Amnesia infantil

Algunos niños podrían recordar eventos de su infancia temprana

La amnesia infantil en la etapa adulta consiste en la incapacidad de mantener recuerdos episódicos de hechos y eventos que ocurrieron en la infancia o a una niñez más temprana, sobre todo antes de haber cumplido entre los 2 a los 4 años de edad. Sin embargo, algunos preadolescentes sí podrían ser capaces de recordar eventos acaecidos seis años antes.

Muchos psicólogos solían creer que los cerebros tanto de los bebés como de los niños pequeños no estaban lo suficientemente desarrollados como para poder incorporar recuerdos sobresalientes a largo plazo. Pero esa noción cambió durante las décadas de 1980 y 1990, cuando se constató científicamente que los bebés eran capaces de aprender y retener información en breves períodos de tiempo.

Sin embargo, con el paso de los años, va surgiendo lo que los expertos denominan amnesia infantil. Y representa la incapacidad de niños mayores, adolescentes y adultos de mantener recuerdos episódicos, desde la infancia y la niñez temprana, especialmente antes de cumplirlos 2-4 años de edad.

Tanto la corteza prefrontal como el hipocampo son cruciales para el desarrollo de recuerdos autobiográficos. Y estas dos estructuras cerebrales tienden a desarrollarse alrededor de los 3-4 años de edad. Es esta falta de maduración neurológica –la relacionada con el almacenamiento y el recuerdo de distintos eventos durante la infancia y la niñez temprana–, la que podría explicar este fenómeno.

Pero un estudio publicado hace algunos años en la revista especializada Child Development encontró que incluso seis años después de haber ocurrido el hecho en cuestión, un pequeño porcentaje de los niños sí podrían ser capaces de recordarlo.

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Aunque existen muchos casos anecdóticos de recuerdos muy tempranos, para los investigadores es tremendamente complicado saber si se trata efectivamente de un recuerdo genuino, o si, en parte, se debe a una reconstrucción del hecho a través de las historias que sus padres han contado, y las imágenes del evento en cuestión.

La caja mágica que se encoge

Los investigadores del estudio idearon un artilugio 'mágico' con la finalidad de llamar la atención de los niños, quienes debían colocar un juguete en la parte superior, accionar una palanca y una versión en miniatura del juguete aparecía en la parte inferior, acompañados de luces y sonidos. Los estudiosos entrenaron a los niños, con edades comprendidas entre los 27-51 meses de edad, durante dos días seguidos, durante los cuales les mostraban cómo utilizar la máquina. 

Al tercer día se les preguntó a los niños sobre la caja; es decir, cómo usarla, y si la recordaban. Pasados seis años, esta entrevista volvió a repetirse de nuevo, cuando los niños tenían entre 10 a 12 años. Pero antes de mencionar las palabras 'Caja mágica que se encoge', los investigadores primero les mostraron a los niños una medalla que recibieron después de participar en el estudio, y les preguntaron si recordaban por qué la obtuvieron. Solo alrededor de una quinta parte de los niños fueron capaces de recordar haber jugado con el artilugio.

Luego, los estudiosos observaron si alguna característica relacionada con la personalidad destacaba principalmente entre los niños que sí eran capaces de recordar. Y observaron elementos como las habilidades generales de memoria y habilidades del lenguaje

Pero también identificaron algo interesante: una vez que los investigadores se habían marchado, los niños que recordaban pasaron bastantes días y semanas hablando con sus padres acerca del artilugio en cuestión. Y descubrieron que, en promedio, los niños que recordaban dichos eventos seis años después tendían luego a hablar más sobre ello, lo que se traduciría en que participar de manera activa en una conversación podría haberles ayudado al desarrollo de la memoria en general, y particularmente, sobre este evento en concreto.

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