¡Ah del barco! Los marineros, verdaderos olvidados de la ciencia

La navegación, la geografía y la oceanografía son obra de varias generaciones de marinos analfabetos que pasaban sus conocimientos de unos a otros, a los que la historia de la ciencia los ha relegado al olvido

 

Newton, Einstein, Darwin, Galileo, Planck, Lavoisier… Son algunos de los nombres que salpican las páginas de la historia de la ciencia. Es un relato heroico, de grandes hombres con grandes ideas capaces de cambiar nuestra forma de ver y entender el mundo. Pero el progreso científico no ha sido labor de unos cuantos genios creadores sino una empresa colectiva, el producto de muchos personajes anónimos que la historia ha relegado al olvido.

“Que Newton viera más lejos no debería atribuirse, como él dijo, a estar ‘a hombros de gigantes’, sino por estar sobre las espaldas de miles de desconocidos artesanos analfabetos”, dice el historiador de la ciencia Clifford D. Conner.

La historia de la ciencia no se diferencia mucho en su enfoque de la historia en general. De hecho los historiadores han estado presentando su visión del pasado sin abandonar el punto de vista de las clases sociales dominantes, y el caso de la ciencia no ha sido diferente. Un vistazo a los libros que narran la epopeya científica de la humanidad nos revela la vida y milagros de los “caballeros” de la ciencia, a los que se les da todo el crédito de los descubrimientos científicos.

Ahora bien, en gran medida los que realmente hicieron nuevos descubrimientos científicos fueron los artesanos, aquellos que trabajaban con las manos y con el cerebro, motivados no por la curiosidad sino por una necesidad material: poder vivir.

La leyenda de Enrique el Navegante

Y es que la historia no sólo la escriben los vencedores; lo hacen los que mandan. Ahí tenemos la embellecida leyenda de Enrique el Navegante, a quien se le reconoce como el impulsor de la navegación oceánica. Ya el nombre encierra su ironía, pues el infante portugués no solo no navegó en su vida sino que nunca puso un pie en un barco. Sus hagiógrafos le han convertido en un estudioso de la navegación y la geografía, además de astronomía. En realidad nunca creó conocimiento científico; lo compró. Una de sus hazañas más celebradas es la expedición comandada por Gil Eanes, que consiguió pasar el temible cabo Bojador, en la costa norte del Sahara Occidental. Se dice que Enrique animó a realizar semejante exploración, pero la verdad es otra. Su posición como hermano del rey le permitió ejercer el monopolio: un acta de 1443 prohibía a cualquier marino superar este cabo sin su permiso. Que apareciera esta acta indica el deseo de los marinos de explorar por su cuenta sin informar a Enrique. El infante no necesitaba animar demasiado a los expedicionarios.

Cómo viajar por mares desconocidos

¿Cómo se las apañaban los navegantes europeos por los desconocidos océanos Índico y Pacífico? Es evidente que su pericia tuvo bastante que ver aunque no deberíamos descartar la extendida práctica de abordar barcos de la zona, secuestrar a un piloto y obligarle a trabajar para él. Eso fue lo que hizo Vasco de Gama al llegar por primera vez al Índico en 1497.

Las cartas náuticas también encierran historias de sabios olvidados y una peculiar redistribución de la fama realizada por los historiadores de la ciencia. Un ejemplo es la primera carta que recogió la corriente del Golfo que barre la costa este de Norteamérica, tradicionalmente atribuida a Benjamin Franklin. Como responsable del servicio postal en las colonias estaba asombrado por algo muy curioso: los barcos que viajaban de Falmouth a Nueva York tardaban dos semanas más que los que iban de Londres a Rhode Island. Pero la suerte estaba de su lado: uno de sus primos, Timothy Folger, era capitán de un ballenero de Nantucket. Explicó lo que sucedía a un anonadado Franklin y cómo los marinos llevaban aprovechándose de esta corriente desde principios del siglo XVI. Gracias a la información de Folger –que proporcionó sus dimensiones, curso y velocidad- y otros balleneros Franklin pudo publicar su carta en 1770.

Los marineros y la Tierra plana

Una de las más maledicientes leyendas contra los marineros es que, como creían que la Tierra era plana, no querían navegar muy lejos de la costa por temor a caer por el borde. De hecho, quienes realmente sabían que era redonda eran precisamente ellos. Hace 4 000 años los marineros del Mar Rojo eran conscientes de ello pues en sus viajes, que involucraban un cambio de 20º en la latitud, veían nuevas estrellas en el cielo nocturno. Aún más sabían, como escribió Estrabón, que “es obvio que la curvatura del mar impide a los marineros de ver luces distantes a una altura igual a la que se encuentran sus ojos, pero si se colocan a una altura mayor se vuelven visibles”. La fábula de que los marineros se amotinaron contra Colón porque creían que iban a caer por el borde de la Tierra fue creada por el escritor norteamericano Washington Irving. Lo que temían era que la Tierra fuera mucho más grande de lo que Colón creía. Y tenían razón.

Existen pruebas suficientes para afirmar que la navegación, la geografía y la oceanografía son obra de varias generaciones de marinos analfabetos que pasaban sus conocimientos de unos a otros, aunque jamás dejaron sus conocimientos por escrito. Hacia el 2000 a. C. los marineros minoicos cruzaban el mediterráneo; en el 600 a. C. los nativos de Bretaña navegaban de manera regular a Irlanda en frágiles esquifes, y hace 5 000 años los polinesios eran capaces de viajar por el Pacífico en sus barcas guiándose por las estrellas y gracias a un impresionante conocimiento de las corrientes y patrones característicos que las islas producen en el oleaje: la astronomía y la oceanografía de estos hombres, a los que gratuitamente catalogamos de “primitivos”, no ha tenido parangón en la historia.

Referencia

Conner, C. D. (2005) A People's History of Science, Bold Type Books

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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