador a sueldo de Olimpia Maidalchini, cuñada del papa Inocencio X y cuya influencia en los asuntos vaticanos fue tal que llegó a ser conocida como "la papisa". Cuando se le vio en Francia en 1663 el gobierno le hizo arrestar y le encerró en La Bastilla. Allí se cree que hizo amistad con Godin de Sainte-Croix, el amante de la marquesa de Brinvilliers y que había sido enviado a esa cárcel por el poderoso padre de la condesa tras descubrir el affaire. Allí Godin aprendió de Exili la fórmula del acqua toffana, que la marquesa utilizaría para envenenar, entre otros, a su padre y dos de sus hermanos.

Curiosamente fue el juicio contra la marquesa de Brinvilliers en 1675 el que desató el llamado Asunto de los venenos, un gran escándalo que alcanzó desde la alta sociedad a los círculos más cercanos del rey Luis XIV y que se saldó con 36 ejecuciones entre 1677 y 1682. La primera de estas ejecuciones, la de la marquesa de Brinvilliers fue especialmente cruel: se le aplicó el tormento del agua obligándole a beber más de 7 litros de agua, se le cortó la cabeza y se quemó su cuerpo atado a una estaca.

El alcance del escándalo queda bien patente con el número de alquimistas y adivinos juzgados por envenenadores: más de medio centenar, sólo en París. El temor era tal, que se extendió como una plaga por todo París el miedo a ser envenenado y casi cualquier muerte se veía como prueba de ello. La histeria se hizo dueña y señora de las calles de la capital francesa.

Referencias:

Herman, E. (2018) The Royal Art of Poison, St. Martin's Press

Hubbard, B. (2020) Poison: The History of Potions, Powders and Murderous Practitioners, Welbeck Publishing

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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