Adicción: del chute de azúcar a esnifar espárragos

Aunque todos asociamos la adicción a las drogas, tanto legales como el tabaco y el alcohol como las ilegales, no somos muy conscientes de que hay otras sustancias que también la provocan, como el azúcar.

 

Cuando nos sentimos frustrados o deprimidos muchos recurrimos a la comida, especialmente a aquella rebosante de carbohidratos o de azúcar. No comemos porque nos lo pida nuestro estómago, sino porque lo hace nuestro cerebro

Una subida de la concentración de azúcar en el torrente sanguíneo estimula la producción de insulina y ésta, a su vez, hace que las neuronas del cerebro sean receptivas al triptófano, a partir del cual se crea la serotonina, conocida como la hormona del placer.

Nuestro organismo precisa de unos niveles de glucosa equilibrados y un exceso en su ingesta puede provocar una leve euforia, seguida de una pequeña disforia. Pero si la cantidad consumida ha sido muy elevada, la disforia será mayor, provocando un fenómeno que ha venido a denominarse “sugar blues” o “bajón de azúcar”. En definitiva, actúa igual que una droga.

La mayoría de la gente vive bajo sus efectos de manera continuada. Reconocer su adicción es muy complejo ya que es un producto de consumo habitual y casi nunca se baja su ingesta y por tanto el nivel de glucosa. Hay quienes están tan “enganchados” al azúcar y lo consumen en cantidades tan elevadas y prolongadas que no se dan cuenta de la falta que les hace hasta que se encuentran sin él.

¿Eres adicto al azúcar?

La adicción al azúcar es tal que supera 8 veces la que genera la cocaína. Así lo demostraron en la Universidad de Princeton al estudiar a 43 ratas a las que se expuso al consumo de ambas sustancias. Tras un periodo en que se las sometió a una dieta de agua azucarada y cocaína, 40 de ellas eligió el azúcar antes que la coca. Además, al retirarles el acceso al agua azucarada constataron que todas ellas experimentaban un aumento de la ansiedad, característico del período de abstinencia, así como un mayor gusto por las bebidas alcohólicas a las que los investigadores les daban acceso.

Y los peligros que acarrea su adicción no son solo nutricionales. Ya se han descrito casos que relacionan la hiperactividad en niños o las dificultades en el aprendizaje con un consumo excesivo de azúcar. Incluso su dependencia, como la de la cafeína y el alcohol, está presente en las dietas de pacientes con esquizofrenia.

El director de cine Darren Aronofsky conocía las implicaciones del consumo de azúcar y su supresión, por lo que antes de rodar la película “Réquiem por un sueño” pidió a dos de sus protagonistas, Jared Leto y Jennifer Conelly, que se abstuvieran de consumirlo durante todo un mes. Así, llegarían al rodaje conociendo perfectamente lo que se siente al sufrir un síndrome de abstinencia.

La dieta sin azúcar de Leto y Conelly, en el filme Harry y Marion, y esa sensación de abstinencia no es lo único que les hizo aproximarse al verdadero mundo de la droga. Hay una curiosa escena, en un supermercado, donde los extras son auténticos drogadictos, captados cerca del lugar de rodaje, a los que se dice que se pagó con droga por su trabajo. Hay quien puede pensar que es un despropósito hacer una película donde se muestra cómo las drogas destruyen los sueños y contar con auténticos yonkis para rodarla. ¿Pero no lo es más servir espárragos en polvo que se esnifan en un catering de alto standing?

Esnifar espárragos, chocolate y alcohol

En 2011 un grupo de chefs británicos deconstruyeron hasta convertir en polvo unos espárragos blancos. Y la manera en que quisieron dar a probar su elaboración a sus comensales consistió en presentarla alineada en rayas, sobre unos espejos y en lugar de cubiertos les ofrecieron una tarjeta  y unos tubitos hechos con un billete falso de 100 dólares. Al plato lo llamaron espárragos blancos colombianos y su degustación costaba, nada más y nada menos, que 50 libras el gramo, cerca de 60 euros de entonces. 

Unos años antes, en 2007, al chocolatero belga Dominique Personne se le ocurrió que sería divertido cambiar la manera en que consumimos el chocolate. Mientras preparaba el catering para una fiesta de los Rolling Stones recordó la vieja máquina de esnifar rapé de su abuelo y creó una nueva de metacrilato, que disparaba una mezcla de cacao y otras sustancias como menta y jengibre. La susodicha maquinita fue todo un éxito en su tienda de Amberes. Eso sí, en la caja donde se vendía aparecía la advertencia de que no era saludable esnifar en exceso y, por supuesto, que no debía ser utilizada por niños.

Poco faltó para que esta moda saltara al mundo de la noche. En el verano de 2011 aparecieron en Mallorca los llamados "oxy shots" o “chupitos inhalados”, una forma muy peligrosa de conseguir borracheras rápidas con bebidas de alta graduación a costa de provocar lesiones en el aparato respiratorio y en el sistema nervioso central.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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