Archaeopteryx, la primera ave y caballo de batalla de la evolución

La primera ave se encontró a mediados del siglo XIX, una forma transicional entre dinosaurio y pájaro.

Uno de los mayores descubrimientos en la historia de la Paleontología de Vertebrados ocurrió en Alemania, cerca de Solnhofen, en 1860. Allí había una cantera con calizas litográficas, rocas calizas formadas en lagos, con una sedimentación muy fina que permite que esta roca se separe en lajas. En estas rocas, de edad jurásica, apareció una pluma fósil. El paleontólogo alemán Hermann Von Meyer la describió como una pluma muy moderna, de las que llamamos remiges (las plumas que forman las alas de las aves) y le puso el nombre de  Archaeopteryx (que significa ala antigua). Poco tiempo después, apareció en la misma cantera un fósil de un esqueleto con impresiones de plumas, que Von Meyer identificó con el dueño de la pluma.

Este impresionante ejemplar acabó en manos del Museo Británico, donde Richard Owen lo estudió detenidamente y lo consideró un ave que retenía caracteres embrionarios. Por aquel entonces se creía que las aves habían aparecido a la vez que los mamíferos tras la extinción de los dinosaurios, a principios del Terciario. Así que el hallazgo de una ave en el jurásico duplicaba la antigüedad de los pájaros: habían llegado a coexistir con los dinosaurios.

Justo un año antes del hallazgo de la pluma de Archaeopteryx, Charles Darwin había publicado El Origen de las Especies y con ello, había levantado mucho revuelo. Pero entonces había algunas lagunas en las ideas de Darwin, que se han ido rellenando de sobra desde entonces. Por ejemplo, no se conocían “formas transicionales” entre grupos de seres vivos. Y Archaeopteryx llegó volando desde las rocas jurásicas para salvar la situación: tenía tanto características de ave como de reptil, y por lo tanto era revolucionario como evidencia directa del proceso evolutivo.

En 1877 se encontró otro ejemplar en Solnhofen, que fue adquirido por el Museo de Historia Natural de Berlín. Este ejemplar es posiblemente el más espectacular, por estar en conexión anatómica (esto significa que los huesos estaban articulados de la misma manera que se encontraban en el animal vivo) y con las alas abiertas, mostrando perfectamente las plumas de las alas. Con el paso del tiempo se fueron encontrando y publicando hasta 10 ejemplares de Archaeopteryx. La pluma original que dio nombre al género fue prácticamente olvidada y llegó a considerarse que era dudosa su pertenencia a los ejemplares de Archaeopteryx. Sin embargo, en 2020 un estudio en detalle de esta pluma llegó a la conclusión de que encajaba perfectamente con la variedad de plumas conocidas en estas aves, con lo cual se cerró el ciclo: la pluma original que les dio nombre perteneció muy probablemente al propio Archaeopteryx.

Hasta las ideas evolucionistas, los fósiles se tuvieron como una mera curiosidad, muy interesantes y curiosos, pero que no tenían ningún peso. Entonces, el propio Charles Darwin se apoyo en fósiles -como por ejemplo, de la megafauna del pleistoceno- para armar su teoría de la Evolución por Selección Natural. Incluso llegó a mencionar el hallazgo de Archaeopteryx como evidencia de la evolución de las aves a partir de reptiles en reediciones posteriores de su Origen de las Especies.

Esta nueva dimensión que adquirían los fósilesno les hizo la más mínima gracia a los sectores religiosos más conservadores, que habían tratado de usar muchas veces a los fósiles como evidencias del Diluvio Universal. En la actualidad sigue habiendo creacionistas -algunos, incluso se hacen llamar creacionistas “científicos” aunque no usen el método- que incluso han tratado de ridiculizar la idea de “formas transicionales” comparándolas con aberraciones antinaturales que no han podido existir. Para estos “neocreacionistas” el registro fósil no apoya la evolución. Pero lo cierto es que el registro fósil no para de confirmarla una y otra vez. Es más, podemos considerar que el registro fósil es un atlas ilustrado de la evolución de la Vida en la Tierra. Y Archaeopteryx es uno de sus actores principales. Y no está solo: en las últimas décadas hemos podido asistir al hallazgo de muchos dinosaurios emplumados que demuestran que el linaje de dinosaurios a aves es contínuo y está muy bien documentado. E incluso que características que considerábamos puramente Avianas, ya habían aparecido en nuestros admirados dinosaurios, como vimos en otro artículo hace poco.

 

Referencias:

Ostrom, J. H. 1976. Archaeopteryx and the origin of birds. Biological Journal of the Linnean Society, 8 (2): 91-182.

Xu, X. et al. 2003. Four-winged dinosaurs from China. Nature, 421(6921): 335-340

Gascó, F. 2021. Eso no estaba en mi libro de historia de los dinosaurios. Guadalmazan.

 

 

Pakozoico

Francesc Gascó-Lluna (Pakozoico)

Doctor en Paleontología, especialista en dinosaurios y profesor en la Universidad Isabel I. Miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Paleontología e investigador colaborador del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED. Su especialidad es la paleobiología, la reconstrucción de la biología de estos seres vivos del pasado, en especial a través del estudio de sus huesos al microscopio.

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